
ERC en el niño: causas, crecimiento y transición

Índice
- Por qué la ERC del niño es otra enfermedad
- Causas: del riñón malformado al gen alterado
- Cómo medir la función renal en el niño
- Crecimiento: la talla como signo vital
- Presión, corazón, anemia y cerebro
- Terapia renal en el mundo: quién tiene acceso
- Transición al cuidado adulto
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Mensajes para llevar a casa
- Referencias
En un caso ficticio, un niño de 9 años llega a la consulta de rutina porque la escuela notó que es el más pequeño de la clase. La madre cuenta que bebe mucha agua, se despierta de noche para orinar y se cansa antes que sus compañeros en el recreo. En la historia clínica hay una ecografía prenatal con los dos riñones dilatados que nadie volvió a mirar. La creatinina está alta para la edad, la presión está por encima del percentil esperado y la hemoglobina está baja. El pediatra necesita juntar las piezas: la baja estatura, la sed y el examen antiguo cuentan la misma historia.
La enfermedad renal crónica (ERC) en el niño es rara, pero pesa mucho. Comienza, en la mayoría de los casos, antes del nacimiento, afecta el crecimiento, la escuela y la familia, y acompaña al paciente hasta la vida adulta. En mayo de 2025, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó la primera resolución de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre salud renal, que cita a niños y gestantes entre los grupos que merecen atención especial (OMS, 2025).
Este texto recorre las causas propias de la infancia, la medida de la función renal, el crecimiento, las complicaciones que cambian el futuro del niño, el acceso desigual al tratamiento en el mundo y el paso al cuidado adulto.
Puntos principales
- Las anomalías congénitas del riñón y del tracto urinario (CAKUT) y las enfermedades hereditarias responden por la mayor parte de la ERC infantil en los registros de países ricos (Harambat et al., 2012).
- En países de renta baja y media, la glomerulonefritis aparece con más frecuencia y el diagnóstico llega más tarde (Pais e Wightman, 2022).
- La altura es un signo vital en el niño con ERC: la baja estatura se asocia a menos trasplante y a más muertes (Bonthuis et al., 2023).
- La hormona de crecimiento tiene criterios definidos y solo entra después de corregir nutrición, acidosis y trastorno mineral (Drube et al., 2019).
- Atención, memoria de trabajo y funciones ejecutivas pueden verse afectadas, lo que pide mirar la escuela (Wijaya et al., 2022).
- La resolución WHA78.6 pide que los países incluyan el cuidado renal en la cobertura universal, con el trasplante como opción preferida (OMS, 2025).
Sumario
- Por qué la ERC del niño es otra enfermedad
- Causas: del riñón malformado al gen alterado
- Cómo medir la función renal en el niño
- Crecimiento: la altura como signo vital
- Presión, corazón, anemia y cerebro
- Terapia renal en el mundo: quién tiene acceso
- Transición al cuidado adulto
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Take-home messages
Por qué la ERC del niño es otra enfermedad
En el adulto, la ERC suele ser la consecuencia tardía de diabetes e hipertensión, y la estadificación por tasa de filtración glomerular (TFG) y albuminuria organiza el riesgo, como muestra el texto sobre la estadificación de la ERC según KDIGO 2024. En el niño, la lógica cambia. La enfermedad nace de un riñón que se formó mal, de un gen alterado o de una glomerulopatía, y convive con un cuerpo que todavía necesita crecer, aprender y madurar.
La diferencia empieza en la propia estadificación. Las categorías de la TFG usadas en el adulto no se aplican antes de los 2 años, porque la filtración del bebé todavía está madurando y es normalmente baja para los estándares adultos (Harambat et al., 2012). Un recién nacido sano tiene una TFG que parece insuficiente por el criterio adulto y que se duplica en las primeras semanas.
Rara, pero de larga duración
La ERC infantil es poco frecuente. En los registros europeos, la incidencia de ERC en los estadios 3 a 5 ronda los 11 a 12 por millón de niños de la misma franja de edad por año (Harambat et al., 2012). La rareza es una trampa. El médico de atención primaria ve pocos pacientes así en su carrera y puede atribuir la baja estatura a la familia, la sed al calor y la anemia a la dieta.
El peso viene del tiempo. Un niño que entra en diálisis a los 5 años puede vivir décadas con la enfermedad. La mortalidad en la terapia renal sustitutiva ronda 30 veces la de niños de la misma edad, incluso en los mejores servicios (Bonthuis et al., 2021). La esperanza de vida estimada para un adolescente con riñón trasplantado es de 63 años, frente a 38 años para quien sigue en diálisis (Harambat et al., 2012).
Lo que el pediatra necesita reconocer
Los signos iniciales son discretos: crecimiento lento, sed y orina en exceso, infecciones urinarias repetidas, presión alta para la edad, cansancio y palidez. El camino clínico para evaluar al niño que pierde terreno sin signos obvios aparece en los ejercicios de razonamiento clínico para pediatría. En los cuadros agudos, el empeoramiento rápido de un niño con ERC puede reconocerse por los puntajes de alerta pediátricos.
Causas: del riñón malformado al gen alterado
CAKUT y enfermedades hereditarias
En el registro estadounidense NAPRTCS, las anomalías congénitas del riñón y del tracto urinario representan el 48 por ciento de los casos de ERC infantil, las enfermedades hereditarias el 10 por ciento y la glomerulonefritis el 14 por ciento (Harambat et al., 2012). Los registros italiano y belga muestran proporciones parecidas, con las anomalías congénitas en torno al 58 por ciento (Harambat et al., 2012). El grupo CAKUT reúne hipoplasia y displasia renal, válvula de uretra posterior, obstrucción de la unión ureteropélvica y reflujo vesicoureteral de alto grado.
Una revisión italiana sumó las causas más frecuentes: CAKUT, síndrome nefrótico corticorresistente, glomerulonefritis y ciliopatías, que juntas superan el 70 por ciento de los casos (Becherucci et al., 2016). La displasia renal, mostrada en la imagen de abajo, es el ejemplo más claro de riñón que no se formó de la manera correcta.

El peso de la genética
La genética cambió el diagnóstico. Más de 600 genes ya se han vinculado a enfermedades renales, y la causa monogénica aparece en el 10 al 60 por ciento de los pacientes, según el grupo estudiado (Cirillo et al., 2023). Cuando la enfermedad comienza antes de los 25 años, cerca del 20 por ciento de los pacientes tiene una causa monogénica identificable (Becherucci et al., 2016). Encontrar el gen cambia el consejo a la familia, evita biopsias y tratamientos inútiles, como corticoide en un síndrome nefrótico genético, y orienta la elección de un donante vivo emparentado.
El riñón que se forma antes de nacer
La formación de las nefronas termina entre las 34 y 36 semanas de gestación, y el bebé no gana nefronas nuevas después de eso (Cirillo et al., 2023). La prematuridad y el bajo peso al nacer reducen el número de nefronas y dejan un riñón con menos reserva para toda la vida. La resolución de la OMS reconoce esa relación al recordar que los trastornos hipertensivos de la gestación llevan a bebés prematuros y de bajo peso, que tienen más riesgo de enfermedad renal (OMS, 2025).
Causas adquiridas y diferencias entre países
La lesión renal aguda es otra puerta de entrada. Afecta al 10 al 35 por ciento de los niños en terapia intensiva pediátrica, y parte de ellos queda con secuela crónica (Cirillo et al., 2023). Los medicamentos nefrotóxicos también cuentan: después de la ifosfamida usada en tumores infantiles, la ERC aparece en hasta el 30 por ciento de los pacientes (Cirillo et al., 2023).
El mapa de las causas cambia con el ingreso del país. En países de ingreso bajo y medio, la glomerulonefritis representa del 30 por ciento a casi el 60 por ciento de las causas registradas (Harambat et al., 2012). Las infecciones repetidas, la falta de saneamiento y el agua contaminada favorecen glomerulopatías y episodios de lesión aguda, mientras que la falta de control prenatal y de atención primaria retrasa el hallazgo de las malformaciones (Pais y Wightman, 2022). La resolución de la OMS lista malaria, dengue, VIH, tuberculosis, hepatitis, sepsis y diarreas entre las infecciones que pueden lesionar el riñón de los niños (OMS, 2025).
Cómo medir la función renal en el niño
Creatinina y las ecuaciones pediátricas
La creatinina depende de la masa muscular, y la masa muscular de un niño cambia cada año. Por eso, las ecuaciones del adulto no sirven. La ecuación de Schwartz junto a la cama, revisada en 2009, usa la talla y la creatinina, y la ecuación CKiD U25, de 2021, combina creatinina y cistatina C, prescinde de la talla y vale hasta los 25 años (Cirillo et al., 2023). La segunda tiene una ventaja práctica en la transición, porque acompaña al paciente sin cambio de fórmula en el paso a la clínica de adultos.
El recién nacido es un caso aparte
En las primeras 72 horas de vida, la creatinina del bebé todavía refleja la de la madre y no sirve para estimar su función (Cirillo et al., 2023). La TFG del recién nacido a término se duplica en los primeros cinco días, se acerca a 60 mL/min/1,73 m² al mes y solo alcanza el valor adulto entre los 18 y los 24 meses (Cirillo et al., 2023). Un valor aislado en la nursery dice poco; la tendencia dice mucho.
Rastrear o no rastrear
El rastreo con tira urinaria en niños sin síntomas es controvertido. La Academia Americana de Pediatría retiró la tira de rutina en 2007 porque el rastreo no se mostró ventajoso, aunque países como Japón, Corea y Taiwán mantienen programas escolares (Harambat et al., 2012). El camino más seguro está en una atención primaria atenta: medir talla y presión en toda consulta y revisar los estudios de imagen del prenatal. Sin seguimiento continuo, esas señales se pierden, como discute el texto sobre los cuatro atributos de la atención primaria.
Crecimiento: la talla como signo vital
Cuánto le roba la ERC a la talla
Más del 35 por ciento de los niños con ERC quedan por debajo del percentil 3 de talla (Becherucci et al., 2016). Cerca del 40 por ciento de los que empiezan terapia renal sustitutiva en la infancia llegan a la vida adulta con talla final reducida (Drube et al., 2019). El mayor perjuicio ocurre temprano. Un tercio de todo el crecimiento posnatal ocurre en los dos primeros años, y en esa fase la nutrición pesa más que cualquier hormona (Becherucci et al., 2016).
Las causas se suman: poca ingesta de calorías, vómitos, acidosis metabólica, pérdida de sal y agua, trastorno mineral y óseo, anemia, resistencia a la hormona de crecimiento y pubertad retrasada. Cada una de ellas pide corrección antes de pensar en la hormona.
La regla de la OMS
Para saber si el niño crece mal, hace falta una regla común. Las curvas de crecimiento infantil de la OMS, lanzadas en 2006, describen cómo deben crecer los niños sanos desde el nacimiento hasta los 5 años e incluyen longitud y talla para la edad, peso, índice de masa corporal e hitos motores (OMS, 2006). En 2007, la OMS extendió las curvas de talla y de índice de masa corporal hasta los 19 años, con una transición suave a los 5 años y puntos de corte alineados con los del adulto (de Onis et al., 2007).
El registro europeo de niños en terapia renal usa criterios de la OMS para evaluar el peso por debajo de los 2 años (Bonthuis et al., 2023). El punto práctico es simple: medir longitud acostado por debajo de los 2 años, talla de pie después, registrar en la curva y calcular la velocidad de crecimiento (Drube et al., 2019).

Talla, trasplante y supervivencia
La talla no es solo estética. En un registro europeo con 11.873 niños en terapia renal, la baja estatura se asoció a menor probabilidad de trasplante y a más del doble de riesgo de muerte, con una razón de riesgo ajustada de 2,30 (Bonthuis et al., 2023). El bajo peso y la obesidad también aumentaron la mortalidad, sobre todo la cardiovascular, en el mismo estudio (Bonthuis et al., 2023). La baja estatura funciona como marcador de enfermedad más grave y de nutrición insuficiente.
Cuándo usar la hormona de crecimiento
El consenso europeo de 2019 definió cuándo indicar la hormona de crecimiento recombinante (Drube et al., 2019):
- ERC en los estadios 3 a 5 o en diálisis, con más de 6 meses de edad.
- Talla por debajo del percentil 3 y velocidad de crecimiento por debajo del percentil 25.
- Desnutrición, acidosis, trastorno de sodio y agua y trastorno mineral ya corregidos, con bicarbonato de al menos 22 mmol/L.
- Paratohormona controlada; valores muy altos contraindican el inicio.
- Después del trasplante, esperar 1 año antes de considerar la hormona.
La dosis recomendada es de 0,045 a 0,05 mg/kg por día, por vía subcutánea, por la noche (Drube et al., 2019). En el metanálisis citado por el consenso, el tratamiento añadió 3,88 cm por año en el primer año respecto al control (Drube et al., 2019). A partir de los 8 a 10 años, muchas niñas y niños aprenden a aplicarse la propia inyección, lo que ya es un paso de la transición.
Presión, corazón, anemia y cerebro
Hipertensión y el corazón
La hipertensión aparece en cerca de la mitad de las niñas y niños con ERC; en la cohorte estadounidense CKiD, el 54 por ciento eran hipertensos y el 38 por ciento tenían hipertensión enmascarada, vista solo en la monitorización ambulatoria (Becherucci et al., 2016). El ensayo ESCAPE, con 385 niñas y niños, mostró que apuntar a una presión por debajo del percentil 50 para la edad redujo en un 35 por ciento el riesgo de progresión de la enfermedad (Becherucci et al., 2016).
El corazón sufre temprano. La hipertrofia del ventrículo izquierdo y la rigidez arterial ya aparecen en la infancia, y las enfermedades cardiovasculares responden por el 30 al 40 por ciento de las muertes de niñas y niños en terapia renal (Harambat et al., 2012). En el registro europeo, la enfermedad cardiovascular fue la causa de muerte más frecuente, por delante de las infecciones (Bonthuis et al., 2021).
Anemia
La anemia crece con la pérdida de función: aparece en el 73 por ciento de las niñas y niños en el estadio 3, el 87 por ciento en el estadio 4 y el 93 por ciento en el estadio 5 (Becherucci et al., 2016). Empeora el cansancio, el apetito, el rendimiento escolar y el corazón. Los lactantes suelen necesitar dosis de eritropoyetina proporcionalmente mayores que las niñas y niños más grandes. El manejo general de la anemia renal está en el texto sobre anemia en la ERC y la KDIGO 2026.
Cognición y escuela
La revisión sistemática de Wijaya y colegas encontró deterioro en atención, habilidades visuoespaciales, memoria de trabajo y funciones ejecutivas en niñas y niños con ERC (Wijaya et al., 2022). Los factores asociados incluyeron más tiempo en hemodiálisis, hipertensión, convulsiones, problemas al nacer y menor escolaridad materna; el trasplante se asoció a mejores resultados (Wijaya et al., 2022). Para la familia, esto significa hablar con la escuela, pedir una evaluación neuropsicológica cuando baja el rendimiento y no atribuir las dificultades a la pereza.
Progresión y pubertad
La progresión tiende a acelerarse en la pubertad. En el estudio italiano ItalKid, el 68 por ciento de las niñas y niños con hipodisplasia renal llegaron a la fase terminal antes de los 20 años (Harambat et al., 2012). Nuevos medicamentos probados en adultos, como finerenona e inhibidores del SGLT2, todavía tienen pocos datos en niñas y niños; hasta 2023, no había ensayo pediátrico registrado con inhibidor del SGLT2 (Cirillo et al., 2023).
Terapia renal en el mundo: quién tiene acceso
Lo que dicen los registros
En Europa, la incidencia de niñas y niños menores de 15 años que empiezan terapia renal sustitutiva se mantuvo estable entre 5,5 y 6,6 por millón por año de 2007 a 2016 (Bonthuis et al., 2021). Cuatro de cada cinco empezaron por diálisis y uno de cada cinco recibió trasplante preventivo, antes de cualquier diálisis (Bonthuis et al., 2021). La supervivencia a 5 años quedó en torno al 94 por ciento, y la supervivencia del injerto a 5 años en el 89 por ciento (Bonthuis et al., 2021).
El otro lado del mapa
Esas cifras describen a la minoría de las niñas y niños del mundo. Cerca del 80 por ciento de las niñas y niños en terapia renal sustitutiva viven en Europa, Japón o América del Norte (Harambat et al., 2012). En buena parte del África subsahariana, la diálisis de mantenimiento pediátrica prácticamente no existe, y menos del 10 por ciento de las niñas y niños con falla renal en el mundo reciben diálisis o trasplante (Pais e Wightman, 2022). Donde el tratamiento sale del bolsillo de la familia, la muerte o el abandono del tratamiento alcanzan del 50 al 80 por ciento de las niñas y niños en series de centros aislados (Pais e Wightman, 2022).
La diálisis peritoneal es la modalidad preferida en niñas y niños pequeños, pero los insumos son caros, y en muchos lugares los padres hacen los recambios manuales durante 12 a 16 horas por día (Pais e Wightman, 2022). La enfermedad de un hijo se convierte en empobrecimiento de toda la familia. El patrón sigue la ley de los cuidados inversos: quien más necesita recibe menos.
La resolución WHA78.6
La resolución aprobada en mayo de 2025 estima que cerca de 674 millones de personas viven con ERC, el 9 por ciento de la población mundial, y proyecta la enfermedad como quinta causa de muerte en 2050 (OMS, 2025). El texto llama a la enfermedad renal la principal causa de gasto catastrófico en salud en muchos países en desarrollo, donde pocos cubren diálisis y trasplante (OMS, 2025).
La resolución pide que los países incluyan el cuidado renal en los paquetes de cobertura universal, con diálisis peritoneal, hemodiálisis, trasplante y cuidado conservador, y con atención especial a gestantes y niños (OMS, 2025). Trata el trasplante como opción preferida para quien tiene condición clínica y pide registros nacionales de enfermedad renal. Los primeros informes de progreso están previstos para 2027, 2029 y 2031. Las alternativas al trasplante humano, como el xenotrasplante de riñón de cerdo, aún están lejos de la realidad pediátrica.
Tabla: la ERC del niño en una página
| Tema | Qué cambia en el niño | Fuente |
|---|---|---|
| Causa principal en países ricos | Anomalías congénitas del riñón y del tracto urinario y enfermedades hereditarias | Harambat et al., 2012 |
| Causa frecuente en países de renta baja y media | Glomerulonefritis, con diagnóstico más tardío | Pais y Wightman, 2022 |
| Estimación de la función | Schwartz de cabecera o CKiD U25; creatinina neonatal sin valor en las primeras 72 horas | Cirillo et al., 2023 |
| Regla de crecimiento | Curvas de la OMS del nacimiento a los 19 años | de Onis et al., 2007 |
| Hormona de crecimiento | Altura por debajo del percentil 3 y velocidad por debajo del percentil 25, tras corregir los factores tratables | Drube et al., 2019 |
| Objetivo de presión | Por debajo del percentil 50 para la edad en el ensayo ESCAPE | Becherucci et al., 2016 |
| Cognición | Atención, memoria de trabajo y funciones ejecutivas | Wijaya et al., 2022 |
| Acceso al tratamiento | Cobertura universal con trasplante como opción preferida | OMS, 2025 |
| Transición | Comenzar al inicio de la adolescencia y transferir en fase estable | Močnik et al., 2022 |
Transición al cuidado adulto
Por qué falla el paso
La pediatría cuida de la familia; la clínica de adultos espera un paciente autónomo. Entre una y otra, el joven puede perder consultas, abandonar los remedios y, en el trasplantado, perder el injerto. Los jóvenes con ERC leve, malformaciones operadas en la infancia o hipertensión sin remedio son los más olvidados, porque no tienen consultas frecuentes (Močnik et al., 2022).
En un estudio esloveno con 100 jóvenes de 17 años o más seguidos en nefrología pediátrica, el 46 por ciento no sabía quién los cuidaría después y cerca de un tercio no sabía cómo la enfermedad afectaba la elección de la profesión y la salud reproductiva (Močnik et al., 2022). Casi todos vivían con los padres, y muchos aún iban a las consultas acompañados.
Cómo hacer la transición
El consenso internacional citado por los autores propone comenzar la preparación al inicio de la adolescencia, entre los 12 y los 14 años, de forma gradual y adecuada al desarrollo, y hacer la transferencia en una fase estable de la enfermedad, después de terminar la escuela (Močnik et al., 2022). La preparación incluye explicar la enfermedad al joven con sus propias palabras, enseñar el nombre y el efecto de los remedios, entrenar la ida solo a la consulta y hablar de profesión, sexualidad, gestación, alcohol y drogas.
El método de comprobar si el paciente entendió vale para el adolescente. Pedirle que explique, con sus propias palabras, por qué toma cada remedio revela lagunas que el sí de cabeza esconde. La consulta conjunta entre nefrólogo pediátrico y de adultos ayuda a pasar el vínculo, y el médico de familia sostiene la continuidad, como muestra el texto sobre longitudinalidad. Los errores más comunes recuerdan los de la transición del alta hospitalaria a la atención primaria: información que no llega, responsable que no está definido y paciente que desaparece.
Quién sigue con quién
Hay acuerdo en que los jóvenes con ERC en los estadios 3 y 4 sean transferidos al nefrólogo de adultos, mientras que quien tiene ERC en los estadios 1 y 2 puede seguir en la atención primaria y volver al especialista si surge progresión, hipertensión o proteinuria (Močnik et al., 2022). Lo importante es que alguien tenga el nombre del joven en la lista.
Volviendo al niño de la apertura
El niño de 9 años tiene los signos típicos de una ERC por malformación urinaria que pasó desapercibida: dilatación renal en el prenatal, poliuria, baja estatura, anemia y presión alta. El siguiente paso es la ecografía, la orina, la estimación de la TFG por ecuación pediátrica y la derivación al nefrólogo pediátrico. Antes de pensar en hormona de crecimiento, el equipo corrige nutrición, acidosis, anemia y trastorno mineral, registra la altura en la curva de la OMS y mide la velocidad de crecimiento en cada consulta. La conversación sobre la transición empieza dentro de tres o cuatro años, pero la autonomía ya puede empezar ahora, con él aprendiendo el nombre de sus propios medicamentos.
Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
En NEXO, el caso del día es ficticio, con presentación clínica real y hasta seis pistas progresivas, y tú propones el diagnóstico buscando el código en la CIE-10.
Los límites de uso del juego están descritos en la página de economía de NEXO. Si investigas la enseñanza del razonamiento clínico, la página para investigadores explica cómo entrar en contacto. Los profesionales que escriben o revisan casos encuentran información en curaduría y en creadores, y las instituciones pueden conocer la propuesta en la página para alianzas. Buscar el código correcto en la CIE-10 completa este entrenamiento.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la causa más común de ERC en el niño?
En los registros de países ricos, las anomalías congénitas del riñón y del tracto urinario, como displasia, hipoplasia y válvula de uretra posterior, vienen en primer lugar, seguidas de las enfermedades hereditarias y glomerulares. En países de renta baja y media, la glomerulonefritis pesa más.
¿Puedo usar la ecuación del adulto para estimar la TFG de un niño?
En el niño se usa la ecuación de Schwartz de cabecera o la CKiD U25, que combina creatinina y cistatina C y vale hasta los 25 años. En el recién nacido, la creatinina de las primeras 72 horas refleja la de la madre.
¿Todo niño bajo con ERC debe recibir hormona de crecimiento?
La hormona entra solo cuando la altura está por debajo del percentil 3, la velocidad de crecimiento por debajo del percentil 25 y los factores tratables, como nutrición, acidosis y trastorno mineral, ya se corrigieron. Después del trasplante, se espera 1 año.
¿La ERC afecta el desempeño escolar?
Puede afectar la atención, la memoria de trabajo y las funciones ejecutivas. La hemodiálisis prolongada, la hipertensión y las convulsiones empeoran el cuadro, y el trasplante se asocia a mejores resultados. La escuela debe entrar en el cuidado.
¿Qué cambia para los niños la resolución de la OMS de 2025?
Pide que los países incluyan el cuidado renal completo en la cobertura universal, con atención especial a niños y gestantes, trata el trasplante como opción preferida y pide registros nacionales de enfermedad renal.
¿A qué edad empezar la transición al nefrólogo de adultos?
La preparación empieza al inicio de la adolescencia, entre los 12 y los 14 años, de forma gradual. La transferencia ocurre en una fase estable de la enfermedad, en general después del fin de la escuela, con consulta conjunta siempre que sea posible.
Mensajes para llevar a casa
- La ERC del niño nace, la mayoría de las veces, de malformaciones urinarias y de genes, y no de diabetes o hipertensión.
- La prematuridad y el bajo peso al nacer dejan menos nefronas para toda la vida.
- La función renal del niño se estima con ecuaciones pediátricas; la creatinina de los primeros días de vida refleja la de la madre.
- La altura es un signo vital: medir en cada consulta, registrar en la curva de la OMS y corregir los factores tratables antes de la hormona de crecimiento.
- Presión por debajo del percentil 50, control de la anemia y atención a la escuela cambian el futuro del niño.
- El acceso a la diálisis y al trasplante pediátricos es profundamente desigual en el mundo, y la resolución WHA78.6 pide cobertura universal (OMS, 2025).
- La transición empieza al inicio de la adolescencia y solo termina cuando alguien asume el cuidado del adulto joven.
Inventario de hitos
- 2006: la OMS lanza las curvas de crecimiento infantil del nacimiento a los 5 años (OMS, 2006).
- 2007: la OMS extiende las curvas de altura y de índice de masa corporal hasta los 19 años (de Onis et al., 2007).
- 2009: el ensayo ESCAPE muestra beneficio del control intensivo de la presión en niños con ERC, y la ecuación de Schwartz se revisa.
- 2019: el consenso europeo define criterios para la hormona de crecimiento en la ERC infantil (Drube et al., 2019).
- 2021: la ecuación CKiD U25 pasa a estimar la TFG del lactante al adulto joven, y el registro europeo publica diez años de datos de terapia renal pediátrica (Bonthuis et al., 2021).
- 2025: la Asamblea Mundial de la Salud aprueba la resolución WHA78.6, la primera sobre salud renal (OMS, 2025).
Juega el caso del día en NEXO.
Referencias
- Harambat J, van Stralen KJ, Kim JJ, Tizard EJ. Epidemiology of chronic kidney disease in children. Pediatr Nephrol. 2012;27(3):363-373. PMID 21713524. DOI 10.1007/s00467-011-1939-1.
- Becherucci F, Roperto RM, Materassi M, Romagnani P. Chronic kidney disease in children. Clin Kidney J. 2016;9(4):583-591. PMID 27478602. DOI 10.1093/ckj/sfw047.
- Cirillo L, De Chiara L, Innocenti S, et al. Chronic kidney disease in children: an update. Clin Kidney J. 2023;16(10):1600-1611. PMID 37779846. DOI 10.1093/ckj/sfad097.
- Drube J, Wan M, Bonthuis M, et al. Clinical practice recommendations for growth hormone treatment in children with chronic kidney disease. Nat Rev Nephrol. 2019;15(9):577-589. PMID 31197263. DOI 10.1038/s41581-019-0161-4.
- Wijaya EA, Solek P, Hakim DDL, et al. Factors Affecting Neurocognitive Function in Children with Chronic Kidney Disease: A Systematic Review. Int J Nephrol Renovasc Dis. 2022;15:277-288. PMID 36329897. DOI 10.2147/IJNRD.S375242.
- Pais P, Wightman A. Addressing the Ethical Challenges of Providing Kidney Failure Care for Children: A Global Stance. Front Pediatr. 2022;10:842783. PMID 35359883. DOI 10.3389/fped.2022.842783.
- Bonthuis M, Vidal E, Bjerre A, et al. Ten-year trends in epidemiology and outcomes of pediatric kidney replacement therapy in Europe: data from the ESPN/ERA-EDTA Registry. Pediatr Nephrol. 2021;36(8):2337-2348. PMID 33483800. DOI 10.1007/s00467-021-04928-w.
- Bonthuis M, Bakkaloglu SA, Vidal E, et al. Associations of longitudinal height and weight with clinical outcomes in pediatric kidney replacement therapy: results from the ESPN/ERA Registry. Pediatr Nephrol. 2023;38(10):3435-3443. PMID 37154961. DOI 10.1007/s00467-023-05973-3.
- Močnik M, Golob Jančič S, Marčun Varda N. Transition of Chronic Pediatric Nephrological Patients to Adult Care Excluding Patients on Renal Replacement Therapy with Literature Review. Children (Basel). 2022;9(7):959. PMID 35883943. DOI 10.3390/children9070959.
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