Uranio empobrecido: qué se sabe del riesgo para la salud

Índice
- Qué es el uranio empobrecido y cómo entra en el cuerpo
- Riesgo químico y riesgo radiológico: dos problemas diferentes
- Lo que muestran los veteranos
- Civiles en Irak, gestación y el límite de la evidencia
- Evaluar a una persona preocupada por la exposición
- Cómo hablar con quien estuvo expuesto
- Estudios en resumen
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Mensajes para llevar
- Referencias
En un caso ficticio, un hombre de 52 años llega al ambulatorio con una carpeta de recortes de periódico. Sirvió como militar en una misión en la que se disparó munición de uranio empobrecido contra blindados. Desde entonces tiene cansancio, dolor en las articulaciones y miedo de cáncer. Un colega suyo murió de linfoma. La pregunta clínica tiene dos capas: existe una carga interna de uranio que justifique examen y vigilancia, y cómo responder a una preocupación legítima sin prometer lo que la evidencia no sostiene.
El uranio empobrecido (UE) es lo que sobra del enriquecimiento del uranio. Por ser muy denso, se emplea en munición perforante y en blindaje. Es un metal pesado con toxicidad química y, al mismo tiempo, un emisor alfa de baja actividad. Este texto separa los dos riesgos, muestra lo que los estudios en veteranos y civiles permiten decir y propone una conversación estructurada con quien estuvo expuesto. La contaminación interna por emisores con antídoto específico queda en los posts de cesio-137 y azul de Prusia y de DTPA para plutonio y americio; el evento agudo con irradiación relevante, en el de síndrome agudo de la radiación. Aquí el eje es otro: riñón, fragmento retenido y comunicación de riesgo.
La lectura conjunta de las revisiones de toxicidad de Briner, Yue y Shaki, del biomonitoreo urinario de veteranos de Dorsey y de Parrish, y de las grandes cohortes militares de Cocco y De Angelis forma el núcleo de este post. Surdyk, Hindin y Al-Hadithi aportan la evidencia en civiles en Irak; McAndrew, el modelo de cuidado informado por exposición (Briner, 2010; Dorsey et al., 2009; Surdyk et al., 2021).
Puntos principales
- El UE tiene cerca del 60 por ciento de la radiactividad del uranio natural y una química semejante; la revisión de Yue lo describe como de radiotoxicidad poco significativa en comparación con el uranio natural (Yue et al., 2018).
- El riñón es el principal blanco de la toxicidad química: en exposición alta, hay necrosis tubular que puede remitir sola o exigir diálisis (Briner, 2010).
- En el biomonitoreo del Departamento de Asuntos de Veteranos de EE. UU. (VA), solo 3 de 1.700 muestras de orina con análisis isotópico mostraron UE, todas de personas con fragmento retenido tras fuego amigo (Dorsey et al., 2009).
- En el metaanálisis de cinco cohortes de la OTAN y en la cohorte italiana SEBAL, la incidencia y la mortalidad por cáncer en general quedaron por debajo de lo esperado (Cocco, 2022; De Angelis et al., 2025).
- En Irak, la mayor parte de los estudios relata asociación positiva, pero con riesgo alto de sesgo y certeza muy baja (Surdyk et al., 2021).
- La conversación con quien estuvo expuesto debe decir lo que se sabe y lo que aún es incierto, sin descartar la queja (McAndrew et al., 2026).
Qué es el uranio empobrecido y cómo entra en el cuerpo
El uranio natural es una mezcla de isótopos. Cuando se separa la fracción rica en uranio-235 para combustible o armas, sobra un material con menos 235U, llamado empobrecido.
El uso militar se explica por la física: alta densidad, capacidad de perforar blindaje y piroforicidad, es decir, la tendencia a inflamarse y fragmentarse en el impacto. La revisión de Yue recuerda que fuerzas de la OTAN dispararon más de 9 toneladas de UE en Kosovo en 1999, y que también hubo uso en la Guerra del Golfo y en otros conflictos de los Balcanes (Yue et al., 2018). La vida media física supera los 4,49 x 10^9 años, lo que explica la preocupación ambiental por suelo y agua (Yue et al., 2018).
Las tres puertas de entrada
Para el clínico, importa menos el origen del metal y más el camino hasta el organismo. La revisión de Shaki separa exposición externa e interna y afirma que la interna es la más relevante (Shaki et al., 2019):
- Inhalación de aerosol. En el impacto contra blanco duro, parte del metal se convierte en partículas finas de óxido que pueden llegar al pulmón profundo y disolverse despacio (Parrish y Haley, 2021).
- Ingestión. Agua y alimento contaminados son la vía descrita para exposición ambiental crónica (Shaki et al., 2019).
- Fragmento retenido. Una esquirla de UE alojada en el músculo libera uranio de forma continua; en los veteranos de EE. UU., solo el fragmento retenido y la participación en un incidente con munición o blindado de UE predijeron UE en la orina (Dorsey et al., 2009).
- Contacto externo. La piel recibe principalmente radiación beta de los productos de decaimiento; es la vía de menor peso en la toxicidad descrita (Shaki et al., 2019).
La clasificación usada por el Departamento de Defensa de EE. UU., por la Organización Mundial de la Salud y por la Royal Society británica divide las situaciones de combate en tres niveles. El nivel I es la inhalación directa del aerosol de impacto, típica de quien está dentro del vehículo alcanzado; el nivel II es la resuspensión del aerosol o la ingestión dentro de un vehículo contaminado; el nivel III es la inhalación de la pluma a distancia o de polvo del suelo (Parrish y Haley, 2021).
Riesgo químico y riesgo radiológico: dos problemas diferentes
La confusión más común en la conversación con pacientes y colegas es tratar el UE como "residuo radiactivo" e ignorar que es, ante todo, un metal pesado. Briner lo deja explícito: su revisión se centra en la toxicidad química justamente para separarla del efecto radiológico y distinguir la exposición baja de la alta (Briner, 2010).
El riñón en el centro
La eliminación del uranio es sobre todo urinaria, y el metal se acumula en el tejido renal. En cantidades altas, el riñón es el órgano diana de la toxicidad aguda, con necrosis tubular potencialmente letal. Según la carga, el riñón puede recuperarse solo o con diálisis (Briner, 2010). En ratas expuestas de forma crónica a cantidades bajas durante 12 meses, hubo alteraciones patológicas sutiles en el riñón, cambios bioquímicos sugestivos de disfunción y anemia atribuida a la pérdida de la función eritropoyética renal (Briner, 2010).
Yue y Shaki describen el mismo patrón: necrosis tubular renal como efecto típico en humanos y animales, y estrés oxidativo, toxicidad mitocondrial e inflamación como mecanismos propuestos (Yue et al., 2018; Shaki et al., 2019). Shaki añade, a partir de la exposición crónica, alteraciones del comportamiento, efectos neurológicos, inmunotoxicidad, embriotoxicidad y hepatotoxicidad, la mayor parte en modelos experimentales (Shaki et al., 2019).
En la práctica, esto desplaza el examen inicial hacia la función renal y la orina, y no hacia el recuento de linfocitos. La evaluación de la lesión renal sigue los criterios generales, discutidos en el post sobre lo que la KDIGO 2026 cambió en la lesión renal aguda; quien ya usa medicamentos nefrotóxicos merece la misma atención descrita en lesión renal por medicamentos (síntesis nuestra).
La comparación con el plomo
Briner, en una revisión anterior, propone mirar el UE a través de la lente de otros metales. Señala semejanzas con el plomo en la vía de exposición, en la química, en el destino metabólico, en los órganos diana y en los efectos en animales, y registra que los militares de EE. UU. llegaron a sugerir que el UE no sería más tóxico que el plomo (Briner, 2006). La comparación ayuda al clínico: un fragmento metálico retenido que libera iones a la sangre es un problema conocido, discutido en el post sobre proyectil retenido y plomo. La diferencia es que, en el UE, el blanco principal es el riñón y el marcador es el uranio urinario con razón isotópica.
Radiación: baja actividad, importancia contextual

El componente radiológico existe, pero es pequeño. Yue afirma que, en comparación con el uranio natural, el UE tiene baja radiactividad y no se considera causa de radiotoxicidad significativa (Yue et al., 2018). Briner, por su parte, registra que la evidencia sigue acumulándose de que el UE ingerido puede representar un riesgo radiológico (Briner, 2010). Las dos frases no se contradicen: el riesgo radiológico es bajo por unidad de masa, y la relevancia crece cuando el emisor alfa permanece mucho tiempo junto al tejido, como en el pulmón o alrededor de una esquirla.
Ese es el punto que separa el UE de los escenarios de bomba sucia y de lesión combinada por radiación y trauma. En estos, la pregunta inmediata es irradiación relevante y triaje hematológico. En el UE de munición, casi siempre la pregunta es metal en el riñón y fragmento en el cuerpo; el seguimiento a largo plazo por radiación, cuando está indicado, sigue la lógica del post de seguimiento tras exposición a la radiación (síntesis nuestra).
Lo que muestran los veteranos
Tres líneas de evidencia se complementan: biomonitorización urinaria, análisis de fragmentos y cohortes a largo plazo.
Orina: la marca isotópica
El programa del VA ofrece medición de uranio en orina de 24 horas a cualquier veterano de la Guerra del Golfo o de conflictos posteriores, con cuestionario de exposición y espectrometría de masas con plasma de acoplamiento inductivo (ICP-MS). Entre 2003 y 2008 llegaron 1.769 muestras; la media fue de 0,009 µg de uranio por gramo de creatinina (Dorsey et al., 2009). Solo 3 de 1.700 muestras con determinación isotópica mostraron marca de UE, y las tres personas habían estado involucradas en incidentes de fuego amigo con munición o vehículo blindado (Dorsey et al., 2009).
La conclusión de los autores es doble. Ninguna orina con marca "empobrecida" apareció en veterano sin fragmento retenido, y el daño futuro relacionado con el UE es improbable en quien no tiene fragmento (Dorsey et al., 2009).

Parrish y Haley fueron más allá. Aplicaron un modelo biocinético estándar para predecir el uranio urinario esperado años después de cada nivel de inhalación y luego usaron espectrometría de alta sensibilidad en 154 veteranos de una muestra poblacional de EE. UU., con enfermedad de la Guerra del Golfo (GWI) definida por criterios estandarizados (Parrish y Haley, 2021). Los resultados fueron claros: la razón 238U/235U fue igual entre quienes tenían GWI y los controles, sin diferencia por nivel de exposición relatado, y el uranio-236, marcador de UE proveniente de combustible reprocesado, fue indetectable (Parrish y Haley, 2021). La GWI, una enfermedad crónica de múltiples síntomas, afecta a cerca del 25 por ciento de los militares enviados en 1991, según los autores (Parrish y Haley, 2021); el estudio indica que la inhalación de UE es una explicación improbable para ella.
Fragmentos: lo que queda en el cuerpo
El Departamento de Defensa de EE. UU. pasó a exigir la caracterización química de todo fragmento retirado de herido en combate. El registro del Joint Pathology Center ya tenía más de 800 fragmentos analizados en el momento de la publicación de Centeno (Centeno et al., 2014). La mayoría era de un metal principal, como hierro, cobre o aluminio, con trazas de antimonio, titanio, uranio y plomo. En un caso de la Guerra del Golfo, la cápsula de tejido alrededor del fragmento contenía uranio, confirmado como empobrecido por la razón isotópica (Centeno et al., 2014).
Los autores defienden que el análisis del fragmento retirado oriente la decisión de retirar otros, el seguimiento y la anticipación de problemas (Centeno et al., 2014). Para el clínico civil, la lección es guardar y mandar analizar esquirlas retiradas de víctimas de conflicto cuando haya sospecha de munición con UE (síntesis nuestra).
La cohorte seguida por el VA
El grupo de Baltimore sigue desde 1993 a veteranos de la Guerra del Golfo expuestos al UE en incidentes de fuego amigo, parte de ellos con fragmento retenido (Glick et al., 2024). En un recorte de 2019, 36 de los 85 veteranos de la cohorte se hicieron oscilometría de impulso y espirometría; seis tenían patrón restrictivo (Glick et al., 2024). Los autores registran que, hasta entonces, el grupo no había identificado efecto del UE sobre la salud pulmonar de esa cohorte (Glick et al., 2024).
Cohortes de militares europeos
En Europa, la preocupación cobró fuerza con el exceso de linfoma de Hodgkin relatado entre militares italianos que sirvieron en los Balcanes (De Angelis et al., 2025). El metanálisis de Cocco reunió cinco cohortes (Dinamarca, Italia, Países Bajos, Noruega y Suecia) de militares de la OTAN en Bosnia y Kosovo. La incidencia de todos los cánceres quedó por debajo de lo esperado, así como la de pulmón y la de casi todos los órganos (Cocco, 2022). El exceso de Hodgkin apareció en los primeros años en la cohorte italiana y desapareció en el seguimiento. El riesgo combinado de cáncer de vejiga fue cerca del doble de lo esperado, con estimación de efecto fijo de 2,16 (IC 95 por ciento 1,35 a 2,97) en tres estudios (Cocco, 2022). El autor concluye que la exposición al UE, no comprobada en esos grupos, es una explicación improbable para los excesos puntuales (Cocco, 2022).
La cohorte italiana SEBAL, con hasta 71.042 militares enviados a los Balcanes entre 1995 y 2004, fue evaluada por primera vez con vinculación individual a bases nacionales de defunción y de hospitalización hasta 2018 (De Angelis et al., 2025). Comparados con la población italiana, los militares tuvieron una razón de mortalidad estandarizada por causas naturales de 0,40 y una razón de hospitalización para todos los cánceres de 0,82 (De Angelis et al., 2025). Hubo un aumento marginal de hospitalización por cáncer de tiroides (39 por ciento) y melanoma (32 por ciento), sin efecto en la mortalidad, y ningún exceso de neoplasia hematológica, incluido el linfoma de Hodgkin (De Angelis et al., 2025).
Civiles en Irak, gestación y el límite de la evidencia
El panorama en civiles es más difícil: guerra, sanciones, otros contaminantes y registros incompletos se suman.
La revisión sistemática de Surdyk buscó en 11 bases estudios observacionales en humanos publicados entre 1990 y 2020 y encontró 2.601 registros (Surdyk et al., 2021). Entraron 36 estudios; 30 de ellos (83 por ciento) relataron asociación positiva entre exposición al uranio y desenlaces adversos (Surdyk et al., 2021). La revisión trata del uranio usado como arma, no solo del UE, y clasificó todo el conjunto como de riesgo alto o probablemente alto de sesgo en el dominio de confusión y juzgó muy baja la certeza de la evidencia para cáncer y para defectos congénitos (Surdyk et al., 2021).
Gestación y defectos congénitos
La duda de familias y gestantes es frecuente y merece una respuesta franca. Hindin y colegas, en una revisión de peso de evidencia, concluyeron que los estudios en animales apoyan con firmeza la posibilidad de que el UE sea teratogénico (Hindin et al., 2005). En humanos, los dos mayores obstáculos para probar causalidad son distinguir el papel del UE de otros teratógenos y documentar la exposición individual de los padres; estudios con biomarcadores aún no se habían reportado (Hindin et al., 2005).
Al-Hadithi y colegas revisaron la literatura sobre defectos congénitos en Irak y sumaron datos directos de una maternidad de Al-Ramadi entre 2000 y 2002 (Al-Hadithi et al., 2012). Para ellos, los estudios disponibles no muestran un aumento claro de defectos congénitos ni una indicación clara de una exposición ambiental, incluido el UE, aunque el país enfrenta varios problemas ambientales desde 1980 (Al-Hadithi et al., 2012).
El consejo a la gestante sobre radiación ionizante en general está en el post de radiación en la gestación. Para el UE, el mensaje honesto combina plausibilidad biológica en animales, ausencia de prueba causal en humanos y un control prenatal de rutina bien hecho (síntesis nuestra).
Evaluar a una persona preocupada por la exposición
La mayor parte de las consultas sobre UE no es una emergencia. Es un veterano, un trabajador humanitario, un refugiado o un periodista que estuvo cerca de combate y quiere saber qué hacer. La guía de abajo es síntesis nuestra a partir de las fuentes leídas.

Preguntas que cambian la conducta
- ¿Dónde y cuándo estuvo, y cuál era la función: dentro de un vehículo alcanzado, rescate en vehículo, área de impacto o base distante? Esto aproxima el nivel I, II o III (Parrish y Haley, 2021).
- ¿Hay esquirlas retenidas, cicatriz de herida por explosión o fragmento visible en una radiografía antigua (Dorsey et al., 2009)?
- ¿Algún fragmento ya fue extraído y analizado (Centeno et al., 2014)?
- ¿Hay enfermedad renal, hipertensión, diabetes o uso de nefrotóxicos que alteren la lectura de la función renal?
- ¿Qué otras exposiciones hubo: humo de quema a cielo abierto, solventes, otros metales, estrés de combate?
Exámenes con propósito
El orden de abajo es síntesis nuestra. Parte del hallazgo de Dorsey de que el fragmento retenido es el principal predictor de carga interna y del papel del riñón como órgano blanco (Dorsey et al., 2009; Briner, 2010).
- Creatinina, tasa de filtración estimada y examen de orina con búsqueda de proteína, como evaluación basal del blanco químico.
- Radiografía de la región de la herida antigua cuando haya historia de esquirlas.
- Uranio en orina de 24 horas, ajustado por la creatinina, con análisis isotópico en laboratorio de referencia, cuando haya fragmento o exposición de nivel I o II.
- Derivación a cirugía para discutir la extracción de un fragmento accesible, con envío del material para análisis químico.
- Exámenes dirigidos por los síntomas, como en cualquier otro paciente, sin atribuir todo de antemano al UE.
¿Y la quelación?
Yue describe el bicarbonato de sodio, por vía oral o infusión venosa lenta, hasta pH urinario entre 8 y 9 como medida antigua para favorecer la eliminación del uranio, con eficiencia baja y riesgo de trastorno acidobásico; la misma revisión recuerda que el DTPA sirvió de patrón de comparación en estudios experimentales, pero que el Ca-DTPA forma complejos inestables con el UE y no es adecuado para quelarlo (Yue et al., 2018). El prospecto del Ca-DTPA, discutido en el post de DTPA para plutonio y americio, afirma que no se espera eficacia contra el uranio. Para exposición antigua y de nivel bajo, las fuentes consultadas apuntan a vigilancia y extracción del fragmento, y la decisión sobre quelación en exposición aguda pertenece al centro de toxicología o de emergencia radiológica (síntesis nuestra).
Cómo hablar con quien estuvo expuesto
La queja de quien cree haber sido contaminado viene cargada de historia: misión, colegas enfermos, noticias y, muchas veces, desconfianza hacia las instituciones. McAndrew y colegas describen que la incertidumbre científica puede generar desacuerdo entre paciente y profesional, caída de la confianza y sensación de que la queja fue descartada o de que hay encubrimiento, lo que llaman traición institucional (McAndrew et al., 2026).
El modelo de cuidado informado por exposición del VA reúne cinco frentes: rastrear exposiciones e integrarlas al cuidado, con comunicación de riesgo y construcción de confianza; formar clínicos para evaluación y consultoría; mantener vigilancia e investigación; invertir en formación de la fuerza laboral; y tener compromiso institucional con el cambio de cultura (McAndrew et al., 2026). Un estudio Delphi citado por los autores enumera como núcleo: comunicación concordante, confianza, evaluar y documentar, ofrecer apoyo y recursos, asumir responsabilidad profesional e integrar al cuidado (McAndrew et al., 2026).
Frases que ayudan
Las frases siguientes son síntesis nuestra, ancladas en los hallazgos citados:
- "Vamos a separar dos cosas: el uranio como metal, que puede afectar el riñón, y el uranio como fuente de radiación, que es débil."
- "Lo que más aumenta la cantidad de uranio en el cuerpo es tener una esquirla alojada. ¿Usted tiene alguna?" (Dorsey et al., 2009)
- "En los grandes estudios con militares europeos, el cáncer en general no quedó por encima de lo esperado; eso no borra lo que usted siente, y vamos a investigar sus síntomas." (Cocco, 2022; De Angelis et al., 2025)
- "Para civiles en Irak, los estudios todavía tienen límites serios; la respuesta honesta es que la ciencia no ha cerrado esa cuestión." (Surdyk et al., 2021)
- "Voy a registrar su exposición en la historia clínica y pedir exámenes con un objetivo claro, y volvemos a conversar con los resultados."
El error que hay que evitar es oscilar entre dos extremos: decir que "el uranio empobrecido es inofensivo" o aceptar que explica todos los síntomas. La primera frase rompe la confianza; la segunda cierra el diagnóstico de otras enfermedades tratables. La salud mental entra en la misma conversación, con el cuidado descrito en el post de salud mental de refugiados cuando la persona viene de un desplazamiento forzado (síntesis nuestra).
Estudios en resumen
| Fuente | Diseño / conjunto | Hallazgo central usado en este texto |
|---|---|---|
| Briner 2010 | Revisión de toxicidad química | Riñón como blanco; necrosis tubular; alteraciones sutiles en ratas tras 12 meses |
| Yue 2018 | Revisión de mecanismos y quelación | Radiactividad cerca del 60 por ciento de la del uranio natural (Yue et al., 2018); bicarbonato de eficiencia baja; Ca-DTPA inadecuado para UE |
| Shaki 2019 | Revisión de toxicodinámica | Exposición interna más relevante; riñón como blanco químico |
| Briner 2006 | Revisión comparada con otros metales | Similitudes con el plomo |
| Dorsey 2009 | Biomonitoreo del VA, orina de 24 h, ICP-MS | 3 de 1.700 muestras con UE, todas con fragmento (Dorsey et al., 2009) |
| Parrish y Haley 2021 | Muestra poblacional de veteranos, espectrometría de alta sensibilidad | 154 veteranos; razón isotópica igual con y sin GWI |
| Centeno 2014 | Registro de fragmentos del Joint Pathology Center | Más de 800 fragmentos; UE confirmado en un caso de 1991 |
| Glick 2024 | Cohorte UE del VA, función pulmonar | 36 de 85 veteranos evaluados en 2019 |
| Cocco 2022 | Metanálisis de 5 cohortes de la OTAN | Cáncer total por debajo de lo esperado; vejiga 2,16 (Cocco, 2022) |
| De Angelis 2025 | Cohorte SEBAL, bases nacionales italianas hasta 2018 | 71.042 militares; SMR 0,40 (De Angelis et al., 2025) |
| Surdyk 2021 | Revisión sistemática, Navigation Guide y GRADE | 30 de 36 estudios positivos; certeza muy baja |
| Hindin 2005 | Revisión de peso de la evidencia | Plausible en animales; causalidad humana indefinida |
| Al-Hadithi 2012 | Revisión y datos de maternidad de Al-Ramadi | Aumento claro de defectos congénitos no demostrado |
| McAndrew 2026 | Descripción del modelo de cuidado del VA | Cinco frentes de cuidado informado por la exposición |
Fuentes: Briner, 2010; Yue et al., 2018; Shaki et al., 2019; Briner, 2006; Dorsey et al., 2009; Parrish y Haley, 2021; Centeno et al., 2014; Glick et al., 2024; Cocco, 2022; De Angelis et al., 2025; Surdyk et al., 2021; Hindin et al., 2005; Al-Hadithi et al., 2012; McAndrew et al., 2026.
Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
En NEXO, el caso del día es ficticio, con presentación clínica real y hasta seis pistas progresivas, y tú propones el diagnóstico buscando el código en la CIE-10. Una pista puede traer "esquirla antigua en el muslo de un veterano" o "creatinina elevada después de una herida por explosión"; otra puede mostrar la razón isotópica del uranio en la orina. La retroalimentación de proximidad en cinco niveles ayuda a separar nefrotoxicidad por metal, lesión renal por medicamento y molestia sin carga interna medible, sin convertir el entrenamiento en un protocolo de campo. El ejercicio útil es verbalizar, ante cada pista, si la pregunta ahora es riñón, fragmento o comunicación.
Preguntas frecuentes
¿El uranio empobrecido es radiactivo?
Sí, pero poco: tiene cerca del 60 por ciento de la radiactividad del uranio natural, y la revisión de Yue lo considera de radiotoxicidad poco significativa en comparación con él (Yue et al., 2018). El riesgo químico al riñón suele pesar más.
¿Quien estuvo cerca de combate necesita medir uranio en la orina?
En veteranos sin fragmento retenido, el biomonitorización del VA y la espectrometría sensible de Parrish y Haley no encontraron marca de UE (Dorsey et al., 2009; Parrish y Haley, 2021). El examen tiene más sentido con esquirla o exposición dentro de un vehículo alcanzado.
¿El uranio empobrecido causa cáncer?
En las cohortes de militares europeos, el cáncer en general quedó por debajo de lo esperado, y los excesos puntuales se consideraron improbables de explicar por el UE (Cocco, 2022; De Angelis et al., 2025). En civiles iraquíes, hay asociaciones reportadas, pero con certeza muy baja (Surdyk et al., 2021).
¿Debo retirar un fragmento de uranio empobrecido?
El fragmento retenido es la principal fuente de carga interna (Dorsey et al., 2009). La decisión quirúrgica considera el acceso, el riesgo de la cirugía y el análisis químico de fragmentos ya retirados, como propone el registro del Joint Pathology Center (Centeno et al., 2014).
¿El DTPA sirve para el uranio?
El prospecto del Ca-DTPA dice que no se espera eficacia contra el uranio, como se discute en el post de DTPA. Yue también considera el Ca-DTPA inadecuado para quelar UE y describe el bicarbonato, de eficiencia baja, para alcalinizar la orina (Yue et al., 2018).
Mensajes para llevar
- Separa los dos riesgos: el UE es primero un metal nefrotóxico y solo después un emisor alfa débil.
- Pregunta por la esquirla: el fragmento retenido es lo que más predice carga interna medible.
- Empieza por el riñón: creatinina y examen de orina son la base; el uranio urinario con razón isotópica entra cuando hay fragmento o exposición alta.
- Lee las cohortes con calma: los militares europeos no muestran exceso global de cáncer; los civiles en Irak tienen evidencia de certeza muy baja.
- Conversa con franqueza: di lo que se sabe, lo que es incierto y lo que se hará, sin descartar la molestia ni atribuir todo al uranio.
Referencias
- Briner W. The toxicity of depleted uranium. Int J Environ Res Public Health. 2010;7(1):303-313. PMID: [20195447](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20195447/). PMC: [PMC2819790](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2819790/).
- Yue YC, Li MH, Wang HB, Zhang BL, He W. The toxicological mechanisms and detoxification of depleted uranium exposure. Environ Health Prev Med. 2018;23(1):18. PMID: [29769021](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/29769021/). PMC: [PMC5956823](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5956823/).
- Shaki F, Zamani E, Arjmand A, Pourahmad J. A review on toxicodynamics of depleted uranium. Iran J Pharm Res. 2019;18(Suppl1):90-100. PMID: [32802091](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32802091/). PMC: [PMC7393059](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7393059/).
- Briner WE. The evolution of depleted uranium as an environmental risk factor: lessons from other metals. Int J Environ Res Public Health. 2006;3(2):129-135. PMID: [16823086](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/16823086/). PMC: [PMC3807504](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3807504/).
- Dorsey CD, Engelhardt SM, Squibb KS, McDiarmid MA. Biological monitoring for depleted uranium exposure in U.S. veterans. Environ Health Perspect. 2009;117(6):953-956. PMID: [19590689](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/19590689/). PMC: [PMC2702412](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2702412/).
- Parrish RR, Haley RW. Resolving whether inhalation of depleted uranium contributed to Gulf War Illness using high-sensitivity mass spectrometry. Sci Rep. 2021;11(1):3218. PMID: [33602963](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33602963/). PMC: [PMC7893152](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7893152/).
- Centeno JA, Rogers DA, van der Voet GB, et al. Embedded fragments from U.S. military personnel - chemical analysis and potential health implications. Int J Environ Res Public Health. 2014;11(2):1261-1278. PMID: [24464236](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24464236/). PMC: [PMC3945537](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3945537/).
- Glick DR, Brown CH, Li L, Gucer P, Gaitens JM, McDiarmid MA, Hines SE. Performance of impulse oscillometry in identifying restrictive lung defects in a veteran cohort. Open Respir Med J. 2024;18:e18743064304109. PMID: [39130647](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39130647/). PMC: [PMC11311798](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC11311798/).
- Cocco P. Cancer incidence among the NATO peacekeeping forces in Bosnia and Kosovo: a systematic review and metanalysis. Med Lav. 2022;113(1):e2022011. PMID: [35226651](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/35226651/). PMC: [PMC8902746](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8902746/).
- De Angelis R, Rossi S, Bugani M, et al. Long-term mortality and hospitalisation among Italian veterans deployed to the Balkans: a retrospective longitudinal study based on individual linkage with national health data. Front Public Health. 2025;13:1605457. PMID: [41048296](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41048296/). PMC: [PMC12491181](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC12491181/).
- Surdyk S, Itani M, Al-Lobaidy M, et al. Weaponised uranium and adverse health outcomes in Iraq: a systematic review. BMJ Glob Health. 2021;6(2):e004166. PMID: [33619039](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33619039/). PMC: [PMC7903104](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7903104/).
- Hindin R, Brugge D, Panikkar B. Teratogenicity of depleted uranium aerosols: a review from an epidemiological perspective. Environ Health. 2005;4:17. PMID: [16124873](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/16124873/). PMC: [PMC1242351](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1242351/).
- Al-Hadithi TS, Al-Diwan JK, Saleh AM, Shabila NP. Birth defects in Iraq and the plausibility of environmental exposure: a review. Confl Health. 2012;6(1):3. PMID: [22839108](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/22839108/). PMC: [PMC3492088](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3492088/).
- McAndrew LM, Burgo-Black L, Hunt SC, Kossoudji A, Mains KC, Shuping E, Llorente MD. Exposure-informed care: why it's important and how the Veterans Affairs does it. Med Care. 2026;64(2 Suppl):S103-S110. PMID: [41385254](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41385254/). PMC: [PMC12704665](https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC12704665/).


