Salida de prisión: muerte por opioides en semanas

Índice
- Por qué las primeras semanas pesan tanto
- El tamaño del riesgo en las grandes cohortes
- La vuelta a casa contada por quienes salieron
- Metadona y buprenorfina en la prisión y después de la salida
- Naloxona para llevar al egreso
- Donde la continuidad se rompe
- Estudios en resumen
- Cómo NEXO ayuda a entrenar ese razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Mensajes para llevar
- Referencias
En una atención ficticia, un hombre de 34 años llega al servicio de urgencias un viernes por la noche, traído por un amigo que lo encontró somnoliento y con la respiración lenta en el baño de una pensión. Salió de prisión el lunes. Pasó dos años allí dentro sin usar heroína y, el primer día de libertad, volvió a usar la misma cantidad de antes. El amigo tenía naloxona en el bolsillo.
La escena resume lo que las grandes cohortes muestran desde hace más de una década: la salida de prisión abre una ventana corta de riesgo muy alto de muerte por intoxicación por opioides. Este texto mira el tamaño de esa ventana, quién corre más riesgo, el relato de quien salió y lo que las fuentes dicen sobre el tratamiento con metadona o buprenorfina y sobre la naloxona. El reconocimiento de la intoxicación está en el post sobre el toxíndrome opioide y la decisión de la naloxona, y la elección del fármaco, en el post sobre buprenorfina o metadona.
Puntos principales
- En el metaanálisis de seis sistemas penitenciarios, la muerte por drogas fue de tres a ocho veces más frecuente en las dos primeras semanas después de la salida que en las semanas 3 a 12 (Merrall et al., 2010).
- En el estado de Washington, la intoxicación por drogas fue la principal causa de muerte después de la salida, y los opioides estaban implicados en el 14,8 por ciento de todas las muertes (Binswanger et al., 2013).
- En las cárceles de Nueva York, recibir metadona o buprenorfina en los últimos días antes de la salida se asoció con menos muertes por intoxicación en el primer mes, en un análisis observacional (Lim et al., 2023).
- En Escocia, la proporción de muertes por opioides ocurridas en las cuatro semanas después de la salida cayó después del programa nacional de naloxona, en una comparación de antes y después sin sorteo (Bird et al., 2016).
- Personas egresadas entrevistadas en Denver y en Massachusetts citaron la pérdida de tolerancia y la droga de calle más fuerte como razones del riesgo (Binswanger et al., 2012; Michener et al., 2024).
- Por qué las primeras semanas pesan tanto
- El tamaño del riesgo en las grandes cohortes
- La vuelta a casa contada por quien salió
- Metadona y buprenorfina en prisión y después de la salida
- Naloxona para llevar a la salida
- Dónde se rompe la continuidad
- Estudios en resumen
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Take-home messages
Por qué las primeras semanas pesan tanto
La explicación más citada es fisiológica. Durante la prisión, el acceso a opioides cae o desaparece, y la tolerancia disminuye. A la salida, la persona que usa drogas tiende a volver al patrón de antes, y la misma cantidad pasa a deprimir la respiración de un organismo que ya no está adaptado. El mecanismo de la depresión respiratoria está detallado en el post sobre sedación antes de la caída de la saturación.
Esta explicación aparece en la voz de quien vivió la salida. En el estudio cualitativo de Denver, con 29 personas egresadas entrevistadas, la falta de conocimiento sobre la tolerancia más baja fue la razón más citada para las intoxicaciones después de la salida, junto con el aumento de la potencia de la droga de calle durante los años de prisión (Binswanger et al., 2012).
La tolerancia, sin embargo, explica solo una parte. Los mismos participantes describieron estrés, falta de vivienda, pérdida de vínculos y la droga disponible en todas partes ya en los primeros días (Binswanger et al., 2012). En Massachusetts, las personas entrevistadas añadieron el suministro de drogas más tóxico y el uso en solitario como factores que empeoran el desenlace (Michener et al., 2024).
Como hipótesis nuestra, sin estudio que la pruebe directamente en las fuentes leídas, la ventana de riesgo puede leerse como la suma de dos efectos que coinciden en el tiempo: la tolerancia perdida y la ruptura del cuidado, cuando el tratamiento recibido dentro de la prisión no continúa fuera.
El tamaño del riesgo en las grandes cohortes
Los estudios vinculan registros de salida de prisión con registros de defunción. La unidad de análisis cambia de un estudio a otro, y eso pesa en la lectura: algunos cuentan personas, otros cuentan salidas, y la misma persona puede salir de prisión varias veces en el periodo.
Washington: la intoxicación como principal causa
El estudio de Washington vinculó 192.944 salidas de 76.461 personas, entre 1999 y 2009, al National Death Index de Estados Unidos; la unidad de análisis fueron las salidas (Binswanger et al., 2013). La mortalidad general fue de 737 por 100.000 personas-año, y la intoxicación por drogas fue la principal causa, con 167 muertes por 100.000 personas-año (Binswanger et al., 2013).
Los opioides estuvieron implicados en 14,8 por ciento de todas las muertes (Binswanger et al., 2013). Comparada con la población general del estado, la razón de mortalidad estandarizada por intoxicación fue de 10,33 (IC 95 por ciento 9,61 a 11,10) (Binswanger et al., 2013). La tasa de muertes por intoxicación fue mayor en la primera semana después de la salida que en las semanas siguientes, lo que los autores no observaron para las otras causas de muerte.
Los autores señalan límites que conviene tener en cuenta al leer: el vínculo entre registros, hecho con criterios estrictos, puede haber dejado de encontrar algunas muertes, y la elección del código de la causa de muerte en el certificado aporta incertidumbre (Binswanger et al., 2013).

Seis sistemas penitenciarios en la misma cuenta
El metanálisis de Merrall reunió seis estudios de seis sistemas penitenciarios, con personas de 18 a 35 años, sumando 69.093 personas-año de seguimiento; hubo 1.033 muertes en las 12 semanas después de la salida, de las cuales 612 ligadas a drogas (Merrall et al., 2010). La comparación central fue entre las semanas 1 y 2 y las semanas 3 a 12.
La razón de muertes por drogas en las dos primeras semanas en relación con las semanas 3 a 12 varió entre los sistemas penitenciarios, y los autores reportaron heterogeneidad entre países (Merrall et al., 2010):
- Reino Unido: 7,5 (IC 95 por ciento 5,7 a 9,9) (Merrall et al., 2010).
- Australia: 4,0 (IC 95 por ciento 3,4 a 4,8) (Merrall et al., 2010).
- Washington: 8,4 (IC 95 por ciento 5,0 a 14,2) (Merrall et al., 2010).
- Nuevo México: 3,1 (IC 95 por ciento 1,3 a 7,1) (Merrall et al., 2010).
El riesgo también cayó de forma gradual. En las semanas 3 y 4, todavía fue mayor que en las semanas 5 a 12, con razón de 1,7 (IC 95 por ciento 1,3 a 2,2) (Merrall et al., 2010). En síntesis nuestra, la ventana se abre de modo abrupto en la salida y se estrecha a lo largo de semanas, sin cerrarse del todo.
Suecia y Nueva Zelanda: el riesgo que persiste
La cohorte nacional sueca siguió a 47.326 personas egresadas durante una mediana de 5,1 años y registró 2.874 muertes, con mortalidad de 1.205 por 100.000 personas-año; la unidad de análisis fueron las personas (Chang et al., 2015). El trastorno por uso de drogas se asoció a más mortalidad, con razón de riesgo ajustada de 1,67 (IC 95 por ciento 1,53 a 1,83), y el trastorno por uso de alcohol, con 1,62 (1,48 a 1,77) (Chang et al., 2015).
En la estimación de los autores, los trastornos por uso de sustancias respondieron por 34 por ciento de las muertes de hombres y 50 por ciento de las de mujeres en la fracción atribuible poblacional (Chang et al., 2015). Los mismos autores advierten que la evidencia de que un tratamiento específico reduzca la mortalidad todavía no es concluyente y que el riesgo continúa más allá de las primeras semanas.
La cohorte nacional de Nueva Zelanda siguió a 90.195 personas durante un promedio de 9,4 años, con 4.764 muertes, y la mortalidad fue 3,3 veces la de la población general (IC 95 por ciento 3,2 a 3,4) (Cunningham et al., 2022). La razón de mortalidad estandarizada por envenenamiento por alcohol y otras drogas fue de 8,7 (7,7 a 9,8) entre hombres y 25,5 (18,7 a 33,9) entre mujeres (Cunningham et al., 2022).
Las razones más altas, para todas las causas, ocurrieron en el primer mes después de la salida, y la de suicidio llegó a 28,8 (IC 95 por ciento 23,3 a 35,4) (Cunningham et al., 2022). A lo largo de todo el seguimiento, las causas más comunes fueron enfermedad cardiovascular, cáncer y suicidio. El riesgo de suicidio en esa ventana dialoga con el post sobre evaluación del riesgo de suicidio.
Quién corre más riesgo
Las mujeres aparecen con riesgo mayor en más de una cohorte. En Washington, la razón de riesgo para muerte por intoxicación fue de 1,38 (IC 95 por ciento 1,12 a 1,69) para mujeres en relación con los hombres (Binswanger et al., 2013). En Nueva Zelanda, la diferencia entre los sexos en el envenenamiento por alcohol y otras drogas también fue grande, aunque las mujeres eran solo 13 por ciento de la cohorte (Cunningham et al., 2022).
El uso de alcohol también pesa. En Malasia, entre 291 hombres con VIH y trastorno por uso de opioides, el uso de alcohol se asoció con más mortalidad después de la salida, con razón de riesgo de 2,0 (IC 95 por ciento 1,1 a 3,9) (Bazazi et al., 2022). La suma de depresores aparece también en el post sobre gabapentinoides y opioides y en el de descontinuación de benzodiazepinas.
Los eventos que no matan
La intoxicación que no mata también se concentra al comienzo. En Victoria, Australia, 400 hombres que se inyectaban drogas antes de la prisión fueron seguidos mediante vinculación con datos de ambulancias; la unidad de análisis fueron los eventos, y 47 participantes tuvieron 70 eventos no fatales (Curtis et al., 2023). La incidencia general fue de 57 por 1.000 personas-año (IC 95 por ciento 45 a 72) y llegó a 587 (306 a 1.129) en los 14 días después de la salida (Curtis et al., 2023). Como solo contaron los eventos atendidos por ambulancia, los autores consideran que los números están subestimados.
La vuelta a casa contada por quienes salieron
En Denver, 29 personas egresadas, nueve de ellas mujeres, fueron entrevistadas en promedio 42 días después de la salida; la unidad de análisis fueron las entrevistas (Binswanger et al., 2012). Dieciséis de ellas habían presenciado o conocían a alguien que tuvo intoxicación después de salir de prisión, y tres habían pasado por la experiencia (Binswanger et al., 2012).
La mayor parte de los participantes conocía el peligro, y aun así describió la vuelta al uso como algo difícil de evitar ante el estrés, la falta de vivienda y la droga ofrecida apenas al salir. Entre los factores de protección, citaron programas estructurados de tratamiento, espiritualidad y recursos de la comunidad, como grupos de ayuda mutua (Binswanger et al., 2012).
Massachusetts: "se espera que ocurra"
En Massachusetts, 38 personas con trastorno por uso de opioides que habían salido de ocho cárceles fueron entrevistadas; la unidad de análisis también fueron las entrevistas (Michener et al., 2024). El título viene de la idea, recurrente en los relatos, de que la intoxicación después de la salida era esperada.
Los participantes describieron el cambio de tolerancia, un suministro de drogas más tóxico y el uso en solitario apenas después de salir, sin ningún "bloqueador", como los factores que más empeoraban el riesgo (Michener et al., 2024). La disponibilidad de materiales de reducción de daños, como jeringas estériles y naloxona, apareció entre los factores de política que influyen en el desenlace.
El cambio en el suministro descrito por los participantes dialoga con el post sobre xilazina y nitazenos. La forma de nombrar a quien sale de prisión también pesa: el post sobre estigma y lenguaje discute cómo "persona que usa drogas" y "persona egresada" cambian la conversación clínica.
Metadona y buprenorfina en la prisión y después de la salida
El tratamiento con agonista opioide, con metadona o buprenorfina, es la principal intervención estudiada para esta ventana. Los datos vienen de cohortes observacionales y de un ensayo con brazo de elección del participante, lo que limita la fuerza de las conclusiones.
Nueva York: el primer mes
En las cárceles de la ciudad de Nueva York, el estudio de Lim siguió a 15.797 adultos con trastorno por uso de opioides en 31.382 encarcelamientos, entre 2011 y 2017; la unidad de análisis fueron los encarcelamientos (Lim et al., 2023). La exposición fue recibir metadona o buprenorfina en los tres últimos días antes de la salida, lo que ocurrió en 17.119 encarcelamientos, frente a 14.263 sin tratamiento; hubo 111 muertes por intoxicación.
En los días 1 a 28 después de la salida, el tratamiento se asoció con menor riesgo de muerte por intoxicación, con razón de riesgo ajustada de 0,20 (IC 95 por ciento 0,08 a 0,46), y con menor mortalidad general, con 0,22 (0,11 a 0,42) (Lim et al., 2023). En los días 29 a 56, la asociación con la mortalidad general se mantuvo, con 0,29 (IC 95 por ciento 0,09 a 0,89) (Lim et al., 2023).
En los días 57 a 365, el resultado para mortalidad general fue inconcluso, con 1,20 (IC 95 por ciento 0,85 a 1,70), y los otros intervalos para muerte por intoxicación también fueron inconclusos (Lim et al., 2023). Los autores describen el análisis como exploratorio y sin registro previo. El valor E de 3,8, calculado para el límite del intervalo de confianza, indica cuánto tendría que pesar un factor de confusión no medido, asociado tanto al tratamiento como a la muerte, para anular el hallazgo (Lim et al., 2023).
En la misma cohorte, el tratamiento antes del egreso se asoció a menos atenciones de emergencia por intoxicación no fatal en los días 1 a 14, con razón de riesgo ajustada de 0,49 (IC 95 por ciento 0,33 a 0,74) (Cherian et al., 2024). Después del día 14, la asociación desapareció, y los autores recuerdan que los datos de urgencias dejan de contar parte de los eventos.
Massachusetts: dos cadenas vecinas
En Massachusetts, dos cadenas vecinas formaron un experimento natural: la de Franklin County ofrecía buprenorfina antes, y la de Hampshire County pasó a ofrecerla solo más tarde (Evans et al., 2022). Fueron 469 personas, 197 en Franklin y 272 en Hampshire, y la unidad de análisis fueron las personas.
La reincidencia criminal fue menor en el grupo de Franklin, con razón de riesgo ajustada de 0,68 (IC 95 por ciento 0,53 a 0,86) (Evans et al., 2022). Cerca del 3 por ciento de los participantes murió en cada cadena, y el estudio no comparó la mortalidad entre los grupos (Evans et al., 2022).
Malasia: cuando el resultado es inconcluso
En Malasia, 291 hombres con VIH y trastorno por uso de opioides participaron en un ensayo abierto con un brazo sorteado y un brazo de elección del participante; la unidad de análisis fueron las personas (Bazazi et al., 2022). Hubo 62 muertes en 872,5 personas-año de seguimiento (Bazazi et al., 2022).
El efecto de la metadona iniciada antes del egreso sobre la mortalidad fue inconcluso, con razón de riesgo de 1,2 (IC 95 por ciento 0,5 a 2,8) (Bazazi et al., 2022). La mayor parte de las muertes fue por causas infecciosas, lo que diferencia a esta población de las cohortes norteamericanas y recuerda el peso de hacerse la prueba y tratar el VIH y la hepatitis C en quienes usan drogas.
Para quienes van a empezar buprenorfina cerca del egreso, la técnica de inicio está en el post sobre abstinencia precipitada.
Naloxona para llevar al egreso
La naloxona es el antagonista que revierte la depresión respiratoria por opioide. La lógica de entregarla al egreso de la prisión parte de una observación de las fuentes: la intoxicación suele ocurrir delante de otras personas, y más de tres cuartos de las personas que se inyectan heroína ya presenciaron una (Strang et al., 2013).
El ensayo N-ALIVE
El ensayo N-ALIVE, en el Reino Unido, se diseñó para sortear la entrega de naloxona al egreso de la prisión y medir las muertes en las cuatro semanas siguientes. El artículo de fundamentación describe un piloto con 5.600 participantes y un ensayo principal previsto con 56.000 (Strang et al., 2013). Según el relato escocés, el sorteo se interrumpió en diciembre de 2014, antes del ensayo principal (Bird et al., 2016).

El programa nacional escocés
Escocia comenzó un programa nacional de naloxona en 2011, con kits entregados también al egreso de la prisión. La evaluación comparó el período anterior, de 2006 a 2010, con el posterior, de 2011 a 2013; la unidad de análisis fueron las muertes por opioides registradas en el país (Bird et al., 2016).
Antes del programa, el 9,8 por ciento de las muertes por opioides (193 de 1.970) ocurrió en las cuatro semanas después del egreso de la prisión; después, la proporción fue del 6,3 por ciento (76 de 1.212) (Bird et al., 2016). La reducción fue del 36 por ciento (IC 95 por ciento 20 a 51), lo que corresponde a cerca de 42 muertes menos (19 a 65), en un período en que se entregaron cerca de 12.000 kits (Bird et al., 2016).
El diseño tiene límites que los propios autores reconocen: la comparación de antes y después no tiene sorteo, y no se pueden excluir factores de confusión que cambiaron en el mismo período. La naloxona aparece en el texto como una medida evaluada a escala nacional, con evidencia observacional, y la conducta ante la intoxicación está en el post sobre el toxíndrome opioide.
Donde la continuidad se rompe
El tratamiento que empieza o continúa dentro de la prisión solo protege si la persona encuentra la siguiente toma del lado de afuera. En Columbia Británica, en Canadá, un estudio vinculó registros de salud y de prisiones en 13.380 salidas de personas con trastorno por uso de opioides, entre 2015 y 2018; la unidad de análisis fueron las salidas (Palis et al., 2022).
Cerca del 25 por ciento de las salidas (3.328) terminaron con la dispensación de tratamiento agonista opioide en hasta dos días (Palis et al., 2022). Entre personas con enfermedad mental, el trastorno por uso de estimulantes se asoció a menor probabilidad de recibir el tratamiento, con razón de momios de 0,73 (IC 95 por ciento 0,64 a 0,84) (Palis et al., 2022). Sin enfermedad mental, el resultado fue inconcluso, con 0,89 (IC 95 por ciento 0,70 a 1,13) (Palis et al., 2022). Los autores describen el análisis como exploratorio.
La ruptura recuerda la de otras transiciones del cuidado, como la discutida en el post sobre el alta hospitalaria y la atención primaria, y la del alta a pedido en el post sobre endocarditis en quienes se inyectan drogas.

Un guion de preguntas antes de la salida
Como síntesis nuestra, sin validación como instrumento, cinco preguntas ayudan a organizar la conversación con la persona egresada o con el equipo que prepara la salida, a la luz de las fuentes anteriores:
- ¿La persona estaba en tratamiento con metadona o buprenorfina, y dónde será la próxima toma después de la salida (Lim et al., 2023; Palis et al., 2022)?
- ¿Sabe que la tolerancia bajó durante la prisión (Binswanger et al., 2012)?
- ¿Sale con naloxona, y alguien cercano sabe usarla (Bird et al., 2016)?
- ¿Hay uso de alcohol o de otros depresores junto con el opioide (Bazazi et al., 2022)?
- ¿Hay señales de riesgo de suicidio, que también se concentra en el primer mes (Cunningham et al., 2022)?
El guion sigue la lógica de la reducción de daños: parte de donde está la persona, incluso cuando pretende volver a usar.
Estudios en resumen
| Estudio | Diseño, muestra y unidad | Hallazgo principal |
|---|---|---|
| Binswanger 2013 | Cohorte, Washington, 192.944 salidas de 76.461 personas; unidad salida | SMR por intoxicación 10,33 (Binswanger et al., 2013) |
| Merrall 2010 | Metanálisis, 6 sistemas penitenciarios, 69.093 personas-año | Semanas 1 y 2 contra 3 a 12: 3,1 a 8,4 (Merrall et al., 2010) |
| Chang 2015 | Cohorte nacional, Suecia, 47.326 personas; unidad persona | Drogas aHR 1,67 (Chang et al., 2015) |
| Cunningham 2022 | Cohorte nacional, Nueva Zelanda, 90.195 personas; unidad persona | SMR general 3,3 (Cunningham et al., 2022) |
| Lim 2023 | Cohorte, cárceles de Nueva York, 31.382 encarcelamientos; unidad encarcelamiento | Días 1 a 28: aHR 0,20 (Lim et al., 2023) |
| Cherian 2024 | Misma cohorte de Nueva York; unidad encarcelamiento | Días 1 a 14: aHR 0,49 (Cherian et al., 2024) |
| Evans 2022 | Experimento natural, 2 cárceles, 469 personas; unidad persona | Reincidencia aHR 0,68 (Evans et al., 2022) |
| Bird 2016 | Antes y después, Escocia, muertes por opioides; unidad muerte | Reducción del 36 por ciento (Bird et al., 2016) |
| Strang 2013 | Fundamentación de ensayo, piloto con 5.600 | La intoxicación suele tener testigo (Strang et al., 2013) |
| Bazazi 2022 | Ensayo abierto, Malasia, 291 hombres; unidad persona | HR 1,2, inconcluso (Bazazi et al., 2022) |
| Palis 2022 | Cohorte, Columbia Británica, 13.380 salidas; unidad salida | Tratamiento en 2 días en cerca del 25 por ciento (Palis et al., 2022) |
| Binswanger 2012 | Cualitativo, Denver, 29 participantes; unidad entrevista | Tolerancia perdida como razón más citada (Binswanger et al., 2012) |
| Michener 2024 | Cualitativo, Massachusetts, 38 participantes; unidad entrevista | Uso solo y droga más tóxica (Michener et al., 2024) |
| Curtis 2023 | Cohorte con vinculación de datos, Victoria, 400 hombres; unidad evento | 587 por 1.000 personas-año en los 14 días (Curtis et al., 2023) |
Fuentes: Binswanger et al., 2013; Merrall et al., 2010; Chang et al., 2015; Cunningham et al., 2022; Lim et al., 2023; Cherian et al., 2024; Evans et al., 2022; Bird et al., 2016; Strang et al., 2013; Bazazi et al., 2022; Palis et al., 2022; Binswanger et al., 2012; Michener et al., 2024; Curtis et al., 2023.
Cómo NEXO ayuda a entrenar ese razonamiento
En NEXO, el caso del día es ficticio, con presentación clínica real y hasta seis pistas progresivas, y tú propones el diagnóstico buscando el código en la CIE-10. Una pista puede traer "hombre somnoliento, con respiración lenta y pupilas puntiformes"; otra, "salió de prisión hace cuatro días". La respuesta de proximidad en cinco niveles ayuda a separar intoxicación por opioides, efecto sumado de otros depresores y causas estructurales de deterioro del nivel de conciencia, sin convertir el entrenamiento en protocolo. El ejercicio útil es preguntar, en cada pista, qué aporta la fecha de salida a la historia.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el riesgo es tan alto justo después de la salida?
En la cohorte de Washington, la tasa de muertes por intoxicación fue mayor en la primera semana que en las semanas siguientes (Binswanger et al., 2013). Personas egresadas entrevistadas en Denver mencionaron la tolerancia más baja después del periodo sin acceso a las drogas y la droga de calle más potente (Binswanger et al., 2012).
¿Cuánto tiempo dura ese riesgo aumentado?
En el metaanálisis de Merrall, la muerte por drogas fue más frecuente en las semanas 1 y 2 que en las semanas 3 a 12, y en las semanas 3 y 4 todavía fue mayor que en las semanas 5 a 12 (Merrall et al., 2010). En Suecia, los autores observaron que el riesgo persiste más allá de las primeras semanas (Chang et al., 2015).
¿El tratamiento con metadona o buprenorfina en prisión reduce las muertes después de la salida?
En las cárceles de Nueva York, el tratamiento en los últimos días antes de la salida se asoció a menos muertes por intoxicación en los primeros 28 días, en un análisis observacional y exploratorio (Lim et al., 2023). En Malasia, entre hombres con VIH, el efecto de la metadona antes de la salida sobre la mortalidad fue inconcluso (Bazazi et al., 2022).
¿Funciona la naloxona entregada al salir?
En Escocia, la proporción de muertes por opioides en las cuatro semanas después de la salida cayó tras el programa nacional de naloxona, en una comparación de antes y después en la que no se pueden excluir factores de confusión (Bird et al., 2016).
¿Quién corre más riesgo?
En Washington, las mujeres tuvieron mayor riesgo de muerte por intoxicación que los hombres (Binswanger et al., 2013). En Malasia, el uso de alcohol se asoció a más mortalidad después de la salida (Bazazi et al., 2022).
Mensajes para llevar
- En los seis sistemas penitenciarios del metaanálisis, la muerte por drogas fue más frecuente en las dos primeras semanas después de la salida que en las semanas 3 a 12 (Merrall et al., 2010).
- En Washington, la intoxicación por drogas fue la principal causa de muerte después de la salida de prisión (Binswanger et al., 2013).
- En las cárceles de Nueva York, el tratamiento con metadona o buprenorfina antes de la salida se asoció a menos muertes en el primer mes, en un estudio observacional (Lim et al., 2023).
- En Escocia, la proporción de muertes por opioides justo después de la salida cayó tras el programa nacional de naloxona, sin sorteo (Bird et al., 2016).
- En Columbia Británica, solo cerca de una cuarta parte de las salidas terminó con tratamiento agonista opioide en hasta dos días (Palis et al., 2022).
Referencias
- Binswanger IA, Blatchford PJ, Mueller SR, Stern MF. Mortality after prison release: opioid overdose and other causes of death, risk factors, and time trends from 1999 to 2009. Ann Intern Med. 2013;159(9):592-600. PMID: 24189594. PMC: PMC5242316.
- Merrall EL, Kariminia A, Binswanger IA, et al. Meta-analysis of drug-related deaths soon after release from prison. Addiction. 2010;105(9):1545-54. PMID: 20579009. PMC: PMC2955973.
- Chang Z, Lichtenstein P, Larsson H, Fazel S. Substance use disorders, psychiatric disorders, and mortality after release from prison: a nationwide longitudinal cohort study. Lancet Psychiatry. 2015;2(5):422-430. PMID: 26360286. PMC: PMC4579558.
- Cunningham R, King PT, Telfer K, et al. Mortality after release from incarceration in New Zealand by gender: A national record linkage study. SSM Popul Health. 2022;20:101274. PMID: 36353095. PMC: PMC9638823.
- Lim S, Cherian T, Katyal M, et al. Association between jail-based methadone or buprenorphine treatment for opioid use disorder and overdose mortality after release from New York City jails 2011-17. Addiction. 2023;118(3):459-467. PMID: 36305669. PMC: PMC9898114.
- Cherian T, Lim S, Katyal M, et al. Impact of jail-based methadone or buprenorphine treatment on non-fatal opioid overdose after incarceration. Drug Alcohol Depend. 2024;259:111274. PMID: 38643529. PMC: PMC11111329.
- Evans EA, Wilson D, Friedmann PD. Recidivism and mortality after in-jail buprenorphine treatment for opioid use disorder. Drug Alcohol Depend. 2022;231:109254. PMID: 35063323. PMC: PMC8852331.
- Bird SM, McAuley A, Perry S, Hunter C. Effectiveness of Scotland's National Naloxone Programme for reducing opioid-related deaths: a before (2006-10) versus after (2011-13) comparison. Addiction. 2016;111(5):883-91. PMID: 26642424. PMC: PMC4982071.
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