
Cetamina recreativa: cistitis y uropatía

Índice
- Quién usa ketamina y cuánto usa
- La cistitis por ketamina
- Cuando el daño sube a uréteres y riñones
- Dolor abdominal: K-cramps y vías biliares
- Lo que ayuda: parar, tratar la vejiga, operar
- Estudios en resumen
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Mensajes para llevar
- Inventario de hitos
- Referencias
En una atención ficticia, una mujer de 24 años acude a la unidad de salud por cuarta vez en seis meses. Orina cada media hora, se despierta varias veces por la noche y siente dolor en la parte baja del abdomen cuando la vejiga se llena. Los cultivos de orina salieron negativos, y los antibióticos no cambiaron nada. Solo en la cuarta consulta alguien pregunta, sin juzgar, qué usa los fines de semana. La respuesta es ketamina, esnifada, casi todos los días desde hace tres años.
La escena reúne lo que las series clínicas describen desde hace más de una década: el uso repetido de ketamina puede lesionar la vejiga, llegar a los uréteres y a los riñones, y causar crisis de dolor abdominal que llevan a la persona al servicio de urgencias sin que la causa aparezca en los exámenes. Este texto recorre la magnitud del uso, la cistitis, el tracto urinario alto, el dolor abdominal y las vías biliares, y lo que las fuentes dicen sobre el tratamiento. El lenguaje sigue el post sobre estigma y etiquetas en la conducta clínica: aquí se habla de persona que usa ketamina.
Puntos principales
- En Taiwán, 89 de 106 personas que usaban ketamina tenían síntomas urinarios, que comenzaron en promedio dos años después del inicio del uso, y las puntuaciones empeoraron con el tiempo de uso (Li et al., 2019).
- En Hong Kong, 96 de 572 pacientes con uropatía asociada a la ketamina tenían hidronefrosis, asociada a la edad, a la menor capacidad de la vejiga, a la creatinina alta y a las enzimas hepáticas alteradas (Yee et al., 2017).
- En una encuesta con 274 personas con trastorno por uso de ketamina autoidentificado, los problemas de vejiga y los cólicos llamados K-cramps estuvieron entre los síntomas físicos más citados, y la mayoría no buscó tratamiento (Harding et al., 2025).
- En una revisión de reportes, 17 personas que usaban ketamina tuvieron enfermedad de las vías biliares, con dolor abdominal, náusea y dilatación del colédoco, y la mayoría fue dada de alta con mejoría (Teymouri et al., 2024).
- Dejar el uso es la base del tratamiento de la cistitis, y los síntomas tienden a volver cuando el uso se reanuda (Jhang et al., 2023).
- Quién usa ketamina y cuánto usa
- La cistitis de la ketamina
- Cuando el daño sube a uréteres y riñones
- Dolor abdominal: K-cramps y vías biliares
- Qué ayuda: dejar, tratar la vejiga, operar
- Estudios en resumen
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Take-home messages
- Milestone inventory
Quién usa ketamina y cuánto usa
La ketamina es un anestésico disociativo de uso hospitalario desde hace décadas. Fuera del hospital, circula como polvo blanco esnifado o fumado, muchas veces junto a otras sustancias. El post sobre festivales y eventos masivos muestra dónde ocurre parte de ese uso, y el de chemsex trae las preguntas que abren la conversación en la consulta.
Un retrato a escala global
La Global Drug Survey de 2018 recibió 130.761 respuestas válidas entre noviembre de 2017 y enero de 2018, la mayoría de Alemania, Inglaterra y Dinamarca (Barrios et al., 2025). La unidad de análisis fue el respondiente. En total, 7.759 personas (5,93 por ciento) relataron haber usado ketamina en la vida, y 4.477 de ellas (57,70 por ciento) en el último año (Barrios et al., 2025).
Entre quienes usaron en el último año, 8,55 por ciento cumplían el criterio de dependencia de la escala usada en la encuesta (Barrios et al., 2025). Los 4.477 respondientes relataron 120 eventos adversos, y la búsqueda de atención de emergencia fue rara en relación con el número de veces que se usó la droga (Barrios et al., 2025). La encuesta es en línea y de participación voluntaria, y quien responde no representa a la población general.
Quienes ya tienen un problema con el uso
Una encuesta en línea de métodos mixtos reunió a 274 personas que se identificaban con trastorno por uso de ketamina, del Reino Unido, de Estados Unidos, de Canadá, de países de Europa y de Australia (Harding et al., 2025). La unidad de análisis fue el participante, y 40 por ciento buscaban tratamiento (Harding et al., 2025). En promedio, los participantes relataron 2,0 g de ketamina por día (Harding et al., 2025).
Los síntomas físicos más citados fueron problemas de vejiga (60 por ciento), problemas en la nariz (60 por ciento) y K-cramps (56 por ciento) (Harding et al., 2025). Ante estos síntomas, 56 por ciento no buscó tratamiento (Harding et al., 2025). El craving (71 por ciento), el estado de ánimo bajo (62 por ciento) y la ansiedad (59 por ciento) aparecieron como síntomas de abstinencia (Harding et al., 2025).

Taipéi: un programa obligatorio
En Taipéi, 1.614 personas derivadas por la justicia a un programa obligatorio por porte o uso de ketamina respondieron a un cuestionario; el 83,8 por ciento eran hombres (Chen et al., 2014). La unidad de análisis fue la persona. El 51,6 por ciento refirió síntomas urinarios y el 76 por ciento molestias cognitivas, y el 72,4 por ciento fumaba tabaco al mismo tiempo (Chen et al., 2014).
Las mujeres tuvieron más probabilidad de referir síntomas urinarios graves que los hombres, con razón de momios ajustada de 2,719 (IC 95 por ciento de 1,501 a 4,928) (Chen et al., 2014). Para los síntomas leves, la comparación entre sexos no fue concluyente, con razón de momios de 0,915 (IC 95 por ciento de 0,656 a 1,276) (Chen et al., 2014). Menos del 10 por ciento de los participantes dijo querer ser derivado a tratamiento (Chen et al., 2014).
La cistitis por ketamina
El cuadro clásico es el de una vejiga irritada que se va encogiendo: urgencia, frecuencia, nicturia, dolor al llenarse, a veces sangre en la orina. La revisión de Jhang describe la cistitis ulcerativa ligada a la ketamina y a sus metabolitos, que puede evolucionar a fibrosis de la vejiga (Jhang et al., 2023).
El tiempo de uso pesa
En Taiwán, 106 personas (95 hombres y 11 mujeres) atendidas en dos centros privados de rehabilitación respondieron a cuestionarios de síntomas; la unidad de análisis fue la persona (Li et al., 2019). El tiempo medio de uso fue de 75,45 meses, y 89 personas (84 por ciento) desarrollaron síntomas urinarios después de 24,67 meses de uso en promedio (Li et al., 2019).
Las puntuaciones de vejiga hiperactiva, de síntomas prostáticos y de cistitis intersticial subieron junto con el tiempo de uso (Li et al., 2019). Quienes esnifaban ketamina tuvieron síntomas más graves que quienes fumaban, aunque el grupo que esnifaba también consumía desde hacía más tiempo, lo que dificulta separar ambos efectos (Li et al., 2019).
Como hipótesis nuestra, sin estudio en las fuentes leídas que separe ambos factores, la vía nasal y el tiempo de uso pueden sumar efectos sobre la vejiga; el diseño transversal de Li no permite decir cuál pesa más.
Hombres abordados en la calle
Otro estudio de Taiwán reunió a 1.056 hombres: 993 abordados en la calle por la policía y 63 atendidos en hospital (Yang et al., 2018). La unidad de análisis fue la persona. Los factores de riesgo para síntomas urinarios significativos fueron edad de 30 años o más, uso por 24 meses o más y uso de otras drogas ilícitas (Yang et al., 2018).
La disfunción eréctil apareció en el 30,8 por ciento de los hombres (Yang et al., 2018). En el subgrupo de la calle, la abstinencia de tres meses o más se asoció a menos disfunción eréctil (Yang et al., 2018). La muestra de la calle pesa mucho en el total y se reclutó por una vía que puede alejar a quienes tienen síntomas más leves o más graves.
Cuando hay infección de verdad
Los síntomas imitan los de una infección urinaria, y el post sobre infección urinaria complicada ayuda a recordar cuándo el cultivo cambia la conducta. En Fujian, en China, tres instituciones siguieron a 81 personas con síntomas urinarios ligados a la ketamina; la unidad de análisis fue la persona (Liu et al., 2019).
La infección se confirmó en 8 personas (9,88 por ciento) y se consideró sospechosa en 16 (19,75 por ciento) (Liu et al., 2019). Tener cultivos de orina repetidos con frecuencia y una puntuación alta de síntomas de vaciamiento se asociaron a la infección (Liu et al., 2019). Los autores señalan la muestra pequeña como límite (Liu et al., 2019).
Cuando el daño sube a uréteres y riñones
La vejiga no es el final de la historia. La revisión de Jhang describe que, con el uso continuado, pueden aparecer hidronefrosis, estenosis de uréter, reflujo vesicoureteral e insuficiencia renal (Jhang et al., 2023). El post sobre la KDIGO 2026 en la lesión renal aguda trae la lectura de la creatinina que entra en esa cuenta.
Hong Kong: quiénes tienen hidronefrosis
En el Prince of Wales Hospital, en Hong Kong, se atendió a 572 pacientes con uropatía asociada a la cetamina entre diciembre de 2011 y octubre de 2015; la unidad de análisis fue el paciente (Yee et al., 2017). En la primera consulta, 207 (36,2 por ciento) ya habían dejado el uso, y 96 tenían hidronefrosis (Yee et al., 2017).
En el análisis multivariado, cada año de edad se asoció a más probabilidad de hidronefrosis, con razón de momios ajustada de 1,090 (IC 95 por ciento de 1,020 a 1,166) (Yee et al., 2017). La mayor capacidad funcional de la vejiga se asoció a menos probabilidad, con razón de momios de 0,997 por mililitro (IC 95 por ciento de 0,995 a 0,999) (Yee et al., 2017).
La creatinina por encima de 100 micromoles por litro tuvo razón de momios de 3,107 (IC 95 por ciento de 1,238 a 7,794), y las enzimas hepáticas alteradas, de 1,967 (IC 95 por ciento de 1,213 a 3,187) (Yee et al., 2017). Todos estos intervalos excluyen el valor nulo. El estudio es de un solo centro. Como hipótesis nuestra, que el estudio no prueba, la asociación con las enzimas hepáticas puede indicar que el daño urinario y el biliar van juntos.

Cheshire y Merseyside: lo que encuentra el servicio
En el noroeste de Inglaterra, una revisión retrospectiva reunió a 65 pacientes atendidos en los hospitales de Whiston y de St Helens entre febrero y agosto de 2024, junto con una encuesta a 107 profesionales de la atención primaria y secundaria (Shkoukani et al., 2025). Las unidades de análisis fueron el paciente y el profesional. La mediana de edad de los pacientes fue de 22 años, 39 eran hombres y 26 mujeres, y la vía nasal apareció en 60 de ellos (92,3 por ciento) (Shkoukani et al., 2025).
Los estudios de imagen mostraron hidronefrosis bilateral en 9 pacientes (13,8 por ciento), engrosamiento de la pared de la vejiga en 17 (26,2 por ciento) y capacidad reducida en 12 (18,5 por ciento) (Shkoukani et al., 2025). Se hicieron biopsias de la vejiga en 31 pacientes (47,7 por ciento), todas con inflamación crónica, y la cistoscopia flexible no fue tolerada por 12 (Shkoukani et al., 2025).
Veinte pacientes (30,7 por ciento) refirieron dolor abdominal, y 30 (46,2 por ciento) usaban o habían usado otras sustancias (Shkoukani et al., 2025). La falta a las consultas llegó a 41,5 por ciento, y parte de los profesionales respondió que la policía debería participar en el manejo (Shkoukani et al., 2025).
Como hipótesis nuestra, que el estudio no prueba, la falta a las consultas y la idea de involucrar a la policía pueden estar ligadas: quien espera un juicio tiende a no volver.
Lo que muestra la tomografía
Un relato de 2026 describe a una mujer de 28 años con dolor en el flanco e incontinencia urinaria antigua, que solo después del examen contó cinco años de uso de cetamina (Yapa y Khan, 2026). La unidad es el paciente único. La tomografía sin contraste mostró vejiga pequeña con pared gruesa, engrosamiento de los uréteres y dilatación del tracto urinario alto (Yapa y Khan, 2026).
Los autores recuerdan que estos hallazgos pueden aparecer en otras enfermedades y que la historia de uso muchas veces falta en la solicitud del examen (Yapa y Khan, 2026). La pregunta sobre el uso, hecha por quien solicita y por quien lee la imagen, acorta el camino.
Dolor abdominal: K-cramps y vías biliares
El dolor abdominal de la persona que usa cetamina tiene al menos dos orígenes descritos en las fuentes leídas: las crisis de cólico que los propios usuarios llaman K-cramps y la enfermedad de las vías biliares. Las dos pueden llevar a visitas repetidas al servicio de urgencias, como ocurre en la hiperémesis de la cannabis.
Un relato de K-cramps
En Estados Unidos, un hombre de 31 años con tres años de uso inhalado, intramuscular e intravenoso de cetamina acudió al servicio de urgencias dos veces en una semana con dolor de espalda, dolor abdominal y otros síntomas (Avra et al., 2024). La unidad es el paciente único. La investigación en el hospital no encontró causa, y recibió el alta con indicación de seguimiento (Avra et al., 2024).
Fue el propio paciente quien relacionó el dolor con la cetamina, después de leer relatos en un foro en línea (Avra et al., 2024). Cuando dejó el uso, el dolor mejoró en 24 horas, y él mismo buscó tratamiento para la dependencia (Avra et al., 2024). Los autores piden que la cetamina entre en el diagnóstico diferencial del dolor abdominal en quienes usan la droga (Avra et al., 2024).
La enfermedad de las vías biliares
Una revisión sistemática de relatos reunió 11 estudios con 17 pacientes, publicados en el Reino Unido, China, Hong Kong y Estados Unidos; la unidad de análisis fue el paciente (Teymouri et al., 2024). La edad media fue de 25,88 años, y el 64,7 por ciento eran hombres (Teymouri et al., 2024).
Los síntomas más comunes fueron dolor abdominal, náuseas y vómitos, y la dilatación del colédoco fue un hallazgo frecuente (Teymouri et al., 2024). Nueve pacientes se sometieron a colangiopancreatografía retrógrada endoscópica, y la mayoría de los pacientes recibió el alta con mejoría de los síntomas y de las pruebas hepáticas (Teymouri et al., 2024). Los relatos publicados tienden a ser los de evolución llamativa, y la frecuencia real de la enfermedad biliar queda desconocida.

La señal también aparece en el uso médico
La FDA revisó notificaciones de eventos adversos y la literatura sobre el uso médico repetido o continuo de cetamina, excluyendo el uso fuera del contexto médico (Cotter et al., 2021). La unidad fue el relato: 14 relatos únicos, con 21 eventos hepatobiliares, casi siempre en dolor regional complejo o dolor crónico (Cotter et al., 2021).
En los relatos con fecha, la mayoría de los eventos surgió en hasta cuatro días, y las enzimas hepáticas estaban elevadas en todos (Cotter et al., 2021). En el mismo periodo, la venta de frascos de cetamina en Estados Unidos subió de 1,2 millones en 2013 a 2,1 millones en 2017 (Cotter et al., 2021). Las notificaciones espontáneas muestran una señal, sin dar la frecuencia del evento.
Lo que ayuda: parar, tratar la vejiga, operar
Dejar el uso viene primero
La revisión de Jhang sitúa la interrupción de la cetamina como base del tratamiento de los síntomas urinarios, y describe que suelen volver cuando se reanuda el uso (Jhang et al., 2023). En Hong Kong, más de un tercio de los pacientes ya había dejado el uso antes de la primera consulta (Yee et al., 2017), lo que muestra que dejar el uso es posible y que la consulta puede llegar después de la decisión.
El tratamiento de la dependencia entra en esa cuenta. En la encuesta de Harding, el 71 por ciento reportó craving como síntoma de abstinencia (Harding et al., 2025). La lógica del post sobre reducción de daños vale aquí: cada reducción en el uso cuenta, y la conversación continúa incluso cuando la persona no deja el uso de una vez.
Tratar la vejiga
En Taiwán, la hidrodistensión, la instilación de ácido hialurónico, la inyección de toxina botulínica en la vejiga y la oxigenoterapia hiperbárica tuvieron mejor efecto que el tratamiento oral, según el relato de las propias personas (Li et al., 2019). La comparación es observacional y depende del recuerdo de los participantes.
La revisión de Jhang describe beneficio a corto plazo con el ácido hialurónico y efecto más duradero con la toxina botulínica combinada con el ácido hialurónico (Jhang et al., 2023). En la cistitis grave, la misma revisión dice que solo la ampliación vesical con segmento de intestino alivia el dolor y recupera la función (Jhang et al., 2023).
Cuándo entra la cirugía
Una revisión narrativa de 23 artículos reunió 875 pacientes con uropatía, de los cuales 193 (22 por ciento) se sometieron a cirugía reconstructiva; la unidad fue el paciente (Vizgan et al., 2023). La ampliación vesical fue la cirugía más común, y la diferencia en el tiempo de uso entre quienes necesitaron cirugía y quienes no la necesitaron fue de cerca de un año (Vizgan et al., 2023). Los datos de tiempo de uso existían solo para una parte de los pacientes.
¿Y la cetamina usada como medicamento?
La ketamina y la escetamina ganaron espacio en el tratamiento de la depresión. Una revisión sistemática de 27 estudios sobre el uso terapéutico en trastornos psiquiátricos encontró síntomas urinarios en 0 a 24,5 por ciento de los pacientes, en general leves o moderados (Kerr-Gaffney et al., 2025). La unidad de análisis fue el estudio.
Solo 15 por ciento de los estudios tuvo bajo riesgo de sesgo, y la mayoría no acompañó el uso a largo plazo (Kerr-Gaffney et al., 2025). Las tasas bajas relatadas en el uso terapéutico son, por lo tanto, una respuesta incompleta, y el seguimiento a largo plazo sigue abierto.
Una guía para la consulta
Como síntesis nuestra, a partir de las fuentes leídas, cinco preguntas ayudan ante síntomas urinarios sin infección confirmada o de dolor abdominal repetido sin causa:
- Usa ketamina, por qué vía y desde hace cuánto tiempo, preguntado sin juzgar.
- Los síntomas empeoran con el uso y mejoran cuando la persona para.
- Hay dolor en el flanco, creatinina alta o imagen con vejiga pequeña y pared engrosada.
- Hay dolor abdominal con náusea, vómitos o pruebas hepáticas alteradas.
- Qué quiere la persona ahora: parar, disminuir o tratar primero el síntoma.
El post sobre chequeo de drogas recuerda que el polvo vendido como ketamina puede contener otras sustancias, y el de uso de sustancias en el USMLE muestra cómo el tema aparece en los exámenes.
Estudios en resumen
| Estudio | Diseño, muestra y unidad | Hallazgo principal |
|---|---|---|
| Li 2019 | Transversal, Taiwán, 106 personas; unidad persona | Síntomas urinarios en 84 por ciento (Li et al., 2019) |
| Yang 2018 | Transversal, Taiwán, 1.056 hombres; unidad persona | Disfunción eréctil en 30,8 por ciento (Yang et al., 2018) |
| Chen 2014 | Transversal, Taipéi, 1.614 personas; unidad persona | Síntoma urinario leve por sexo: no concluyente (Chen et al., 2014) |
| Liu 2019 | Transversal, Fujian, 81 personas; unidad persona | Infección confirmada en 9,88 por ciento (Liu et al., 2019) |
| Yee 2017 | Cohorte de centro único, Hong Kong, 572 pacientes; unidad paciente | Creatinina alta: OR 3,107 (Yee et al., 2017) |
| Shkoukani 2025 | Revisión de historias clínicas, 65 pacientes, y encuesta, 107 profesionales | Falta a las consultas en 41,5 por ciento (Shkoukani et al., 2025) |
| Yapa 2026 | Reporte de tomografía; unidad paciente | Vejiga pequeña de pared engrosada (Yapa y Khan, 2026) |
| Barrios 2025 | Encuesta en línea, 130.761 respuestas; unidad encuestado | Dependencia en 8,55 por ciento de quienes usaron en el año (Barrios et al., 2025) |
| Harding 2025 | Encuesta de métodos mixtos, 274 personas; unidad participante | Vejiga en 60 por ciento, K-cramps en 56 por ciento (Harding et al., 2025) |
| Avra 2024 | Reporte de K-cramps; unidad paciente | Mejoría en 24 horas después de parar (Avra et al., 2024) |
| Teymouri 2024 | Revisión de reportes, 11 estudios, 17 pacientes; unidad paciente | Dilatación del colédoco frecuente (Teymouri et al., 2024) |
| Cotter 2021 | Notificaciones y literatura, uso médico; unidad reporte | 21 eventos hepatobiliares en 14 reportes (Cotter et al., 2021) |
| Kerr-Gaffney 2025 | Revisión sistemática, 27 estudios; unidad estudio | Síntomas urinarios en 0 a 24,5 por ciento (Kerr-Gaffney et al., 2025) |
| Vizgan 2023 | Revisión narrativa, 23 artículos, 875 pacientes; unidad paciente | Cirugía en 22 por ciento (Vizgan et al., 2023) |
| Jhang 2023 | Revisión de fisiopatología y manejo | Parar el uso es la base del tratamiento (Jhang et al., 2023) |
Fuentes: Li et al., 2019; Yang et al., 2018; Chen et al., 2014; Liu et al., 2019; Yee et al., 2017; Shkoukani et al., 2025; Yapa y Khan, 2026; Barrios et al., 2025; Harding et al., 2025; Avra et al., 2024; Teymouri et al., 2024; Cotter et al., 2021; Kerr-Gaffney et al., 2025; Vizgan et al., 2023; Jhang et al., 2023.
Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
En NEXO, el caso del día es ficticio, con presentación clínica real y hasta seis pistas progresivas, y tú propones el diagnóstico buscando el código en la CIE-10. Una pista puede traer "mujer joven con urgencia urinaria y cultivos negativos"; otra, "huele un polvo blanco casi todos los días desde hace tres años". La respuesta de proximidad en cinco niveles ayuda a separar cistitis por ketamina, infección urinaria, cistitis intersticial y causas obstructivas, sin convertir el entrenamiento en protocolo. El ejercicio útil es preguntar, en cada pista, qué aporta la historia de uso al cuadro.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo de uso lleva hasta los síntomas urinarios?
En Taiwán, los síntomas urinarios comenzaron en promedio después de 24,67 meses de uso de ketamina (Li et al., 2019). En otro estudio del mismo país, el uso por 24 meses o más fue factor de riesgo para síntomas urinarios significativos (Yang et al., 2018).
¿Es peor esnifar que fumar?
En Taiwán, quienes esnifaban ketamina tuvieron puntuaciones de síntomas urinarios más graves que quienes fumaban (Li et al., 2019). El mismo estudio muestra que el grupo que esnifaba llevaba más tiempo de uso, de 91,85 contra 56,03 meses (Li et al., 2019).
¿Puede la ketamina afectar los riñones?
En Hong Kong, 96 de 572 pacientes con uropatía asociada a ketamina tenían hidronefrosis (Yee et al., 2017). La revisión de Jhang describe que el uso continuado puede llevar a hidronefrosis e insuficiencia renal (Jhang et al., 2023).
¿Qué son los K-cramps?
Son crisis de dolor abdominal descritas por personas que usan ketamina; en la encuesta de Harding, 56 por ciento de los participantes relataron K-cramps (Harding et al., 2025). En el relato de Avra, el dolor mejoró en 24 horas después de que el paciente dejó el uso (Avra et al., 2024).
¿Mejoran los síntomas cuando la persona deja de consumir?
La revisión de Jhang sitúa la interrupción del uso como base del tratamiento y describe que los síntomas urinarios suelen volver cuando se reanuda el uso (Jhang et al., 2023). En la cistitis grave, la misma revisión dice que solo la ampliación vesical alivia el dolor (Jhang et al., 2023).
Mensajes para llevar
- En Taiwán, 84 por ciento de las personas que usaban ketamina, atendidas en centros de rehabilitación, tenían síntomas urinarios, que empeoraron con el tiempo de uso (Li et al., 2019).
- En Hong Kong, la hidronefrosis se asoció a la edad, a la vejiga más pequeña, a la creatinina alta y a las enzimas hepáticas alteradas (Yee et al., 2017).
- El dolor abdominal puede venir de los K-cramps o de las vías biliares, y la pregunta sobre el uso entra en el diagnóstico diferencial (Avra et al., 2024; Teymouri et al., 2024).
- Dejar el uso es la base del tratamiento, y la cirugía reconstructiva queda para la enfermedad grave (Jhang et al., 2023; Vizgan et al., 2023).
- En Cheshire y Merseyside, la falta a las consultas fue alta, y parte de los profesionales veía a la policía como parte del manejo (Shkoukani et al., 2025).
Inventario de hitos
- 2014: en Taipéi, 1.614 personas derivadas a un programa obligatorio relatan síntomas urinarios y quejas cognitivas frecuentes (Chen et al., 2014).
- 2017: la cohorte de Hong Kong, con 572 pacientes atendidos de 2011 a 2015, describe quién tiene hidronefrosis (Yee et al., 2017).
- 2021: la FDA describe eventos hepatobiliares en el uso médico repetido o continuo de la ketamina (Cotter et al., 2021).
- 2024: la revisión de relatos reúne 17 pacientes con enfermedad de las vías biliares, y se publica un relato de caso de K-cramps (Teymouri et al., 2024; Avra et al., 2024).
- 2025: la encuesta con 274 personas con trastorno por uso de ketamina y la revisión del uso terapéutico amplían el retrato del daño (Harding et al., 2025; Kerr-Gaffney et al., 2025).
Referencias
- Li CC, Wu ST, Cha TL, et al. A survey for ketamine abuse and its relation to the lower urinary tract symptoms in Taiwan. Sci Rep. 2019;9(1):7240. PMID: 31076629. PMC: PMC6510790.
- Yang SS, Jang MY, Lee KH, et al. Sexual and bladder dysfunction in male ketamine abusers: A large-scale questionnaire study. PLoS One. 2018;13(11):e0207927. PMID: 30485367. PMC: PMC6261603.
- Chen WY, Huang MC, Lin SK. Gender differences in subjective discontinuation symptoms associated with ketamine use. Subst Abuse Treat Prev Policy. 2014;9:39. PMID: 25245125. PMC: PMC4183767.
- Liu W, Wu W, Wei Y, et al. Epidemiologic characteristics and risk factors in patients with ketamine-associated lower urinary tract symptoms accompanied by urinary tract infection: A cross-sectional study. Medicine (Baltimore). 2019;98(23):e15943. PMID: 31169717. PMC: PMC6571413.
- Yee CH, Teoh JY, Lai PT, et al. The Risk of Upper Urinary Tract Involvement in Patients With Ketamine-Associated Uropathy. Int Neurourol J. 2017;21(2):128-132. PMID: 28673061. PMC: PMC5497195.
- Shkoukani ZW, Gopi P, Tate L, et al. Ketamine-Induced Uropathy in a High-Prevalence Region: Knowledge, Diagnostic Practices, and Treatment Patterns Among Primary and Secondary Care Providers. Cureus. 2025;17(6):e86373. PMID: 40688826. PMC: PMC12276041.
- Yapa G, Khan H. CT Appearances of Ketamine-Induced Uropathy: A Guide to General Radiologists. Cureus. 2026;18(6):e111854. PMID: 42539767. PMC: PMC13424539.
- Barrios KP, Connolly DJ, Ferris JA, et al. Ketamine use in a large global sample: Characteristics, patterns of use and emergency medical treatment. J Psychopharmacol. 2025;39(1):8-22. PMID: 39420535. PMC: PMC11760648.
- Harding RE, Barton T, Niepceron M, et al. The landscape of ketamine use disorder: Patient experiences and perspectives on current treatment options. Addiction. 2025;120(10):1970-1979. PMID: 40294641. PMC: PMC12426348.
- Avra T, Torres J, Felipe Vasudevan K, et al. "K Cramps," Recurrent Abdominal Pain in a Patient with Chronic Ketamine Use: A Case Report. Clin Pract Cases Emerg Med. 2024;8(3):277-281. PMID: 39158249. PMC: PMC11326070.
- Teymouri A, Nasoori H, Fakheri M, et al. Features of biliary tract diseases in ketamine abusers: a systematic review of case reports. J Med Case Rep. 2024;18(1):84. PMID: 38431685. PMC: PMC10909254.
- Cotter S, Wong J, Gada N, et al. Repeated or Continuous Medically Supervised Ketamine Administration Associated with Hepatobiliary Adverse Events: A Retrospective Case Series. Drug Saf. 2021;44(12):1365-1374. PMID: 34699023. PMC: PMC8546385.
- Kerr-Gaffney J, Tröger A, Caulfield A, et al. Urological symptoms following ketamine treatment for psychiatric disorders: A systematic review. J Psychopharmacol. 2025;39(10):1103-1113. PMID: 40583492. PMC: PMC12572349.
- Vizgan G, Huamán M, Rychik K, et al. Ketamine-induced uropathy: A narrative systemic review of surgical outcomes of reconstructive surgery. BJUI Compass. 2023;4(4):377-384. PMID: 37334018. PMC: PMC10268589.
- Jhang JF, Birder LA, Kuo HC. Pathophysiology, clinical presentation, and management of ketamine-induced cystitis. Tzu Chi Med J. 2023;35(3):205-212. PMID: 37545795. PMC: PMC10399845.


