
Niño herido en la guerra: explosión, quemadura y reanimación

Índice
- Por qué el niño herido en la guerra es un problema aparte
- El patrón de lesiones en el niño
- Series de conflictos: quién llega y quién muere
- La quemadura que más mata
- La vía aérea pequeña
- El shock que no aparece en la presión
- Volumen, sangre y acceso
- Cómo ayuda NEXO a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Mensajes clave
- Referencias
En un caso ficticio, un niño de 6 años llega a un hospital de campaña media hora después de que un artefacto explote cerca del lugar donde jugaba con otros niños. Tiene quemaduras en la cara, el tórax y los brazos, una herida en el muslo que sangra poco y sangre saliendo de un oído. La presión arterial está normal, y el equipo, cansado después de recibir a tres adultos, casi lo clasifica como estable. La frecuencia cardíaca de 160 y el llenado capilar lento cuentan otra historia.
La explosión que hiere a un adulto y a un niño es la misma. El cuerpo que recibe la energía es diferente, y por eso el patrón de las lesiones, la evolución de la quemadura y la respuesta al choque también lo son. Este texto reúne lo que las revisiones y las series de conflictos recientes muestran sobre esas diferencias y lo que cambian en la reanimación.
Puntos principales
- En una revisión de 74 estudios, los niños heridos por explosión tuvieron más lesiones de cabeza, cara y quemaduras graves que los adultos, y menos lesiones de los miembros inferiores (Milwood Hargrave et al., 2019).
- La quemadura grave del niño herido en explosión fue fatal en el 36 al 40 por ciento de los casos, frente a cerca del 5 por ciento en los adultos militares (Milwood Hargrave et al., 2019).
- En 105 913 víctimas de minas y otros artefactos explosivos, el niño murió menos en total, pero tuvo mayor probabilidad de muerte que el adulto durante el conflicto activo, mientras jugaba y como espectador (Pizzino et al., 2026).
- El niño mantiene la presión arterial hasta perder el 25 al 30 por ciento del volumen de sangre, y la hipotensión es un signo tardío (Abady et al., 2026).
- La hipotensión permisiva usada en el adulto se considera inadecuada en el niño, y el acceso intraóseo es la alternativa cuando la vena falla (Layoun et al., 2026).
- Por qué el niño herido en la guerra es un problema aparte
- El patrón de lesiones en el niño
- Series de conflictos: quién llega y quién muere
- La quemadura que mata más
- La vía aérea pequeña
- El choque que no aparece en la presión
- Volumen, sangre y acceso
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Mensajes para llevar
Por qué el niño herido en la guerra es un problema aparte
Los niños son una parte grande de las víctimas civiles de los conflictos. En una revisión sistemática sobre civiles heridos en guerras, representaron el 23 por ciento de los heridos descritos en los estudios (Chevalley et al., 2024). La misma revisión, con 63 artículos, encontró las extremidades como la región más afectada, seguidas de la cabeza y el tórax.
La exposición también creció. Una revisión publicada en el Lancet estimó que el número de niños no desplazados que viven a hasta 50 kilómetros de un conflicto armado pasó de cerca de 250 millones en 2000 a 368 millones en 2017, y que 36 millones de niños estaban desplazados en 2017 (Bendavid et al., 2021). Muchos de ellos son atendidos por equipos entrenados sobre todo para adultos, en hospitales que perdieron personal, material y energía. El post sobre ataques a servicios de salud en conflictos armados describe cómo ocurre esa pérdida.
Lo que cambia entre las guerras
Las armas cambiaron de perfil. Los artefactos explosivos usados en áreas pobladas, los restos de munición que quedan en el suelo después de los combates y las minas terrestres producen lesiones diferentes de las del proyectil de arma de fuego. En la revisión del Lancet, entre el 22 y el 55 por ciento de las víctimas de minas terrestres, con mediana del 38 por ciento, eran menores de 18 años (Bendavid et al., 2021). La amputación de miembro fue la lesión más común entre las víctimas de minas de todas las edades, descrita en el 20 al 83 por ciento de ellas (Bendavid et al., 2021).
Cómo este tema difiere de los posts vecinos
El post sobre trauma por explosión y las lesiones que no aparecen de inmediato trata del adulto y de la física de la onda de choque, con el pulmón, el tímpano y el abdomen que empeora después. Aquí el foco es el niño: el patrón de lesiones que cambia con el tamaño y la proporción del cuerpo, la quemadura que mata más y la fisiología que cambia la vía aérea, el acceso y la reposición de volumen. La lesión combinada por radiación y trauma es otro escenario de guerra, con razonamiento propio.
El patrón de lesiones en el niño
La revisión de Milwood Hargrave y colaboradores reunió 74 estudios sobre niños heridos por explosión y comparó los hallazgos con datos de adultos en combate (Milwood Hargrave et al., 2019). El diseño es una revisión narrativa de métodos mixtos, con registros, series de un solo centro y estudios comunitarios de calidad variable. Los números deben leerse como rangos, y la comparación con el adulto proviene de poblaciones diferentes.
Cabeza y cara
La proporción de lesiones de cabeza en los niños varió de 6 a 54 por ciento entre los estudios, frente a 16 a 29 por ciento en los datos de adultos en combate (Milwood Hargrave et al., 2019). Las lesiones de cara aparecieron en 27 a 48 por ciento de los niños, frente a cerca de 10 por ciento de los adultos (Milwood Hargrave et al., 2019). La cabeza proporcionalmente mayor, la altura del niño respecto a la explosión y la falta de casco y chaleco explican parte de esa diferencia.
Extremidades, tórax y abdomen
Las lesiones de las extremidades inferiores fueron menos frecuentes en los niños que en los adultos, según la misma revisión. En un estudio de la guerra civil siria citado por ella, la contusión pulmonar apareció en 51 por ciento de los niños con lesión de tronco, frente a 35 por ciento de los adultos, y el abdomen se afectó con menos frecuencia, 12 frente a 20 por ciento (Milwood Hargrave et al., 2019). La pared torácica más complaciente del niño transmite energía al pulmón sin fracturar costillas, y la ausencia de fractura engaña a quien busca signos externos.
Ojos y oídos
Una revisión de 2026 reunió datos que comparan niños y adultos en órganos menores. La ruptura del oído medio se describió en 17 por ciento de los niños, frente a 3 por ciento de los adultos, y la perforación del globo ocular en 28 frente a 14 por ciento (Layoun et al., 2026). La ceguera apareció en 21 a 28 por ciento de los niños, frente a cerca de 10 por ciento de los adultos (Layoun et al., 2026). El examen de los ojos entra en la evaluación secundaria de todo niño herido en explosión, incluso cuando llora y coopera poco.
Series de conflictos: quién llega y quién muere
La explosión en zona civil suele herir a varias personas a la vez. En la revisión de Milwood Hargrave, los eventos con niños tuvieron víctimas múltiples en 45 a 63 por ciento de los casos descritos, frente a 30 a 40 por ciento en los eventos con adultos (Milwood Hargrave et al., 2019). Una escuela, un mercado o un grupo que juega cerca de un artefacto producen todo un grupo de pacientes pequeños.
Lo que dicen las series de conflictos recientes
En Járkov, Ucrania, un estudio transversal describió 64 niños con lesiones ligadas a la guerra. Las extremidades superiores se afectaron en 31 por ciento, las extremidades inferiores en 28 por ciento y el tórax en 28 por ciento, y 36 por ciento tuvieron lesión grave o crítica (Sennersten et al., 2025). Al alta, 52 por ciento tuvieron buena recuperación, 41 por ciento quedaron con discapacidad moderada, 3 por ciento con discapacidad grave y 5 por ciento murieron (Sennersten et al., 2025).
En Mogadiscio, Somalia, una serie de cinco años reunió 54 niños con lesiones vasculares en zona de conflicto. La arteria braquial fue el vaso más afectado, en 25,9 por ciento, la extremidad se preservó en 53 de los 54 niños y hubo 1 muerte (Ali et al., 2025). La llegada más de 6 horas después de la lesión se asoció a desenlaces peores en la misma serie, lo que pesa en regiones donde el transporte es lento.
El niño en la UCI de un hospital militar
En Camp Bastion, Afganistán, 112 de los 811 ingresos en la UCI del hospital militar, o 14 por ciento, fueron de niños, con mediana de edad de 8 años (Inwald et al., 2014). La explosión de artefacto improvisado fue el mecanismo más común, 73 por ciento de los niños necesitaron ventilación mecánica y 11 por ciento murieron (Inwald et al., 2014). Ninguno de los 8 niños con puntuación de gravedad de lesión superior a 60 tuvo supervivencia conocida: cinco murieron en el hospital y tres fueron trasladados a otros centros, según el mismo estudio. La UCI disponía de ventiladores capaces de ventilar niños a partir de 5 kg y una calculadora de medicamentos pediátricos. En otra serie citada en la revisión de Milwood Hargrave, los niños eran 12 por ciento de los ingresos y ocupaban 35 por ciento de las camas de cuidados intensivos (Milwood Hargrave et al., 2019).
Quién muere y cuándo
La mortalidad varía mucho según el contexto. En un registro citado por la revisión de Milwood Hargrave, con 4913 niños, la mortalidad fue del 8 por ciento (Milwood Hargrave et al., 2019). La misma revisión describe una mortalidad mayor en los niños menores de 8 años: en dos series, del 10 al 18 por ciento, frente al 4 al 7 por ciento entre los 8 y los 16 años.
Menos muertes en total, más riesgo en ciertas situaciones
El mayor análisis disponible reunió 105 913 víctimas de minas terrestres y otros artefactos explosivos, con datos de 17 países o territorios (Pizzino et al., 2026). La letalidad bruta fue del 31,4 por ciento en los niños y del 42,0 por ciento en los adultos (Pizzino et al., 2026). La dirección se invierte cuando el análisis separa la situación en la que estaba la víctima.
Durante la fase de conflicto activo, los niños tuvieron una razón de momios de muerte de 2,72 respecto a los adultos (IC 95: 2,38 a 3,11) (Pizzino et al., 2026). Mientras jugaban, la razón fue de 1,83 (IC 95: 1,47 a 2,29), y como espectadores fue de 1,69 (IC 95: 1,48 a 1,94), según el mismo análisis (Pizzino et al., 2026). El niño que toma un objeto desconocido para jugar está demasiado cerca de él en el momento de la explosión.
La quemadura que más mata
La quemadura es donde más pesa la diferencia entre niño y adulto. En la revisión de Milwood Hargrave, las quemaduras por explosivos fueron menos frecuentes en los niños que en los adultos en combate, pero las quemaduras graves tras la explosión alcanzaron a cerca del 30 por ciento de los niños y fueron fatales en el 36 al 40 por ciento (Milwood Hargrave et al., 2019). En los adultos militares heridos por explosión, la mortalidad por quemadura descrita fue de cerca del 5 por ciento (Milwood Hargrave et al., 2019). La misma revisión encontró una mortalidad del 47 por ciento en los niños quemados en conflicto, frente al 3 por ciento en los quemados fuera de conflicto (Milwood Hargrave et al., 2019).
Por qué el niño quemado empeora más
El niño tiene más superficie corporal en relación con el peso, pierde calor y agua por la quemadura con más rapidez y tiene reservas menores. La lesión por inhalación tuvo una mortalidad del 39 por ciento en los niños, frente al 4 por ciento en los adultos, en una revisión de 2026 (Layoun et al., 2026). La vía aérea más pequeña y más reactiva explica parte de esa diferencia. Los niños de 6 meses a 3 años tuvieron hasta 14 veces más probabilidad que los adultos de necesitar cirugía, como escarotomía y fasciotomía, según la misma revisión.
Medir la superficie quemada
La regla de los nueve del adulto falla en el niño, porque la cabeza es proporcionalmente más grande y las piernas más pequeñas. La revisión de Layoun recomienda la tabla de Lund y Browder, ajustada a la edad, y recuerda que la palma de la mano del niño corresponde a cerca del 1 por ciento de la superficie corporal (Layoun et al., 2026). Los cuidados con humo, monóxido de carbono y cianuro siguen el razonamiento del post sobre quemaduras y humo en la vía aérea.

La vía aérea pequeña
La anatomía de la vía aérea pediátrica cambia la técnica desde el primer minuto. La revisión de Milwood Hargrave recuerda que la parte más estrecha de la vía aérea del niño queda por debajo de las cuerdas vocales, en la región subglótica (Milwood Hargrave et al., 2019). El edema por quemadura o inhalación cierra más rápido un tubo de calibre pequeño.
Posición y protección de la columna
El occipital prominente flexiona el cuello del niño acostado. La revisión de Layoun recomienda un cojín bajo los hombros en los niños menores de 8 años, la maniobra de anteriorización de la mandíbula y cautela con los collares cervicales rígidos, que pueden no servir en el cuello corto (Layoun et al., 2026). La alineación correcta vale más que el collar de tamaño equivocado.
El tórax que necesita descompresión
La pared torácica del niño es más delgada. Datos de ecografía y tomografía mostraron una pared más delgada en los menores de 13 años, y la revisión de Layoun recomienda agujas más cortas para la descompresión del neumotórax a tensión en ese grupo de edad (Layoun et al., 2026). La aguja de adulto puede atravesar estructuras más allá de la pleura.

El shock que no aparece en la presión
La fisiología circulatoria del niño es la mayor trampa en la reanimación. Compensa la pérdida de sangre con taquicardia y vasoconstricción y mantiene la presión arterial hasta perder 25 a 30 por ciento del volumen circulante, lo que hace de la hipotensión un signo tardío y grave (Abady et al., 2026). Cuando la presión cae, la reserva se agotó.
Signos que valen más que la presión
La revisión de Abady sobre trauma pediátrico en servicios con pocos recursos enumera los marcadores precoces que deben activar la reanimación antes de la caída de la presión (Abady et al., 2026):
- taquicardia, signo precoz y sensible de shock en el niño;
- llenado capilar mayor de 2 segundos;
- pulsos periféricos débiles o finos.
La misma revisión incluye el estado mental en la evaluación circulatoria y recomienda la escala AVDN (alerta, voz, dolor, no responde) para la evaluación neurológica rápida.
Presión normal no es estabilidad
La presión normal del niño del caso inicial no descarta shock. La revisión de Layoun considera inadecuada para niños la hipotensión permisiva usada en adultos con hemorragia, porque el niño tiene poca reserva para tolerar una perfusión baja (Layoun et al., 2026). Ante la sospecha de lesión cerebral traumática, la guía del grupo EXTRACCT recomienda evitar la hipotensión y mantener la presión arterial media adecuada para la edad (Wooldridge et al., 2026). El post sobre escores de alerta pediátricos muestra cómo el deterioro del niño aparece antes en los signos vitales combinados.
Volumen, sangre y acceso
Las fuentes coinciden en la urgencia de la reposición y difieren en el detalle. Las revisiones de Layoun y de Abady citan bolos de cristaloide de 20 mL/kg con reevaluación tras cada infusión (Layoun et al., 2026). La guía EXTRACCT, hecha por consenso de especialistas para servicios con pocos recursos, recomienda limitar el cristaloide y dar sangre total o componentes en proporción 1:1:1 lo antes posible en la hemorragia (Wooldridge et al., 2026). En la práctica, la disponibilidad de sangre define qué camino es viable.
El peso que guía todo
En el niño, casi todo se calcula por el peso, y el peso rara vez se conoce a la llegada. La guía EXTRACCT recomienda la cinta de Broselow, que estima el peso por la altura, pero advierte que puede sobreestimar el peso en países de renta baja y media (Wooldridge et al., 2026). En niños desnutridos, como los descritos en el post sobre cólera, sarampión y desnutrición en conflictos armados, el error de estimación puede llevar a volúmenes y medicamentos por encima de lo necesario.
Ácido tranexámico
La guía EXTRACCT describe dos posologías de ácido tranexámico en la hemorragia pediátrica, dentro de las 3 horas de la lesión (Wooldridge et al., 2026). La primera es 15 mg/kg, con máximo de 1 g, seguida de infusión continua de 2 mg/kg por hora durante al menos 8 horas o hasta que cese el sangrado. La segunda es una cantidad única de 25 mg/kg, con máximo de 2 g, sin infusión. La elección depende de lo que el servicio pueda mantener.
Cuando la vena falla
El niño en shock tiene venas finas y colapsadas. La revisión de Layoun indica el acceso intraóseo cuando no se obtiene el venoso con rapidez (Layoun et al., 2026). Por el hueso pasan cristaloide, sangre y medicamentos. Los principios de control de la hemorragia externa, como torniquete y compresión, siguen el post sobre control de hemorragia en campo, con material del tamaño del niño.

Temperatura
Dos detalles metabólicos separan la reanimación pediátrica de la del adulto. El niño pierde calor con rapidez, más aún cuando está quemado, desvestido para el examen y reanimado con líquidos fríos. La guía EXTRACCT recuerda que la hipotermia empeora la coagulopatía y recomienda evitarla desde la llegada (Wooldridge et al., 2026). El post sobre hipotermia accidental detalla los estadios y el recalentamiento.
La glucemia olvidada
El niño tiene una reserva pequeña de glucógeno y puede quedar hipoglucémico durante una reanimación prolongada. La revisión de Layoun recomienda verificar la glucemia y, si está por debajo de 3 mmol/L, corregirla con 2 mL/kg de glucosa al 10 (Layoun et al., 2026). La guía EXTRACCT también incluye la glucemia en la evaluación inicial (Wooldridge et al., 2026).
Una verificación práctica para la llegada
Las fuentes reunidas aquí coinciden en algunos pasos para el niño herido por explosión:
- Estimar el peso, sabiendo que la cinta puede sobreestimarlo en niños desnutridos.
- Posicionar la vía aérea con un cojín bajo los hombros y elegir material del tamaño correcto.
- Buscar choque por la frecuencia cardíaca, el llenado capilar y los pulsos, antes que por la presión.
- Obtener acceso intraóseo si falla la vena.
- Reponer volumen con reevaluación tras cada infusión y priorizar sangre en la hemorragia, si está disponible.
- Calentar al niño y medir la glucemia.
- Examinar ojos y oídos en la evaluación secundaria.
Qué comparan los estudios
| Fuente y diseño | A quién se estudió | Desenlace | Resultado según lo relatado | Lectura |
|---|---|---|---|---|
| Milwood Hargrave 2019, revisión narrativa de métodos mixtos | 74 estudios sobre niños heridos por explosión | Lesiones de cabeza | 6 a 54, frente a 16 a 29 en adultos en combate | Rangos amplios, poblaciones diferentes |
| Milwood Hargrave 2019, misma revisión | Niños con quemadura grave | Mortalidad | 36 a 40, frente a cerca de 5 en adultos militares | La quemadura pesa más en el niño |
| Layoun 2026, revisión | Datos comparados de niños y adultos | Ruptura del oído medio; perforación ocular | 17 frente a 3; 28 frente a 14 | Ojo y oído merecen un examen activo |
| Pizzino 2026, análisis de bases de datos de 17 países o territorios | 105 913 víctimas de minas y artefactos explosivos | Muerte | Letalidad de 31,4 en el niño y 42,0 en el adulto; OR 2,72 en el conflicto activo (Pizzino et al., 2026) | Menor en el total, mayor en ciertas situaciones |
| Inwald 2014, serie de UCI militar | 112 niños ingresados en Camp Bastion | Muerte | 11 murieron; ninguno de los 8 con puntuación superior a 60 tuvo supervivencia conocida | La gravedad anatómica predice el desenlace |
| Sennersten 2025, estudio transversal | 64 niños heridos en Járkov | Situación al alta | 52 con buena recuperación; 5 murieron | Discapacidad frecuente en los supervivientes |
Fuentes: Milwood Hargrave et al., 2019; Layoun et al., 2026; Pizzino et al., 2026; Inwald et al., 2014; Sennersten et al., 2025. Valores de la tabla en por ciento, excepto los recuentos y la razón de posibilidades (Milwood Hargrave et al., 2019). OR: razón de posibilidades respecto al adulto (Pizzino et al., 2026).
Volviendo al caso
El niño del caso tenía presión normal, pero frecuencia cardíaca de 160 y llenado capilar lento, signos de choque compensado. Con el peso estimado por la cinta y corregido por la delgadez, el equipo obtuvo acceso intraóseo, inició sangre, calentó al niño y midió la glucemia. El examen del oído mostró tímpano perforado, y el de los ojos encontró un cuerpo extraño en la córnea. La quemadura, medida con la tabla de Lund y Browder, se cubrió con film plástico para el traslado.
Cómo ayuda NEXO a entrenar este razonamiento
En NEXO, el caso del día es ficticio, con presentación clínica real y hasta seis pistas progresivas, y tú propones el diagnóstico buscando el código en la CIE-10. Leer el choque del niño en la frecuencia cardíaca y el llenado capilar, y no solo en la presión, es el mismo ejercicio de reunir pistas y revisar la hipótesis que aparece en los ejercicios de razonamiento clínico para pediatría.
Los límites de uso del juego están descritos en la página de economía de NEXO. Si investigas la enseñanza del razonamiento clínico, la página para Researcher explica cómo ponerse en contacto. Los profesionales que escriben o revisan casos encuentran información en Curator y en Creators, y las instituciones pueden conocer la propuesta en la página para alianzas.
Preguntas frecuentes
¿La explosión hiere al niño de la misma forma que al adulto?
El mecanismo es el mismo, pero el patrón cambia. En una revisión de 74 estudios, los niños tuvieron proporcionalmente más lesiones de cabeza, cara y quemaduras graves y menos lesiones de los miembros inferiores que los adultos en combate (Milwood Hargrave et al., 2019).
¿La presión arterial normal descarta el choque en el niño herido?
Descarta poco. El niño mantiene la presión hasta perder 25 a 30 por ciento del volumen de sangre, y la taquicardia, el llenado capilar lento y los pulsos débiles aparecen antes (Abady et al., 2026).
¿La hipotensión permisiva sirve para el niño?
La revisión de Layoun la considera inadecuada en el niño, que tiene poca reserva fisiológica (Layoun et al., 2026). Ante la sospecha de lesión cerebral, la guía EXTRACCT recomienda evitar la hipotensión y mantener la presión media adecuada para la edad.
¿Por qué la quemadura es tan grave en el niño herido en una explosión?
El niño tiene más superficie corporal en relación con el peso, pierde calor y líquido más rápido y tiene una vía aérea más pequeña. En una revisión, la quemadura grave por explosión fue fatal en el 36 al 40 por ciento de los niños (Milwood Hargrave et al., 2019).
Mensajes clave
- El niño herido por explosión tiene más lesiones de cabeza, cara, ojos y oídos que el adulto, y menos lesiones de los miembros inferiores.
- La quemadura por explosión es más letal en el niño, y la lesión por inhalación también.
- La presión arterial cae tarde: taquicardia, llenado capilar lento y pulsos débiles indican choque antes.
- La hipotensión permisiva del adulto se considera inadecuada en el niño, y el acceso intraóseo resuelve la vena que falla.
- El peso estimado, la temperatura y la glucemia forman parte de la reanimación desde el primer minuto.
Juega el caso del día en NEXO y entrena el razonamiento con pistas progresivas.
Referencias
- Milwood Hargrave J, Pearce P, Mayhew ER, et al. Blast injuries in children: a mixed-methods narrative review. BMJ Paediatr Open. 2019;3(1):e000452. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/31548997/).
- Bendavid E, Boerma T, Akseer N, et al. The effects of armed conflict on the health of women and children. Lancet. 2021;397(10273):522-532. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33503456/).
- Layoun CJ, Hitti E, El Helou R, et al. Pediatric blast injuries: distinguishing features and unique challenges. Turk J Emerg Med. 2026;26(2):87-93. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/42137065/).
- Wooldridge G, Abantanga F, Ameh E, et al. Explosive Weapons Trauma Care Collective (EXTRACCT) clinical practice guideline: resuscitation of pediatric blast injury patient. World J Surg. 2026;50(1):162-176. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41423257/).
- Sennersten F, Frogh S, Falk G, et al. War's youngest victims: a descriptive cross-sectional study on injury distributions, severity patterns, and outcomes among paediatric trauma patients in Kharkiv, Ukraine. Confl Health. 2025;19(1):50. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/40713682/).
- Inwald DP, Arul GS, Montgomery M, et al. Management of children in the deployed intensive care unit at Camp Bastion, Afghanistan. J R Army Med Corps. 2014;160(3):236-240. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24307254/).
- Chevalley K, Zimmerman J, Mittendorf A, et al. Civilian pattern of injuries in armed conflicts: a systematic review. Scand J Trauma Resusc Emerg Med. 2024;32(1):125. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39633489/).
- Pizzino S, Durham J, Wild HB, et al. A multi-country epidemiological analysis of mortality from landmines and other explosive ordnance. Commun Med (Lond). 2026;6(1). [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41708927/).
- Ali AA, Ahmed FM, Hussein AM, et al. Five-year review of pediatric vascular trauma patterns and management in conflict zones: insights from Somalia. Int J Gen Med. 2025;18:6881-6888. [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41244954/).
- Abady E, Bucciarelli B, Maka MGR, et al. Pediatric trauma management in low-resource emergency departments: from first contact to safe disposition, a narrative review. Int J Emerg Med. 2026;19(1). [PubMed](https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/41872746/).


