Hematología

Leucemias agudas y crónicas: cómo se organiza el equipo

Micrografía de médula ósea con muchas células grandes de núcleo morado entre glóbulos rojos claros
Índice
  1. Aguda o crónica: dos ritmos de cuidado
  2. Las primeras horas ante la sospecha de leucemia aguda
  3. Leucemia promielocítica: la urgencia que salva
  4. El laboratorio molecular y el tiempo hasta el resultado
  5. Infectología durante la inducción
  6. Trasplante y pacientes mayores
  7. Leucemias crónicas: adherencia, seguimiento y espera vigilada
  8. Seguimiento prolongado y supervivencia
  9. Cómo ayuda NEXO a entrenar este razonamiento
  10. Preguntas frecuentes
  11. Lista de verificación final
  12. Referencias

Un conductor de aplicación de 41 años llega al servicio de urgencias con manchas moradas en las piernas, sangrado en las encías y cansancio que comenzó hace una semana. El hemograma muestra plaquetas muy bajas, glóbulos blancos alterados y células inmaduras en la sangre. Las pruebas de coagulación también salen alteradas. El médico de guardia piensa en leucemia aguda y llama a hematología todavía de madrugada. La hematóloga pide que el laboratorio revise la lámina con urgencia y ya prescribe un medicamento antes de cualquier resultado genético. La escena es ficticia y fue escrita para enseñanza.

Este texto usa el cuadro como escenario de razonamiento clínico para estudiantes y profesionales de salud. El tema es cómo el equipo se organiza en el cuidado de las leucemias, desde las agudas, que exigen decisiones en horas, hasta las crónicas, que exigen seguimiento durante años. El foco está en el trabajo conjunto entre hematología, laboratorio de morfología y biología molecular, infectología, hemoterapia, centro de trasplante, enfermería, farmacia y atención primaria. El texto no sustituye la guía de su país ni el protocolo de su servicio. Si usted juega el caso del día en NEXO, reconocerá el desafío: algunas pistas piden acción antes de que el cuadro esté completo.

Puntos principales

  • Las leucemias agudas y crónicas tienen ritmos muy diferentes, y la organización del equipo debe acompañar ese ritmo.
  • Ante la sospecha de leucemia promielocítica aguda, el tratamiento comienza antes de la confirmación genética, porque el riesgo de sangrado fatal es precoz.
  • El laboratorio molecular define el riesgo y el tratamiento, y el tiempo hasta el resultado es parte del cuidado.
  • La prevención de infección y el soporte transfusional sostienen la fase de inducción.
  • En las leucemias crónicas, la adherencia, el monitoreo molecular y la vida con la enfermedad pasan al centro de la escena.
  • El seguimiento de largo plazo se reparte entre el centro especializado y la atención primaria.

Aguda o crónica: dos ritmos de cuidado

Leucemia es el nombre que se da a los cánceres de las células que se forman en la médula ósea. La división más útil para organizar el cuidado es entre agudas y crónicas. En las leucemias agudas, como la leucemia mieloide aguda y la leucemia linfoblástica aguda, células inmaduras se multiplican rápido y ocupan la médula, lo que hace caer glóbulos rojos, plaquetas y defensas en pocos días o semanas. En las crónicas, como la leucemia mieloide crónica y la leucemia linfocítica crónica, la enfermedad suele evolucionar en meses o años, muchas veces descubierta en un hemograma de rutina.

Esa diferencia cambia todo en la organización del equipo. En la aguda, el trabajo recuerda una emergencia: internación, exámenes en horas, decisiones rápidas sobre tratamiento, transfusiones y antibióticos. En la crónica, el trabajo recuerda el de una enfermedad de larga duración, como diabetes o insuficiencia cardíaca: consultas periódicas, exámenes de control, adherencia al medicamento, efectos adversos acumulados y vida social y profesional preservadas siempre que sea posible.

Un mismo servicio de hematología debe funcionar en los dos ritmos. Para eso, las áreas de apoyo también se organizan de modo diferente. El laboratorio necesita vías rápidas para casos agudos. La hemoterapia necesita stock y protocolos para pacientes que reciben muchas transfusiones. La farmacia acompaña interacciones de medicamentos que se tomarán durante años. La atención primaria debe saber qué observar entre las consultas. El texto sobre razonamiento clínico interprofesional discute por qué cada profesión ve partes diferentes del mismo paciente.

AspectoLeucemias agudasLeucemias crónicas
Ritmo de la enfermedadDías a semanasMeses a años
Lugar principal del cuidadoInternación y hospital de díaConsultorio externo
Decisión inicialEn horas o pocos díasEn semanas, con tiempo para planificar
LaboratorioMorfología urgente, citometría y genética con plazo cortoMonitoreo molecular periódico
SoporteTransfusiones, prevención de infecciones, catéter centralControl de efectos adversos y comorbilidades
Desafío centralSobrevivir a la fase inicial y llegar a la remisiónMantener la respuesta con calidad de vida

Las primeras horas ante la sospecha de leucemia aguda

La sospecha suele nacer en un hemograma con citopenias y células inmaduras, llamadas blastos. El primer paso es confirmar lo que se ve en la sangre y en la médula. La morfología, hecha por quien mira la lámina en el microscopio, da la primera pista. La citometría de flujo define el linaje, mieloide o linfoide. La citogenética y la biología molecular identifican alteraciones que definen subtipos, riesgo y, cada vez más, el tratamiento.

Mientras avanza el diagnóstico, el equipo cuida las complicaciones que pueden matar antes que la leucemia. Infección con neutropenia, sangrado, trastornos de coagulación, síndrome de lisis tumoral y exceso de glóbulos blancos que obstruyen pequeños vasos son emergencias por sí mismas. En un estudio de un centro con recursos limitados sobre mortalidad temprana relacionada con el tratamiento de la leucemia aguda, 9 de cada 100 pacientes murieron en los primeros 30 días del tratamiento, y la sepsis fue la causa principal, seguida del síndrome de diferenciación y de la hemorragia cerebral.

Esos números dependen mucho del lugar y del perfil de los pacientes, pero la lección es general. La fase inicial de la leucemia aguda exige un equipo entrenado para reconocer temprano la infección, el sangrado y las alteraciones metabólicas. La enfermería tiene un papel decisivo: es ella la que ve la fiebre a las tres de la mañana, el sangrado discreto en el acceso venoso y el cambio de comportamiento que puede indicar hemorragia.

Lo que suele hacerse en las primeras horas

  • Hemograma con revisión de la lámina por un profesional experimentado.
  • Coagulación completa, incluido fibrinógeno, para detectar coagulación intravascular diseminada.
  • Bioquímica con función renal, ácido úrico, potasio, fósforo y deshidrogenasa láctica.
  • Cultivos y antibiótico rápido si hay fiebre con neutrófilos bajos.
  • Tipificación sanguínea y reserva de hemocomponentes.
  • Contacto temprano con el servicio de hematología de referencia cuando el hospital no tiene uno.

Leucemia promielocítica: la urgencia que salva

La leucemia promielocítica aguda es un subtipo de la leucemia mieloide aguda con una característica que define el trabajo del equipo: el riesgo de sangrado grave y de coagulación intravascular diseminada desde el inicio. Al mismo tiempo, es uno de los subtipos con mejor resultado a largo plazo, gracias a la combinación de ácido transretinoico, un derivado de la vitamina A, con trióxido de arsénico.

El resultado a largo plazo es impresionante. Un análisis italiano de pacientes tratados con ácido transretinoico y trióxido de arsénico mostró que quienes sobreviven a la fase aguda tienen una expectativa de vida igual a la de la población general. Los autores destacan que el mayor obstáculo hoy son las muertes tempranas, antes de que el tratamiento haga efecto.

Por eso, la regla práctica es comenzar el ácido transretinoico en cuanto la sospecha sea fuerte, por la morfología y la coagulación, sin esperar la confirmación genética. En un estudio nacional estadounidense con 5.155 internaciones por leucemia promielocítica aguda, solo cerca de 25 de cada 100 pacientes recibieron tratamiento en las primeras 24 horas. En el mismo estudio, el tratamiento temprano se asoció con menos coagulación intravascular diseminada, menos sepsis y menor mortalidad hospitalaria, con 4,6 frente a 6,7 de cada 100 pacientes.

En el estudio de mortalidad temprana citado arriba, la leucemia promielocítica tuvo la mayor mortalidad en los primeros 30 días, con cerca de 29 de cada 100 pacientes. La diferencia entre esos escenarios muestra lo que la organización puede hacer: laboratorio que alerta al médico en el momento, farmacia con el medicamento disponible en el hospital, hemoterapia lista para reponer plaquetas y fibrinógeno, y equipo que conoce el síndrome de diferenciación, una complicación del propio tratamiento.

Micrografía de médula ósea con varias células grandes de núcleo doblado y citoplasma morado entre glóbulos rojos
Médula ósea en la variante microgranular de la leucemia promielocítica aguda, con núcleos doblados característicos. Reconocer ese patrón en la lámina permite iniciar el tratamiento antes del resultado genético. Crédito: Instituto de Patología de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, Dominio público (obra del gobierno de Estados Unidos), vía Wikimedia Commons (página del archivo).

El laboratorio molecular y el tiempo hasta el resultado

En la leucemia mieloide aguda, la clasificación de riesgo y la elección del tratamiento dependen de alteraciones genéticas, como mutaciones en FLT3, NPM1, IDH1, IDH2 y TP53, además de reordenamientos cromosómicos. Algunas de estas alteraciones tienen medicamentos dirigidos, que se administran junto con la quimioterapia o después de ella. Por eso, el tiempo entre la toma de la médula y el informe molecular dejó de ser un detalle administrativo y pasó a ser parte del tratamiento.

Un mapeo nacional de los laboratorios que realizan pruebas para leucemia mieloide aguda en Canadá mostró que reducir el tiempo hasta el resultado era prioridad para 56 de cada 100 laboratorios. En el mismo relevamiento, las pruebas rápidas, con resultado en hasta cinco días, estaban disponibles para FLT3 en 69 de cada 100 laboratorios, mientras que otros marcadores, como IDH1 y TP53, solo eran rápidos en pocos servicios.

Para el equipo clínico, esto significa conocer el flujo del propio laboratorio: qué estudios salen en días, cuáles tardan semanas, a dónde se envían las muestras y cómo recibir el resultado. Para el laboratorio, significa integrar morfología, citometría, citogenética y biología molecular en un informe único, que hematología pueda usar en la reunión de decisión. La conversación entre ambas partes evita muestras perdidas, estudios repetidos y retrasos evitables.

Preguntas que el equipo hace al laboratorio

  • ¿Qué marcadores salen en hasta cinco días y cuáles tardan más?
  • ¿Qué tipo de tubo y volumen de muestra se necesitan para cada prueba?
  • ¿Los resultados llegan en un informe integrado o en informes separados?
  • ¿Quién avisa al equipo cuando un resultado cambia el tratamiento?
  • ¿Hay seguimiento de enfermedad residual medible y con qué frecuencia?

Infectología durante la inducción

La quimioterapia de inducción de la leucemia aguda deja al paciente sin neutrófilos durante semanas. En ese período, bacterias y hongos que normalmente no causarían enfermedad pueden ser fatales. La prevención y el tratamiento rápido de estas infecciones son una de las razones por las que la supervivencia mejoró en las últimas décadas, y la infectología es parte fija del equipo.

Una revisión sobre manejo antifúngico en neoplasias hematológicas propone estratificar el riesgo del paciente y recomienda profilaxis con antifúngico activo contra hongos filamentosos, principalmente el posaconazol, en situaciones de alto riesgo, como la inducción de la leucemia mieloide aguda. La misma revisión advierte que medicamentos nuevos, como el venetoclax y los inhibidores de FLT3, interactúan con antifúngicos azólicos y exigen ajuste de dosis, y defiende la tomografía de tórax y los biomarcadores fúngicos precoces cuando hay sospecha de infección.

Este es un punto en el que la farmacia clínica marca la diferencia. Cada vez más pacientes reciben combinaciones de quimioterapia, terapia dirigida, antifúngicos, antivirales y antibióticos al mismo tiempo. Una interacción no detectada puede causar toxicidad grave o dejar el tratamiento sin efecto. La revisión diaria de la prescripción, con infectología y hematología, reduce ese riesgo.

Para el motor de la escena, la infectología entra antes incluso de la primera dosis de quimioterapia. El equipo revisa vacunas, busca infecciones latentes, como hepatitis y tuberculosis cuando está indicado, evalúa la boca y la piel en busca de focos y orienta a la familia sobre higiene, alimentación y signos de fiebre. El catéter central, necesario para semanas de tratamiento, recibe cuidados diarios de enfermería, porque es una de las puertas de entrada más comunes para las bacterias.

Hemoterapia y soporte transfusional

Los pacientes con leucemia aguda reciben muchas transfusiones de hematíes y plaquetas durante el tratamiento. La hemoterapia debe garantizar disponibilidad, compatibilidad y seguridad, y el equipo clínico debe decidir cuándo transfundir. Los umbrales más aceptados son restrictivos, pero la evidencia específica para la leucemia aguda todavía es limitada.

En una encuesta nacional canadiense sobre umbrales de transfusión de hematíes en la leucemia aguda, 79 de cada 100 médicos usaban hemoglobina de 7 g/dL como umbral para pacientes estables en inducción. Los mismos autores recuerdan que las recomendaciones restrictivas se basan en evidencia indirecta y de baja certeza, y la mayoría de los médicos aceptaría incluir pacientes en un estudio que comparara estrategias diferentes.

En la práctica, el umbral se ajusta al paciente: el sangrado activo, la fiebre, la infección, un procedimiento programado y los síntomas cambian la decisión. Enfermería acompaña las reacciones transfusionales, y hemoterapia orienta sobre hemocomponentes irradiados o filtrados cuando están indicados, por ejemplo antes y después de un trasplante. El trabajo conjunto evita tanto la transfusión innecesaria como la falta de soporte en un momento crítico.

Trasplante y pacientes mayores

Para muchas personas con leucemia aguda de riesgo intermedio o alto, el trasplante alogénico de células madre hematopoyéticas es la oportunidad más concreta de control prolongado. La decisión involucra el riesgo de la enfermedad, la condición clínica, la enfermedad residual medible y la disponibilidad de donante. Por eso, la búsqueda de donante, entre hermanos, registros o donantes parcialmente compatibles, suele comenzar en el diagnóstico, y no después de la remisión.

La edad complica la decisión. La leucemia mieloide aguda es más común en personas mayores, que muchas veces tienen comorbilidades y menor reserva para tolerar quimioterapia intensiva. En un estudio de vida real con pacientes mayores con leucemia mieloide aguda, con una edad mediana de 71 años, no hubo diferencia significativa de supervivencia entre tratamiento intensivo y no intensivo, y el estado funcional del paciente fue el factor asociado a la supervivencia. Los autores advierten que el resultado no prueba que los tratamientos sean equivalentes, pero refuerza el valor de la evaluación funcional.

Aquí la geriatría y la evaluación funcional ganan espacio. Medir movilidad, cognición, nutrición, apoyo familiar y preferencias ayuda a elegir entre tratamiento intensivo, terapia de menor intensidad o cuidado centrado en el confort. Esta conversación debe incluir los cuidados paliativos desde el inicio, no como abandono, sino como apoyo para los síntomas y las decisiones. La entrada sobre sesgo afectivo recuerda cómo la emoción puede empujar al equipo hacia decisiones que el paciente no elegiría.

Leucemias crónicas: adherencia, seguimiento y espera vigilada

La leucemia mieloide crónica cambió de nivel con los inhibidores de tirosina quinasa, comprimidos que bloquean la proteína BCR::ABL1, responsable de la enfermedad. En un estudio retrospectivo con 650 adultos con leucemia mieloide crónica tratados con estos inhibidores, 76 de cada 100 alcanzaron respuesta molecular mayor, y la supervivencia global a tres años fue de cerca de 96 de cada 100 pacientes. Los mismos autores refuerzan que el seguimiento molecular periódico sigue siendo esencial.

Con un tratamiento que puede durar toda la vida, los efectos adversos de baja intensidad pasan a pesar en la adherencia y en la calidad de vida. Una revisión canadiense sobre el asciminib en la leucemia mieloide crónica describe el cambio de prioridades hacia la tolerabilidad a largo plazo y hacia la posibilidad de interrumpir el tratamiento en pacientes con respuesta profunda y sostenida, siempre con seguimiento riguroso. La misma revisión recuerda que, ante una respuesta insuficiente, el primer paso es evaluar la adherencia y buscar mutaciones antes de cambiar el medicamento.

Frotis de sangre con glóbulos rojos rosados, un neutrófilo de núcleo segmentado y una célula granulocítica inmadura de núcleo redondeado
Sangre periférica en la leucemia mieloide crónica, con un neutrófilo y un mielocito. El diagnóstico se confirma con la búsqueda de BCR::ABL1, que también guía el seguimiento a lo largo de los años. Crédito: Ramon Simon-Lopez, dominio público, vía Wikimedia Commons (página del archivo).

La leucemia linfocítica crónica tiene otra lógica. Muchos pacientes no necesitan tratamiento en el diagnóstico y entran en espera vigilada, con consultas y exámenes periódicos, hasta que aparezcan criterios para tratar. Esta estrategia evita la toxicidad sin pérdida de supervivencia en quien tiene enfermedad estable, pero no es pasiva para quien la vive. Una revisión sistemática cualitativa sobre vivir con cáncer en espera vigilada describe miedo, ansiedad, incertidumbre, aislamiento y dificultad de los familiares para entender el sufrimiento en ausencia de tratamiento activo, y recomienda comunicación clara y apoyo psicológico o entre pares.

El tema dialoga con el texto sobre sobrediagnóstico, que discute cuándo observar es mejor que tratar. En la leucemia linfocítica crónica, observar es tratamiento de verdad, y debe explicarse como tal.

Rutina de la leucemia crónica en el ambulatorio

  • Examen molecular periódico con el mismo laboratorio, para comparar resultados a lo largo del tiempo.
  • Revisión de adherencia y de efectos adversos en cada consulta, con ayuda de farmacia.
  • Verificación de interacciones con medicamentos nuevos prescritos por otros médicos.
  • Vacunas actualizadas y orientación sobre signos de infección.
  • Explicación clara de los criterios que indicarían comenzar o cambiar el tratamiento.

Seguimiento prolongado y supervivencia

Con más personas viviendo años después de una leucemia, aguda o crónica, el seguimiento pasó a involucrar necesidades que van más allá del hemograma. Un estudio cualitativo australiano con supervivientes de leucemia describió la supervivencia como continua e incierta, con efectos que persisten, y destacó que es un trabajo en equipo, con un peso grande del trabajo y de la seguridad financiera en la identidad de los pacientes. Los autores propusieron un modelo propio de cuidado para supervivientes de leucemia.

El formato de las consultas también puede cambiar. En un estudio danés de seguimiento guiado por cuestionarios respondidos por los pacientes con linfoma y leucemia linfocítica crónica, en 64 de cada 100 cuestionarios los pacientes indicaron no necesitar consulta presencial, y 49 de cada 100 consultas programadas se cancelaron sin recaídas que exigieran tratamiento poco después. Los resultados vienen de un estudio pequeño, pero muestran que el seguimiento puede ser más ligero sin perder seguridad cuando hay un sistema bien diseñado.

La atención primaria es parte de ese sistema. Acompaña presión, colesterol, glucemia, salud mental, vacunas y cribados de cáncer, y necesita un resumen escrito del tratamiento recibido y de los signos que piden contacto rápido con hematología.

Qué debe contener el plan de seguimiento

  • Diagnóstico, subtipo, alteraciones genéticas y tratamientos recibidos.
  • Calendario de pruebas y de consultas, con quién hace cada una.
  • Signos de alerta para recaída o progresión.
  • Efectos tardíos esperados, como en el corazón, en la fertilidad y en la salud mental.
  • Contacto directo del centro de hematología para la atención primaria.

Cómo ayuda NEXO a entrenar este razonamiento

NEXO usa casos ficticios con presentación clínica real, con hasta seis pistas, para entrenar la decisión por etapas. En la leucemia, la habilidad es saber cuándo una pista basta para actuar, como la coagulación alterada en la sospecha de leucemia promielocítica, y cuándo conviene esperar más información, como en la elección del tratamiento de una leucemia crónica. El texto sobre cómo entrenar el diagnóstico diferencial con pistas muestra cómo ordenar hipótesis, y el post sobre extravasación de quimioterapia vesicante trae otro ejemplo de urgencia en la que el equipo necesita actuar rápido.

La ruta Researcher profundiza los mecanismos detrás de las pistas, el perfil Closer ayuda a medir la propia precisión, Curator organiza la curaduría de casos y Creators reúne a quienes producen contenido médico. Los límites de uso están en /economia.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre leucemia aguda y crónica?

En la aguda, células inmaduras se multiplican rápido y la enfermedad evoluciona en días o semanas, exigiendo tratamiento inmediato. En la crónica, la evolución es más lenta, en meses o años, y el tratamiento puede planificarse o incluso aplazarse.

¿Por qué el tratamiento de la leucemia promielocítica comienza antes de la confirmación?

Porque el riesgo de sangrado grave es mayor en los primeros días, y el ácido transretinoico reduce ese riesgo. Esperar el resultado genético puede costar la vida del paciente.

¿Por qué las pruebas genéticas son tan importantes en la leucemia mieloide aguda?

Porque definen el riesgo de la enfermedad, la indicación de trasplante y, en varios casos, la elección de medicamentos dirigidos a mutaciones específicas.

¿Todo paciente con leucemia aguda va a trasplante?

No. La indicación depende del subtipo, del riesgo genético, de la respuesta al tratamiento, de la condición clínica y de la disponibilidad de donante. En muchos casos, la búsqueda de donante comienza en el diagnóstico para no perder tiempo.

¿Es seguro esperar sin tratar la leucemia linfocítica crónica?

En pacientes sin criterios de tratamiento, la espera vigilada es la conducta recomendada y evita toxicidad sin pérdida de supervivencia. Exige consultas regulares y una explicación clara de los signos que cambiarían la conducta.

¿Quién acompaña al paciente después del tratamiento?

En general, el centro de hematología y la atención primaria dividen el seguimiento, con un plan escrito que define pruebas, signos de alerta y contactos.

Lista de verificación final

  • Lámina revisada con urgencia y coagulación completa ante la sospecha de leucemia aguda.
  • Ácido transretinoico iniciado sin esperar la genética cuando hay sospecha de leucemia promielocítica.
  • Flujo de muestras y plazos del laboratorio molecular conocidos por el equipo.
  • Profilaxis de infección definida según el riesgo, con revisión de interacciones por farmacia.
  • Umbral de transfusión registrado y ajustado al cuadro clínico.
  • Búsqueda de donante iniciada temprano cuando el trasplante sea una posibilidad.
  • Evaluación funcional y conversación sobre objetivos en pacientes mayores.
  • Plan de monitoreo, adherencia y seguimiento escrito para las leucemias crónicas.

Juega el caso del día en NEXO y entrena para reconocer la pista que pide acción inmediata.

Referencias

  1. AlJafar N, Mohammed A, Ali T, et al. Early Treatment-Related Mortality in Acute Leukemia: A Real-World, Single-Center Study From a Resource-Limited Setting. Cureus. 2026. PMID 42483110.
  2. Boutry C, Covington M, Kochar A, et al. Living with Cancer under watch and wait: a qualitative systematic review and thematic synthesis. Front Psychol. 2026. PMID 42898263.
  3. Khan F, Ahmad A, Ayyazuddin M, et al. Association of Early Chemotherapy With Reduced In-Hospital Mortality and Complications in Acute Promyelocytic Leukemia: Insights From a Nationwide Cohort. Cancer Diagn Progn. 2026. PMID 42078315.
  4. Kim DDH, Busque L, Hillis C, et al. Integrating Asciminib into the Evolving Treatment Landscape of Chronic Myeloid Leukemia: A Canadian Perspective. J Blood Med. 2026. PMID 42807211.
  5. Kirsten S, Laidsaar-Powell R, Shaw JM, et al. The holistic model of leukaemia survivorship care: derived from a qualitative exploration of leukaemia survivorship. Support Care Cancer. 2025. PMID 40153078.
  6. Liu Y, Zhang L, Zeng L. Treatment response and survival outcomes with BCR-ABL tyrosine kinase inhibitors in chronic myeloid leukemia: a retrospective study. Front Med (Lausanne). 2026. PMID 42688142.
  7. Luo TYX, Usta S, McGinnis E, et al. Charting the Future of Canadian Adult Acute Myeloid Leukemia (AML) Laboratory Testing: A Canadian Leukemia Study Group Current State Mapping of Diagnostic AML Laboratory Practice. Curr Oncol. 2026. PMID 42782852.
  8. Modi D, Houston BL, Leber B, et al. Red blood cell transfusion thresholds in acute leukemia: Current practice and physician perspectives from a national survey. Transfusion. 2026. PMID 42032976.
  9. Özkocaman V, Kırkızlar TA, Metan G, et al. Antifungal Management in Patients with Hematological Malignancies: From Primary Prophylaxis to Empirical and Diagnosis-Driven Treatment. Turk J Haematol. 2026. PMID 42535888.
  10. Piciocchi A, Talone A, Messina M, et al. Normal life expectancy after all-trans retinoic acid and arsenic trioxide for acute promyelocytic leukemia. Leukemia. 2026. PMID 42260109.
  11. Roed ML, Johansen MLK, Jensen P, et al. Clinical follow-up using patient-reported outcome (PRO) for patients with lymphoma and chronic lymphocytic leukemia in a hematological outpatient clinic: a Danish prospective study. Sci Rep. 2026. PMID 42050093.
  12. Yuksekli DE, Bayar A, Uzunoglu Guren C, et al. Intensive Versus Non-Intensive Therapy in Older Patients with Acute Myeloid Leukemia: A Real-World Experience. Medicina (Kaunas). 2026. PMID 42796339.

Volver al blog