Xilazina y nitazenos: sobredosis, sedación y heridas

Índice
- Un suministro que cambia más rápido que la clínica
- La sedación que la naloxona no revierte
- Cuánta naloxona reciben las personas
- Las heridas asociadas a la xilazina
- Cuidar la herida fuera del hospital
- Abstinencia, dolor y lo que la xilazina añade
- Detección y límites de la evidencia
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Mensajes clave
- Referencias
En un caso ficticio, un equipo de reducción de daños encuentra a un hombre de 38 años caído en un baño, cianótico, con respiración lenta y pupilas mióticas. Tras una aplicación de naloxona por vía nasal y ventilación con bolsa y mascarilla, vuelve a respirar bien, con saturación normal, pero sigue somnoliento y apenas responde al llamado. Veinte minutos después, despierta agitado, con síntomas de abstinencia. En el antebrazo izquierdo, lejos de cualquier punto de inyección, hay una úlcera oscura y seca, cubierta por una costra adherida.
Dos cambios en el mercado de drogas ilícitas aparecen en este cuadro. El primero es la xilazina, un sedante veterinario mezclado con fentanilo, que prolonga la sedación y está ligado a heridas graves. El segundo son los nitazenos, opioides sintéticos muy potentes que pueden exigir más naloxona. Este texto reúne lo que informes de especialistas, cohortes, revisiones y series clínicas de varios países muestran sobre estas dos sustancias, y dónde la evidencia aún es débil.
Puntos principales
- La naloxona actúa en el receptor opioide y por eso revierte la depresión respiratoria del fentanilo, pero la sedación causada por la xilazina, un agonista alfa 2, puede continuar después de la reversión (Perrone et al., 2024).
- En una cohorte multicéntrica de adultos con sospecha de sobredosis de opioide, la bradicardia a la llegada a urgencias se asoció a mayor probabilidad de detectar xilazina en sangre (Love et al., 2026).
- Las heridas asociadas a la xilazina pasan de ampollas oscuras a costras secas y úlceras profundas, muchas veces lejos del lugar de la inyección (McFadden et al., 2024).
- Para los nitazenos, los relatos apuntan a la necesidad de cantidades mayores y repetidas de naloxona, pero los datos aún provienen de pocos pacientes (Berger et al., 2025).
- Un suministro que cambia más rápido que la clínica
- La sedación que la naloxona no revierte
- Cuánta naloxona reciben las personas
- Las heridas asociadas a la xilazina
- Cuidar la herida fuera del hospital
- Abstinencia, dolor y lo que añade la xilazina
- Detección y límites de la evidencia
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Take-home messages
Un suministro que cambia más rápido que la clínica
La sobredosis de opioide rara vez implica una sola sustancia. El fentanilo ilícito circula mezclado con otras drogas, y dos de ellas han cambiado la presentación clínica en los últimos años. La toxíndrome clásica y la decisión de cuándo aplicar naloxona están descritas en el texto sobre Sobredosis de opioide: toxíndrome y decisión de la naloxona. Aquí el foco es lo que cambia cuando el opioide llega con xilazina o cuando es un nitazeno.
Xilazina
La xilazina es un sedante de uso veterinario, sin aprobación para humanos. Es un agonista de los receptores alfa 2 adrenérgicos y se parece, en el efecto clínico, más a la dexmedetomidina que a la clonidina (Perrone et al., 2024). En la práctica veterinaria, la xilazina intravenosa produce sedación rápida que dura hasta dos horas, pero su farmacología humana está poco estudiada, según el informe de una reunión de especialistas del Clinical Trials Network del National Institute on Drug Abuse.
La mayor parte de los estudios sobre xilazina proviene de Estados Unidos, con relatos también de México, y los datos sobre nitazenos incluyen a Estonia y Australia. En Filadelfia, la clínica de heridas de un servicio de reducción de daños informó que más del 90 por ciento de las muestras de fentanilo no regulado de la ciudad contenían xilazina (McFadden et al., 2024). En la misma clínica, las visitas anuales pasaron a ser cinco veces las de 2020. La presencia de xilazina también se describió en Tijuana, en México, donde un equipo comunitario de reducción de daños informó sobredosis con sedación prolongada (Bufanda et al., 2025).
Nitazenos
En un artículo de perspectiva, Pereira y colegas resumen la historia de este grupo. Los nitazenos son opioides sintéticos del grupo de los bencimidazoles, sintetizados a finales de los años 1950 y nunca aprobados para uso clínico. Su reaparición en el mercado ilícito comenzó en 2019 con el isotonitazeno, seguido de una proliferación rápida de análogos en varios países (Pereira et al., 2025). El etonitazeno se describió como mil veces más potente que la morfina y hasta 10 a 20 veces más potente que el fentanilo, y el isotonitazeno, como unas 500 veces más potente que la morfina (Pereira et al., 2025). La potencia varía entre análogos.
Hasta principios de 2024, se habían identificado 13 análogos de nitazeno en seis regiones del mundo (Clifford et al., 2025). La persona que consume muchas veces no sabe qué está consumiendo (Pereira et al., 2025).
La sedación que la naloxona no revierte
El punto central para quien atiende la sobredosis es farmacológico. La xilazina actúa en el receptor alfa 2, y la naloxona actúa en el receptor opioide. Por eso la naloxona no revierte el efecto de la xilazina (Perrone et al., 2024).
Esto no disminuye el papel de la naloxona. Como la xilazina casi siempre llega junto con un opioide, la naloxona sigue siendo muy eficaz para restaurar el esfuerzo ventilatorio en esa cointoxicación, y el informe recomienda aplicarla según los criterios habituales (Perrone et al., 2024). Según los autores, las situaciones descritas como "sobredosis resistente a la naloxona" representan con frecuencia exposición a varias sustancias.
Qué cambia junto al paciente
La consecuencia práctica es cambiar el objetivo. Quien volvió a respirar bien, pero sigue sedado, puede estar bajo el efecto de la xilazina, y repetir naloxona para forzar el despertar conlleva riesgo de abstinencia precipitada (Perrone et al., 2024). Dosis mayores de naloxona también pueden precipitar una abstinencia más grave (Merchant et al., 2026). En Tijuana, el equipo de reducción de daños relató haber aprendido a centrar la respuesta en la oxigenación y la ventilación, y no en el nivel de conciencia (Bufanda et al., 2025).
Los tres episodios descritos por el equipo muestran el patrón. En el primero, la persona recibió 4 mg de naloxona por vía nasal, respiró bien, permaneció inconsciente unos 20 minutos y luego despertó con abstinencia y agitación (Bufanda et al., 2025). En el segundo, la persona permaneció inconsciente unos 40 minutos y solo necesitó soporte, sin naloxona. En el tercero, la persona recibió 0,4 mg de naloxona por vía intramuscular y permaneció inconsciente unos 12 minutos (Bufanda et al., 2025). La prueba para xilazina y fentanilo fue positiva solo en el primer y el tercer episodio, y por eso no se confirmó la relación con la xilazina en el segundo.
La relación entre sedación y respiración se discute en el texto sobre Depresión respiratoria por opioide: la sedación viene antes. Con xilazina, el orden se invierte: la respiración puede mejorar antes que la conciencia.
Qué le hace la xilazina al corazón y a la presión
La xilazina reduce el tono simpático. El resultado es sedación, con hipotensión y bradicardia en general limitadas (Perrone et al., 2024). En cantidades grandes, puede causar vasoconstricción periférica e hipertensión transitoria.
La cohorte ToxIC Fentalog siguió a adultos con sospecha de sobredosis de opioide en 10 instituciones de 9 estados de Estados Unidos, entre septiembre de 2020 y septiembre de 2023 (Love et al., 2026). Entre 1289 participantes con análisis toxicológico concluido, se detectó xilazina en 238, y 814 tenían opioide sin xilazina. La bradicardia en los primeros signos vitales se asoció a mayor probabilidad de detección de xilazina, con razón de probabilidades ajustada de 2,26 e intervalo de confianza del 95 por ciento entre 1,14 y 4,50, según la tabla 3 y el texto de los resultados (Love et al., 2026). El intervalo excluye el valor nulo.
Entre las personas con xilazina detectada, el 78 por ciento eran hombres y el 75 por ciento estaban en el Nordeste de Estados Unidos (Love et al., 2026). La bradicardia es una pista, pero no basta para diagnosticar la exposición, y el hallazgo vale para esa población.
¿La xilazina hace más grave la sobredosis?
La respuesta aún es incierta. El informe del NIDA afirma que todavía no se han identificado vínculos directos entre la xilazina y los desenlaces de la sobredosis, y que el fentanilo sigue siendo la causa más fuerte de la depresión respiratoria (Perrone et al., 2024). Un estudio de Love y colegas publicado en 2023 en Clinical Toxicology, citado en el informe, encontró, tras el ajuste, menor probabilidad de paro cardíaco y coma en las primeras cuatro horas entre pacientes con exposición confirmada a opioide y xilazina que entre los que tenían solo opioide, sin diferencia en la cantidad total de naloxona y con mortalidad baja en los dos grupos. La razón del hallazgo no está clara.
Cuánta naloxona reciben las personas
La pregunta práctica es si la xilazina o los nitazenos exigen más naloxona. Los datos vienen de estudios pequeños.
Con xilazina y fentanilo
Un estudio observacional piloto siguió a 106 adultos atendidos con sospecha de sobredosis de opioide en dos servicios de emergencia de Estados Unidos, entre octubre de 2022 y enero de 2025 (Merchant et al., 2026). Se detectó fentanilo en el 72 por ciento y xilazina en el 49 por ciento de los participantes (Merchant et al., 2026). La cantidad total media de naloxona fue de 3,45 mg, con desviación estándar de 2,13, y mediana de 4,0 mg (Merchant et al., 2026).
Los participantes en el cuartil más alto de concentración de fentanilo recibieron más naloxona, 4,67 mg en promedio, frente a 3,22 y 2,74 mg en los otros grupos, con p menor que 0,01 (Merchant et al., 2026). En el subgrupo de 52 personas expuestas a la xilazina, el cuartil más alto recibió 5,03 mg, frente a 3,35, 2,92 y 3,27 mg, pero la diferencia no alcanzó significancia estadística, con p mayor que 0,05, en un estudio piloto pequeño (Merchant et al., 2026). Los autores también registran que la concentración de xilazina subió junto con la de fentanilo (rho 0,45, p menor que 0,001), lo que, en nuestra lectura, hace difícil separar el efecto de cada una.
Con nitazenos
Una revisión de alcance buscó estudios publicados entre 2018 y 2024 sobre naloxona e internación en la sobredosis por nitazeno. De las 109 publicaciones tamizadas, 6 entraron, sumando 19 pacientes (Berger et al., 2025). La mediana de la cantidad total de naloxona fue de 6,00 mg para el metonitazeno, 3,06 mg para el etonitazeno, 3,00 mg para el isotonitazeno y 1 mg para el protonitazeno, con p de 0,4 (Berger et al., 2025). La diferencia entre compuestos es inconclusa.
El tiempo medio de internación también varió: 360 horas en el metonitazeno, 122,25 en el etonitazeno, 32,67 en el isotonitazeno y 20 en el protonitazeno (Berger et al., 2025). Algunos pacientes recibieron infusión continua de naloxona durante horas. La comparación de la cantidad de naloxona entre los compuestos no mostró diferencia estadística (p 0,4). Los autores concluyen que los datos son escasos, que la mayoría de los pacientes fue internada y que se usaron dosis altas de naloxona.
Los relatos de quienes usan apuntan en la misma dirección. En Estonia, personas que usan nitazenos los describieron como más fuertes, de inicio más rápido y de efecto más corto que el fentanilo, y relataron que una aplicación de naloxona muchas veces no bastaba (Abel-Ollo et al., 2025). En Australia, la vigilancia de servicios de emergencia confirmó nitazenos en 32 atenciones entre julio de 2020 y febrero de 2024, y los autores registran que la naloxona es eficaz, aunque cantidades mayores y repetidas puedan ser necesarias (Clifford et al., 2025).
Por qué la naloxona sigue funcionando
La potencia alta no significa resistencia a la naloxona. La potencia describe cuánto de la droga se necesita para producir el efecto, y no cuán firmemente se liga al receptor (Schwarz et al., 2025). Los autores recuerdan que la metadona es más potente que la morfina, pero cantidades pequeñas de naloxona desplazan a las dos del receptor. Según ellos, a pesar de la potencia, los nitazenos son revertidos por la naloxona (Schwarz et al., 2025).
La implicación clínica es observar por más tiempo y estar listo para repetir la naloxona, y no abandonar el antídoto.
Las heridas asociadas a la xilazina
El segundo cambio está en la piel, con heridas diferentes de los abscesos ya conocidos en quienes se inyectan drogas.
Cómo evoluciona la herida
La enfermería de la clínica de heridas de Filadelfia describió un curso típico (McFadden et al., 2024):
- Comienza con ampollas de color púrpura oscuro.
- La piel afectada forma una costra seca, oscura y adherida.
- Por debajo, surgen úlceras profundas, que pueden alcanzar todo el espesor de la piel y exponer tendón o hueso.
- Las heridas aparecen también lejos de los sitios de inyección y en personas que solo fuman o inhalan la droga.
- Muchas no tienen los signos clásicos de infección, aunque la costra pueda favorecer la celulitis.
Los autores resaltan que se necesita más investigación para confirmar la xilazina como causa (McFadden et al., 2024). El informe del NIDA también afirma que la xilazina se asocia a úlceras y pérdida de tejido por mecanismos aún desconocidos (Perrone et al., 2024).

Cuando la herida llega al cirujano
Una revisión sistemática registrada en PROSPERO reunió 19 estudios con 92 pacientes con heridas asociadas a la xilazina (Kastury et al., 2026). Entre los 27 pacientes con datos individuales detallados, todos tenían lesión en miembros, 56 por ciento tenían hueso o tendón expuestos y 30 por ciento tenían osteomielitis (Kastury et al., 2026). En el mismo grupo de 27, 78 por ciento pasaron por cirugía, 41 por ciento recibieron injerto, 11 por ciento colgajo libre y 26 por ciento amputación (Kastury et al., 2026).
Todas esas proporciones se refieren a los 27 pacientes con datos individuales, y no a los 92 de la revisión ni a todas las personas con heridas de ese tipo. En esos 27, el cuidado guiado por algoritmo, documentado en 56 por ciento, se asoció con la exposición de hueso o tendón (p 0,007) y con la amputación (p 0,008) (Kastury et al., 2026). Los propios autores interpretan que los algoritmos estructurados tendían a aplicarse donde las heridas eran más graves (Kastury et al., 2026).
Lo que muestra la imagen
Un estudio retrospectivo de 120 pacientes con heridas asociadas a la xilazina describió los hallazgos de imagen (Ordonez et al., 2026). Las heridas estaban en los miembros inferiores en 48 por ciento y en los superiores en 48 por ciento (Ordonez et al., 2026).
Las radiografías mostraron con frecuencia distorsión de las capas de partes blandas y reacción perióstica acentuada. Tomografía y resonancia mostraron necrosis y ulceración de profundidad variable, a veces hasta el músculo. Se describió osteomielitis aguda en 16 por ciento y crónica en 13 por ciento (Ordonez et al., 2026). Los autores advierten contra el exceso de diagnóstico de osteomielitis, ya que la reacción perióstica puede acompañar a la herida sin infección ósea.
Cuidar la herida fuera del hospital
Las heridas cicatrizan despacio, a lo largo de semanas a meses, y muchas personas evitan el hospital por la abstinencia y el dolor (Perrone et al., 2024). Por eso el informe del NIDA considera que buena parte del cuidado puede hacerse en clínicas de baja exigencia, y recuerda que no toda herida exige antibiótico.
El modelo DIME
La clínica de Filadelfia organiza el apósito según el modelo DIME (McFadden et al., 2024):
- D, tejido desvitalizado: desbridamiento autolítico o enzimático, con miel de grado médico o colagenasa.
- I, infección: antibiótico oral y tópico guiado por la microbiología local, cuando está indicado.
- M, humedad: equilibrio de la humedad de la herida, sin dejarla seca ni empapada.
- E, borde: protección de la piel alrededor de la herida.
En la misma tabla, el primer paso es tratar el dolor y la abstinencia antes del apósito, y los apósitos no adherentes ayudan a reducir el dolor en el cambio (McFadden et al., 2024).
En casos de infección, el equipo usa antibióticos orales y tópicos guiados por la microbiología local, y deriva al hospital, con contacto directo entre los equipos, cuando hay costras extensas o sospecha de infección compleja (McFadden et al., 2024).

Lo que dificulta la cicatrización
El informe del NIDA enumera barreras que van más allá del apósito (Perrone et al., 2024). Para quien vive en la calle, es difícil mantener las citas programadas y tener acceso a material de apósito. La nutrición inadecuada, la falta de higiene personal y la inyección dentro de la propia herida aumentan el riesgo de infección profunda. Las heridas abiertas también dificultan el ingreso en centros de tratamiento residencial, que muchas veces no ofrecen cuidado de heridas en el mismo lugar.
La clínica de Filadelfia relata haber leído notas de consulta quirúrgica que dejaban de indicar desbridamiento porque la persona podría seguir usando drogas, y que instituciones de cuidados de enfermería, servicios de desintoxicación y de tratamiento residencial rechazaron a personas por la herida (McFadden et al., 2024). Las infecciones graves en quienes se inyectan, como la endocarditis, tienen desafíos parecidos de permanencia en el hospital, discutidos en el texto sobre Endocarditis en quienes se inyectan drogas y el alta a petición.

Estigma y acceso al cuidado
Las heridas visibles y la sedación prolongada pueden aumentar el estigma contra quienes usan drogas. La clínica de Filadelfia relata rechazos de tratamiento por causa de la herida, y personas que dejan de acudir al hospital por la forma en que son tratadas (McFadden et al., 2024). El lenguaje usado en la historia clínica también influye en la conducta, como muestra el texto sobre Estigma y lenguaje: cómo una etiqueta cambia la conducta clínica.
El razonamiento de reducción de daños, que acepta metas intermedias como cuidar la herida sin exigir abstinencia inmediata, está descrito en el texto sobre Reducción de daños: razonamiento clínico más allá del todo o nada. Los espacios donde la sobredosis puede ser atendida en el momento se discuten en Salas de consumo supervisado: qué dice la evidencia, y la prueba de infecciones en el mismo encuentro, en Hepatitis C y VIH en quienes usan drogas: probar y tratar.
Abstinencia, dolor y lo que la xilazina añade
Quienes usan fentanilo con xilazina pueden tener una abstinencia diferente. El informe del NIDA describe que algunas personas sienten que las estrategias habituales para la abstinencia de opioide no bastan, pero un síndrome de abstinencia propio de la xilazina todavía no ha sido bien caracterizado (Perrone et al., 2024). En una cohorte de 73 pacientes hospitalizados con exposición confirmada a xilazina y fentanilo, presentada por Thakrar y colegas en un congreso en 2023 y citada en el informe, la revisión de historias clínicas encontró menos del 3 por ciento con hipertensión o taquicardia después de la interrupción de la xilazina, y casi todos evolucionaron bien sin terapia intensiva (Perrone et al., 2024).
Signos al ingreso al tratamiento
Un estudio reunió a 36 personas con trastorno por uso de opioide de dos ensayos clínicos armonizados, y la xilazina se detectó en la orina del 69 por ciento de ellas (Strickland et al., 2026). Entre los detectados, concentraciones mayores de xilazina se asociaron con presión sistólica más alta y con puntajes mayores en la escala clínica de abstinencia de opioide (COWS). En la comparación entre personas con y sin xilazina detectada, sin embargo, los autores no encontraron diferencia (Strickland et al., 2026).
Lo que encontró la revisión sistemática
Una revisión sistemática de la literatura de 1957 a 2024 reunió 34 estudios sobre toxicidad, sobredosis, dependencia y abstinencia de xilazina (Owusu-Antwi et al., 2025). Las cantidades reportadas variaron de 40 a 4300 mg, sin umbral tóxico establecido. El manejo de soporte incluyó naloxona, otros agonistas alfa 2, como la clonidina y la dexmedetomidina, y medicamentos gabaérgicos (Owusu-Antwi et al., 2025). La xilazina no tiene antídoto, y los autores concluyen que todavía faltan recomendaciones de tratamiento basadas en evidencia.
El tratamiento del uso de opioide sigue siendo central
La presencia de xilazina no cambia la importancia de ofrecer tratamiento para el trastorno por uso de opioide. La elección entre buprenorfina y metadona aparece en el texto sobre Buprenorfina o metadona: la decisión compartida, y el inicio con fentanilo en el suministro se discute en el texto sobre Abstinencia precipitada y el inicio de la buprenorfina.
Detección y límites de la evidencia
Saber qué hay en la muestra
La confirmación de laboratorio de la xilazina todavía tiene límites. La ventana de detección es corta, y la orina detecta durante más tiempo que la sangre (Perrone et al., 2024). En una cohorte de 128 pacientes hospitalizados, también de Thakrar y colegas y citada en el informe, analizada por cromatografía de gases con espectrometría de masas, ninguna prueba fue positiva después de 43 horas desde el último uso reportado. Por eso la sospecha clínica pesa mucho.
Las tiras reactivas y los servicios de análisis de muestras ayudan a saber qué circula, y están descritos en el texto sobre Chequeo de drogas: qué revela el análisis de la muestra. En Estonia, estudios de residuos de jeringas y datos de incautaciones confirmaron el aumento de los nitazenos a partir de 2022 (Abel-Ollo et al., 2025).
Un mercado que cambia en pocos años
El caso de Estonia, país de cerca de 1,3 millones de habitantes, muestra la velocidad de ese cambio (Abel-Ollo et al., 2025). El número de muertes relacionadas con drogas fue de 39 en 2021, 80 en 2022 y 113 en 2023, mientras los nitazenos se extendían en el mercado (Abel-Ollo et al., 2025). Los autores asocian el aumento con la llegada de esos compuestos y registran más demanda de kits de naloxona para llevar a casa.
Lo que los números todavía no muestran
La tabla reúne las principales cifras de este texto, con el diseño de cada estudio en palabras de los autores.
| Estudio | Diseño | Población | Hallazgo principal |
|---|---|---|---|
| Love, 2026 | Cohorte prospectiva multicéntrica | 1289 adultos con sospecha de sobredosis de opioide, 9 estados de EE. UU. | Bradicardia inicial asociada a xilazina, razón de momios ajustada 2,26, IC 95 de 1,14 a 4,50, tabla 3 (Love et al., 2026) |
| Merchant, 2026 | Estudio piloto observacional | 106 adultos en dos servicios de urgencias de EE. UU. | Naloxona total media de 3,45 mg; diferencia entre cuartiles de xilazina sin significancia estadística (p mayor que 0,05) (Merchant et al., 2026) |
| Berger, 2025 | Revisión de alcance | 19 pacientes en 6 estudios | Mediana de naloxona de 1 a 6 mg según el nitazeno; sin diferencia estadística entre compuestos (p 0,4) |
| Kastury, 2026 | Revisión sistemática | 27 pacientes con datos individuales, de 92 en la revisión | Hueso o tendón expuestos en 56 y amputación en 26 de cada 100 |
| Ordonez, 2026 | Estudio retrospectivo | 120 pacientes con heridas | Osteomielitis aguda en 16 y crónica en 13 de cada 100 |
| Strickland, 2026 | Análisis de dos ensayos clínicos | 36 personas con trastorno por uso de opioides | Xilazina en la orina de 69 de cada 100 |
Fuentes: Love et al., 2026; Merchant et al., 2026; Berger et al., 2025; Kastury et al., 2026; Ordonez et al., 2026; Strickland et al., 2026. Proporciones expresadas por 100 personas del grupo estudiado; cantidades de naloxona en mg (Love et al., 2026; Merchant et al., 2026; Berger et al., 2025).
Casi todos estos estudios vienen de Estados Unidos, y los datos de nitazenos vienen de relatos de pocos pacientes, de la vigilancia australiana y de la experiencia de Estonia. Los datos de países de ingreso bajo y medio todavía son escasos, lo que limita la generalización.
Volviendo al caso
El hombre del caso ficticio volvió a respirar bien con naloxona y ventilación, pero siguió sedado durante unos 20 minutos. Ese patrón concuerda con la cointoxicación por fentanilo y xilazina: la naloxona revirtió la depresión respiratoria del opioide y no actuó sobre la sedación alfa 2 (Perrone et al., 2024).
El equipo mantuvo la vigilancia de la respiración y la oxigenación, esperó el despertar y ofreció atención para la abstinencia. La úlcera oscura y seca del antebrazo, lejos del sitio de inyección, tiene la apariencia descrita en las heridas asociadas a la xilazina (McFadden et al., 2024). Fue derivado a una clínica de heridas de bajo umbral, con tratamiento del dolor antes del vendaje, y recibió información sobre el tratamiento del uso de opioides y un kit de naloxona.
Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
En NEXO, el caso del día es ficticio, con presentación clínica real y hasta seis pistas progresivas, y tú propones el diagnóstico buscando el código en la CIE-10. Notar que una persona que ya respira bien sigue sedada por otro motivo, y no por falta de naloxona, es el mismo ejercicio de reunir pistas y revisar la hipótesis que aparece en el texto sobre sobredosis de opioide: toxíndrome y decisión de la naloxona.
Los límites de uso del juego están descritos en la página de economía de NEXO. Si investigas la enseñanza del razonamiento clínico, la página para Researcher explica cómo ponerse en contacto. Los profesionales que escriben o revisan casos encuentran información en Curator y en Creators, y las instituciones pueden conocer la propuesta en la página para alianzas.
Preguntas frecuentes
¿La naloxona funciona cuando hay xilazina?
Funciona sobre el opioide, que casi siempre está presente, y por eso sigue indicada según los criterios habituales. No revierte la sedación de la xilazina, que actúa en otro receptor (Perrone et al., 2024).
¿Debo repetir naloxona hasta que la persona despierte?
El objetivo es la respiración y la oxigenación, y no la conciencia. En Tijuana, el equipo de reducción de daños empezó a seguir este principio tras episodios de sedación prolongada (Bufanda et al., 2025).
¿Los nitazenos resisten a la naloxona?
Los relatos indican que la naloxona revierte los nitazenos, pero que pueden ser necesarias cantidades mayores y repetidas (Clifford et al., 2025). La revisión de alcance disponible reúne solo 19 pacientes, y las diferencias entre compuestos no tuvieron significancia estadística, con p de 0,4 (Berger et al., 2025).
¿Toda herida en quien usa fentanilo con xilazina necesita antibiótico?
Depende del cuadro. Muchas heridas no tienen signos clásicos de infección, y el informe del NIDA recuerda que no toda herida exige antibiótico (Perrone et al., 2024). Los signos de celulitis, el hueso expuesto o el empeoramiento sistémico piden evaluación médica.
Mensajes clave
- La naloxona sigue siendo central en la sobredosis con xilazina, porque actúa sobre el opioide que la acompaña.
- La sedación de la xilazina puede persistir después de que la respiración mejore, y el objetivo es la ventilación y la oxigenación, no el despertar.
- Los nitacenos son muy potentes y pueden exigir cantidades mayores y repetidas de naloxona, con una observación más prolongada.
- Las heridas asociadas a la xilazina pueden aparecer lejos del lugar de la inyección y avanzar hasta el hueso o el tendón.
- Gran parte del cuidado de las heridas puede hacerse en clínicas de baja exigencia, con tratamiento del dolor y de la abstinencia.
- La evidencia aún es limitada, proviene sobre todo de Estados Unidos y de estudios pequeños, y varios hallazgos no alcanzaron significancia estadística.
Juega el caso del día en NEXO y entrena el razonamiento con pistas progresivas.
Referencias
- Perrone J, Haroz R, D'Orazio J, et al. National Institute on Drug Abuse Clinical Trials Network Meeting Report: Managing Patients Exposed to Xylazine-Adulterated Opioids in Emergency, Hospital and Addiction Care Settings. Ann Emerg Med. 2024;84(1):20-28. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38493376/).
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- Love JS, Vargas-Torres C, Aldy K, et al. Clinical factors linked to xylazine exposure in emergency department patients with illicit opioid overdose. Addiction. 2026;121(5):1227-1236. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41531011/).
- Merchant RC, Chapman B, Martinez PM, et al. Naloxone Administration in Relation to Fentanyl, Xylazine, CNS Depressants, and Stimulants Exposure After Suspected Opioid Overdose: A Pilot Study. Acad Emerg Med. 2026;33(4):e70280. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41931114/).
- Bufanda LP, Montoya AG, Carrillo BT, et al. Managing xylazine-involved overdoses in a community harm reduction setting: lessons from Tijuana, Mexico. Harm Reduct J. 2025;22(1):2. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39755636/).
- Strickland JC, Bergeria CL, Huhn AS, et al. Xylazine Exposure and Association With Early Physiological and Withdrawal Symptoms in People With Opioid Use Disorder. J Addict Med. 2026;20(5):e77-e80. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41668254/).
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