Mal de altura: Lake Louise, descenso y acetazolamida

Índice
- Por qué la altitud es un escenario de razonamiento clínico
- El mal agudo de montaña y la escala de Lake Louise
- Cuando el cuadro se agrava: edema cerebral y pulmonar
- El descenso como tratamiento
- Acetazolamida y otros medicamentos
- El diferencial: no todo en altitud es mal de montaña
- El sesgo del "es solo cansancio"
- Cómo ayuda NEXO a entrenar ese razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Lista de verificación final
- Referencias
En el segundo día de una caminata en gran altitud, una viajera de treinta y pocos años llega al refugio con dolor de cabeza, náuseas y poco apetito. Dice que es cansancio de la subida y que mejorará después de dormir. Por la noche, un compañero nota que tropieza al ir al baño y responde despacio a las preguntas. El guía le pregunta a un médico que está en el grupo si ella puede continuar al día siguiente. La escena es ficticia y fue escrita para enseñanza. Este texto usa ese cuadro como escenario de razonamiento clínico: cómo reconocer el mal agudo de montaña, cuándo evoluciona hacia algo grave, por qué el descenso es el tratamiento central y qué otras causas se parecen a él.
NEXO es un juego diario de diagnóstico médico: un caso clínico por día, hasta seis pistas progresivas y retroalimentación por proximidad en la CIE-10 en cinco niveles.
El texto evita ser un protocolo. Las directrices de medicina de montaña son detalladas, y la conducta en cada caso depende del lugar, del grupo y de los recursos. El interés aquí es el razonamiento: cómo separar el cansancio esperado de una enfermedad que puede matar en pocas horas, con poco más que la historia y el examen a la cabecera del paciente. Si juegas el caso del día en NEXO, reconocerás el movimiento: una pista de contexto cambia el peso de todas las demás.
Puntos principales
- El mal agudo de montaña es frecuente en quien sube rápido, y la frecuencia aumenta con la altitud alcanzada.
- La escala de Lake Louise organiza los síntomas, con el dolor de cabeza como pieza central, y fue revisada para retirar el ítem de sueño.
- La alteración de la marcha, la confusión o la somnolencia sugieren edema cerebral de altitud, y la falta de aire en reposo sugiere edema pulmonar de altitud, cuadros que piden descenso inmediato.
- El descenso es el tratamiento central de las formas graves, y el oxígeno, la cámara hiperbárica portátil y los medicamentos ayudan a ganar tiempo cuando el descenso se demora.
- La deshidratación, la hipotermia, la hipoglucemia, la intoxicación y la infección entran en el diferencial, y el sesgo del "es solo cansancio" retrasa el diagnóstico.
Por qué la altitud es un escenario de razonamiento clínico
Maggiorini y colaboradores examinaron a 466 montañistas en cuatro refugios de los Alpes suizos y encontraron mal agudo de montaña en cerca de 9 de cada 100 personas a 2850 metros y en cerca de 53 de cada 100 a 4559 metros (Maggiorini y colaboradores, 1990). Los autores también describieron casos de edema pulmonar y cerebral de altitud en el refugio más alto (Maggiorini y colaboradores, 1990). Esos números muestran dos cosas a la vez: el cuadro es frecuente, y la frecuencia cambia con el contexto.
Para el razonamiento clínico, la altitud tiene una característica útil y peligrosa. Útil porque el contexto apunta a un grupo pequeño de enfermedades. Peligrosa porque ese mismo contexto tiende a explicarlo todo. Dolor de cabeza, náuseas, cansancio y mal sueño son esperados en quien sube. La misma lista de síntomas aparece en deshidratación, resaca, gastroenteritis e intoxicación por monóxido de carbono en un refugio mal ventilado. El desafío es usar el contexto sin dejar que cierre el caso demasiado pronto.
Directrices que reconocen la incertidumbre
La Wilderness Medical Society publica directrices para la prevención y el tratamiento de las enfermedades agudas de altitud, con recomendaciones graduadas según la calidad de las evidencias y el equilibrio entre beneficios y riesgos (Luks y colaboradores, 2019). La actualización más reciente amplía el texto al diagnóstico e incluye orientaciones sobre viaje a la altitud después de infección por COVID-19 (Luks y colaboradores, 2024). Para quien estudia razonamiento, esa graduación es un buen ejemplo de incertidumbre explícita: algunas recomendaciones tienen evidencia fuerte, otras dependen de la experiencia de especialistas.
El tiempo y la velocidad de la subida
La altitud alcanzada importa, pero la velocidad con que se llega a ella también. Quien sube en coche o en avión hasta una ciudad alta, sin tiempo de adaptación, puede tener síntomas incluso sin esfuerzo físico. Quien sube a pie en etapas cortas tiende a adaptarse mejor. Preguntar cómo fue la subida, cuántos días pasaron y si la persona durmió más alto que la noche anterior forma parte de la historia, tanto como preguntar sobre el dolor.
Quién pide más atención
Algunas personas merecen una mirada más atenta antes y durante el ascenso. Quien ya tuvo mal de altura en viajes anteriores, quien va a subir rápido por el itinerario, quien tiene enfermedad cardíaca o pulmonar y quien va a dormir mucho más alto de lo que durmió la noche anterior entran en este grupo. No se trata de prohibir el viaje, sino de ajustar la vigilancia. Para quien evalúa, esto cambia la probabilidad pretest: el mismo dolor de cabeza pesa más en alguien con historia previa de edema pulmonar de altura que en alguien que siempre subió bien.
También vale recordar que todo el grupo está expuesto al mismo ambiente. Cuando una persona enferma, las otras también pueden estar al comienzo de un cuadro parecido. Una buena práctica de campo es aprovechar la evaluación de un enfermo para preguntar rápidamente cómo están los demás.
El mal agudo de montaña y la escala de Lake Louise
La escala de Lake Louise se usa desde hace décadas para estandarizar el diagnóstico del mal agudo de montaña. Roach y colaboradores presentaron la revisión de 2018, hecha por consenso internacional, que retiró el sueño malo del cuestionario porque los estudios mostraron que se relaciona más con la hipoxia en sí que con la enfermedad (Roach y colaboradores, 2018).
La escala actual puntúa dolor de cabeza, síntomas gastrointestinales, fatiga o debilidad y mareo. El dolor de cabeza tiene un papel central: el diagnóstico presupone ascenso reciente, presencia de dolor de cabeza y puntuación total de 3 o más en los cuatro síntomas (Roach y colaboradores, 2018). Para el razonamiento clínico, la escala es una herramienta de organización, y no una regla que sustituye el examen. Una persona con escala baja y alteración de la marcha está más enferma que otra con escala alta y examen normal.
Lo que la escala deja fuera
La escala mide síntomas relatados. Depende de la sinceridad y de la capacidad de quien responde. En grupos con metas de llegada, las personas tienden a minimizar lo que sienten. En quien ya está confuso, la respuesta pierde valor. Por eso, el examen neurológico simple, la observación de la marcha y la conversación con quien está junto completan la evaluación. El post sobre signos, síntomas e historia muestra cómo combinar el relato con lo que se observa.
Los síntomas que piden más atención
Maggiorini y colaboradores identificaron que dolor de cabeza intenso, vómitos, mareo, respiración rápida y estertores pulmonares marcados caracterizan el mal agudo de montaña grave e indican descenso inmediato (Maggiorini y colaboradores, 1990). Esa frase resume buena parte del razonamiento de campo: hay un punto en que observar deja de ser prudente y pasa a ser arriesgado.

Cuando el cuadro se agrava: edema cerebral y pulmonar
El mal agudo de montaña suele ser incómodo y pasajero. Las formas graves, el edema cerebral de altura y el edema pulmonar de altura, pueden matar si no se reconocen y se tratan a tiempo. Las directrices de la Wilderness Medical Society tratan las tres condiciones en conjunto, con orientaciones específicas para cada una (Luks y colaboradores, 2024).
El edema cerebral de altura
La viajera de la escena tropezó y pasó a responder despacio. Esos dos hallazgos cambian el caso. Ataxia, confusión, somnolencia y alteración del comportamiento en alguien que está en altura sugieren edema cerebral, que suele verse como la evolución extrema del mal agudo de montaña. Hackett y colaboradores describieron, en pacientes con edema cerebral grave de altura, edema reversible de la sustancia blanca en la resonancia y microhemorragias que persistieron después de la recuperación clínica (Hackett y colaboradores, 2019).
En campo, no hay resonancia. La prueba práctica es simple: pedir a la persona que camine en línea recta, apoyando el talón de un pie en la punta del otro. Quien no lo logra, sin otra explicación, debe ser tratado como posible edema cerebral. La decisión de descender no espera la confirmación.
El edema pulmonar de altura
El edema pulmonar de altitud puede aparecer con o sin mal agudo de montaña. Los signos incluyen falta de aire desproporcionada al esfuerzo, que evoluciona a falta de aire en reposo, tos, caída del rendimiento y, a veces, estertores en la auscultación. Maggiorini y colaboradores incluyeron la respiración rápida y los estertores pulmonares marcados entre los signos de gravedad (Maggiorini y colaboradores, 1990). La oximetría de pulso ayuda, pero debe interpretarse con cuidado, porque la saturación de las personas sanas también cae en altitud.
Signos de alarma en el terreno
En altitud, algunos signos exigen acción inmediata:
- dificultad para caminar en línea recta, tropiezos o caída;
- confusión, somnolencia o cambio de comportamiento;
- falta de aire en reposo o que empeora cada día;
- tos persistente, a veces con secreción rosada;
- dolor de cabeza que no mejora con un analgésico simple y reposo;
- vómitos repetidos.
El descenso como tratamiento
En las formas graves, descender es el tratamiento central. Maggiorini y colaboradores concluyeron que las personas con signos de mal agudo de montaña grave deben descender de inmediato a altitudes más bajas (Maggiorini y colaboradores, 1990). Las guías de la Wilderness Medical Society proponen enfoques de manejo para cada forma de enfermedad aguda de altitud (Luks y colaboradores, 2024).
Cuando no es posible descender
El clima, la noche, el terreno y la falta de transporte pueden retrasar el descenso. En esos casos, otras medidas ayudan a ganar tiempo. Bärtsch y colaboradores mostraron, en un ensayo aleatorizado a 4559 metros, que una hora en una cámara hiperbárica portátil, equivalente a descender unos 2250 metros, alivió los síntomas del mal agudo de montaña a corto plazo, sin beneficio duradero después de doce horas (Bärtsch y colaboradores, 1993). Keller y colaboradores compararon la cámara con dexametasona y concluyeron que la cámara aporta un alivio más rápido y el medicamento aporta una mejoría más duradera, lo que sugiere combinar ambos cuando el descenso o la evacuación no sean posibles (Keller y colaboradores, 1995).

Cómo organizar el descenso
El descenso no necesita ser largo para ayudar. Los síntomas suelen ceder después de descender de 300 a 1000 metros, pero la caída necesaria varía de una persona a otra, y la orientación es que nadie descienda solo (Luks y colaboradores, 2024). Lo que importa es empezar temprano, de preferencia con luz de día y con acompañantes. Quien tiene signos de edema cerebral no debe descender solo, porque la confusión y la falta de coordinación aumentan el riesgo de caída. Quien tiene edema pulmonar debe hacer el mínimo esfuerzo posible, lo que puede exigir cargar la mochila de la persona o usar transporte.
Durante el descenso, la reevaluación continúa. ¿Mejora la marcha? ¿Disminuye la falta de aire? ¿Responde mejor la persona? Esas respuestas ayudan a decidir si basta con detenerse en una altitud intermedia o si es preciso continuar hasta un servicio de salud. El post sobre razonamiento pronóstico discute cómo pensar en lo que viene después del diagnóstico.
El razonamiento detrás de la cámara
Los estudios de la cámara enseñan algo que vale más allá de la altitud. Una mejoría rápida puede ser temporal. Quien sale de la cámara sintiéndose bien sigue en la misma altitud y puede empeorar de nuevo. Para el razonamiento clínico, esto significa que la respuesta al tratamiento es una pista, y no una conclusión. La conducta debe incluir lo que ocurre después: descenso lo antes posible, reevaluación periódica y un criterio claro de empeoramiento.
Acetazolamida y otros medicamentos
La acetazolamida es el medicamento más estudiado para prevenir el mal agudo de montaña. Wang y colaboradores reunieron 28 ensayos aleatorizados en un metanálisis en red y concluyeron que dosis moderadas de acetazolamida previenen el mal agudo de montaña, con dexametasona e ibuprofeno también reduciendo la incidencia (Wang y colaboradores, 2025). Los mismos autores destacaron que ningún medicamento redujo la incidencia de las formas graves en el análisis (Wang y colaboradores, 2025).
Qué enseña este resultado
Este hallazgo tiene una consecuencia práctica para el razonamiento. Quien usó medicamento preventivo puede tener menos síntomas leves, pero sigue sujeto a las formas graves. Oír "ya tomé el remedio" no debe bajar la vigilancia sobre los signos de alarma. La dosis, las contraindicaciones y la elección entre las opciones quedan en manos del profesional que acompaña al viajero, siguiendo las directrices.
Medicamentos como puente
En el tratamiento, los medicamentos y el oxígeno funcionan como puente hasta el descenso. Keller y colaboradores mostraron que la dexametasona produjo una mejoría más duradera del mal agudo de montaña que la cámara hiperbárica sola (Keller y colaboradores, 1995). Las directrices de la Wilderness Medical Society gradúan las recomendaciones de prevención y tratamiento según la calidad de la evidencia (Luks y colaboradores, 2024). En el edema cerebral de altitud, la dexametasona es el tratamiento medicamentoso principal, y la acetazolamida puede entrar como adyuvante (Luks y colaboradores, 2024). El post sobre toma de decisiones clínicas ayuda a pensar en conductas como elecciones con riesgos y beneficios.
El diferencial: no todo en altitud es mal de montaña
Estar en altitud hace probable el mal de montaña, pero sigue siendo una entre varias hipótesis. La tabla de abajo organiza el diferencial de forma didáctica. Simplifica un campo amplio y debe leerse junto con las fuentes citadas en el texto.
| Hipótesis | Qué lo acerca | Qué ayuda a separarlo |
|---|---|---|
| Mal agudo de montaña | Ascenso reciente, dolor de cabeza con náuseas o fatiga | Mejora con reposo, descenso u oxígeno |
| Edema cerebral de altitud | Ataxia, confusión, somnolencia | Prueba de marcha alterada, empeoramiento progresivo |
| Edema pulmonar de altitud | Falta de aire en reposo, tos | Estertores, saturación baja para la altitud |
| Deshidratación | Poca ingesta de agua, esfuerzo prolongado | Boca seca, orina oscura, mejora con líquidos |
| Hipotermia | Frío, viento, ropa mojada | Temperatura baja, temblores, confusión que mejora al calentar |
| Hipoglucemia | Poca comida, diabetes, esfuerzo | Glucemia baja, mejoría rápida con azúcar |
| Intoxicación | Alcohol, sedantes, hornillo en lugar cerrado | Historia de exposición, otras personas con síntomas |
| Infección | Fiebre, contacto con enfermos | Fiebre alta, signos localizados |
Hipotermia
Brown y colaboradores publicaron una revisión sobre hipotermia accidental, útil para quien atiende en ambientes fríos (Brown y colaboradores, 2012). La confusión y la pérdida de coordinación también forman parte del cuadro de quien se enfría. En montaña, frío y altitud van juntos. Una persona confusa y torpe puede tener edema cerebral, hipotermia o ambas cosas. Medir la temperatura, cuando sea posible, y calentar a la persona mientras se organiza el descenso atiende a las dos hipótesis.
Intoxicación por monóxido de carbono
En refugios y tiendas, los hornillos y calentadores usados en lugares cerrados pueden generar monóxido de carbono. Dolor de cabeza, náuseas y confusión aparecen en los dos cuadros. Una pista útil es el patrón del grupo: cuando varias personas que durmieron en el mismo lugar amanecen con síntomas parecidos, la exposición ambiental sube en la lista. El post sobre probabilidad pretest ayuda a pensar cómo el contexto cambia el peso de cada hipótesis.
Deshidratación e hipoglucemia
Esfuerzo prolongado, aire seco, poco apetito y náuseas llevan fácilmente a la deshidratación y a la hipoglucemia. Los dos cuadros dan cansancio, dolor de cabeza y mareo. Preguntar cuánto bebió y comió la persona, medir la glucemia cuando hay aparato y observar la respuesta a líquidos y azúcar son pasos simples que cambian el diferencial.
El sesgo del "es solo cansancio"
Croskerry describió cómo los errores cognitivos llevan a errores diagnósticos y propuso estrategias para reducirlos (Croskerry, 2003). Graber y colaboradores mostraron que factores cognitivos, como el cierre prematuro, están presentes en buena parte de los errores diagnósticos en medicina interna (Graber y colaboradores, 2005). En la montaña, estos sesgos cobran fuerza.
La explicación que llega primero
Subir cansa. Esa verdad simple se vuelve una trampa cuando el cansancio pasa a explicar cualquier síntoma. La viajera de la escena llamó cansancio al dolor de cabeza y a las náuseas, y el grupo lo aceptó. El antídoto es preguntar qué deja el cansancio sin explicación: el dolor que no pasa con reposo, el tropiezo, la respuesta lenta. El post sobre heurísticas en el razonamiento clínico muestra cómo los atajos útiles pueden engañar.
La presión de la meta
Los grupos con fecha de llegada, viajes caros y expectativas personales presionan para continuar. La propia persona enferma tiende a minimizar los síntomas. Quien evalúa puede sentir que recomendar el descenso es un exceso. Ese escenario favorece el sesgo de seguir el plan incluso ante señales de empeoramiento. Acordar antes del viaje que ciertas señales llevan al descenso, sin discusión, protege al grupo de esa presión.
La confianza excesiva
Quien ya subió sin problemas puede concluir que está protegido. La susceptibilidad varía, y una subida más rápida o más alta puede cambiar el resultado. El post sobre calibración de la confianza discute cómo ajustar la certeza a lo que la evidencia permite.
Cómo ayuda NEXO a entrenar ese razonamiento
En NEXO, el caso del día es ficticio, con presentación clínica real y hasta seis pistas progresivas. Propones un diagnóstico buscando el código en la CIE-10 y recibes una respuesta de proximidad en cinco niveles, que muestra si la hipótesis quedó en el código exacto, en la misma categoría, en el mismo grupo, en el mismo capítulo o en otro capítulo. Ese formato dialoga con el tema de este texto: cuando el contexto parece explicarlo todo, la respuesta de proximidad muestra si te quedaste en el capítulo correcto.
Para usar el caso del día como entrenamiento, prueba tres hábitos. Antes de cada hipótesis, separa lo que es esperable para el contexto de lo que se sale de él. Cuando una pista parezca explicarlo todo, pregúntate qué deja sin explicación. Después del resultado, anota qué pista subestimaste.
Tres ejercicios con casos
Busca la señal de alarma. En cada caso, escribe qué hallazgo te haría pasar de observar a actuar.
Pon a prueba la explicación fácil. Cuando la respuesta parezca obvia, enumera dos hipótesis que producirían los mismos síntomas.
Piensa en el grupo. Pregúntate si otras personas en el mismo entorno tendrían síntomas parecidos, y qué cambiaría eso.
El post sobre diagnóstico diferencial con pistas muestra cómo entrenar ese tipo de razonamiento con casos progresivos.
Los límites de uso del juego están descritos en la página de economía de NEXO. Si investigas la enseñanza del razonamiento clínico, la página para Researcher explica cómo entrar en contacto. Los profesionales que escriben o revisan casos encuentran información en Curator y en Creators, y las instituciones pueden conocer la propuesta en la página Closer.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el mal agudo de montaña?
Es un conjunto de síntomas que aparece en quienes suben a grandes altitudes, con dolor de cabeza acompañado de náuseas, fatiga o mareo. Suele mejorar con reposo, adaptación o descenso.
¿Para qué sirve la escala de Lake Louise?
Para estandarizar la evaluación de los síntomas del mal agudo de montaña. La versión revisada en 2018 puntúa dolor de cabeza, síntomas gastrointestinales, fatiga y mareo, y retiró el ítem de sueño.
¿Qué señales indican un cuadro grave?
Dificultad para caminar en línea recta, confusión, somnolencia, falta de aire en reposo, tos persistente y vómitos repetidos. Esas señales exigen descenso inmediato y evaluación.
¿Por qué es tan importante el descenso?
Porque trata la causa, que es la falta de oxígeno en altitud. El oxígeno, la cámara hiperbárica portátil y los medicamentos ayudan a ganar tiempo mientras se organiza el descenso.
¿La acetazolamida protege contra las formas graves?
Reduce la frecuencia del mal agudo de montaña, según los metaanálisis, y la vigilancia de las señales de alarma sigue siendo necesaria incluso en quien usa el medicamento.
¿Qué otras condiciones se parecen al mal de montaña?
Deshidratación, hipotermia, hipoglucemia, intoxicación por monóxido de carbono, efecto del alcohol o de sedantes e infecciones. La historia de exposición y la respuesta a las medidas simples ayudan a distinguirlas.
Lista de verificación final
- Pregunté por la velocidad de la subida y la altitud en la que durmió la persona.
- Usé la escala de Lake Louise como organización, completando con examen y observación.
- Evalué la marcha y busqué señales de edema cerebral y pulmonar.
- Definí la señal de alarma que lleva al descenso inmediato.
- Consideré deshidratación, hipotermia, hipoglucemia e intoxicación en el diferencial.
- Pregunté qué deja sin explicación el "es solo cansancio".
¿Quieres practicar el razonamiento con pistas progresivas? Juega el caso del día.
Referencias
- Bärtsch P, Merki B, Hofstetter D, et al. Treatment of acute mountain sickness by simulated descent: a randomised controlled trial. BMJ. 1993. PMID 8495155.
- Brown DJ, Brugger H, Boyd J, Paal P. Accidental hypothermia. N Engl J Med. 2012. PMID 23150960.
- Croskerry P. The importance of cognitive errors in diagnosis and strategies to minimize them. Acad Med. 2003. PMID 12915363.
- Graber ML, Franklin N, Gordon R. Diagnostic error in internal medicine. Arch Intern Med. 2005. PMID 16009864.
- Hackett PH, Yarnell PR, Weiland DA, Reynard KB. Acute and Evolving MRI of High-Altitude Cerebral Edema: Microbleeds, Edema, and Pathophysiology. AJNR Am J Neuroradiol. 2019. PMID 30679208.
- Keller HR, Maggiorini M, Bärtsch P, Oelz O. Simulated descent v dexamethasone in treatment of acute mountain sickness: a randomised trial. BMJ. 1995. PMID 7767194.
- Luks AM, Auerbach PS, Freer L, et al. Wilderness Medical Society Clinical Practice Guidelines for the Prevention and Treatment of Acute Altitude Illness: 2019 Update. Wilderness Environ Med. 2019. PMID 31248818.
- Luks AM, Beidleman BA, Freer L, et al. Wilderness Medical Society Clinical Practice Guidelines for the Prevention, Diagnosis, and Treatment of Acute Altitude Illness: 2024 Update. Wilderness Environ Med. 2024. PMID 37833187.
- Maggiorini M, Bühler B, Walter M, Oelz O. Prevalence of acute mountain sickness in the Swiss Alps. BMJ. 1990. PMID 2282425.
- Roach RC, Hackett PH, Oelz O, et al. The 2018 Lake Louise Acute Mountain Sickness Score. High Alt Med Biol. 2018. PMID 29583031.
- Wang J, Lian N, Tang K, et al. Comparative effects of pharmacological interventions for the prevention of acute mountain sickness: A systematic review and Bayesian network meta-analysis. Travel Med Infect Dis. 2025. PMID 40383249.