Infarto en mujeres: síntomas y retraso diagnóstico

Índice
- El infarto también es una enfermedad de las mujeres
- Los síntomas: más parecidos de lo que se suele decir
- Por qué las etiquetas de típico y atípico estorban
- El retraso empieza antes de llegar al hospital
- El retraso dentro del servicio de salud
- Causas más frecuentes en las mujeres: MINOCA, disección y takotsubo
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Mensajes para llevar
- Referencias
Una profesora de 48 años se despierta con una molestia en el pecho que va y viene, náuseas y cansancio. Piensa que es estrés de fin de semestre. Al día siguiente, acude a un centro de salud, donde le dicen que debe ser ansiedad y recibe la indicación de descansar. Vuelve tres días después, con falta de aire, y solo entonces el ECG y la troponina muestran que tuvo un infarto. Nadie hizo nada absurdo, pero cada etapa sumó horas, y luego días, al diagnóstico.
Historias así son lo bastante comunes como para haber sido estudiadas en detalle. El infarto en las mujeres no es una enfermedad diferente, pero hay diferencias en la forma en que los síntomas se relatan, se interpretan y se valoran, y hay causas de infarto que aparecen más en ellas. Este texto revisa lo que los estudios muestran sobre los síntomas, por qué la etiqueta de síntoma atípico estorba, dónde surgen los retrasos y qué causas piden atención especial.
Puntos principales
- El dolor torácico es el síntoma más común de infarto tanto en mujeres como en hombres.
- Las mujeres relatan con más frecuencia síntomas asociados, como náuseas, falta de aire y dolor entre las escápulas.
- Las etiquetas de síntoma típico y atípico confunden y pueden perjudicar a las mujeres.
- El retraso aparece antes de la llegada al hospital y también dentro del servicio de salud.
- MINOCA y disección espontánea de coronaria son más frecuentes en mujeres y deben tenerse presentes.
El infarto también es una enfermedad de las mujeres
El infarto agudo de miocardio es la principal causa de muerte entre las mujeres en el mundo (Chandrasekhar y colaboradores, 2018). En Estados Unidos, más de 30 mil mujeres menores de 55 años son internadas por infarto cada año (Chandrasekhar y colaboradores, 2018). En las últimas décadas, la incidencia viene aumentando entre mujeres jóvenes, en el contexto de síndrome metabólico, diabetes y factores no tradicionales como estrés, ansiedad y depresión (Chandrasekhar y colaboradores, 2018).
La frecuencia es menor que en los hombres, pero está lejos de ser rara. En el estudio poblacional neerlandés Lifelines, que siguió a 97203 personas con ECG inicial normal, la incidencia de infarto fue de 1,92 por 1000 personas-año en las mujeres y de 3,30 en los hombres (van der Ende y colaboradores, 2020). El dato más llamativo fue otro: el infarto no se reconoció en 30 de cada 100 mujeres, frente a 16 de cada 100 hombres (van der Ende y colaboradores, 2020). El ECG de seguimiento se hizo tras una mediana de 3,8 años (van der Ende y colaboradores, 2020). Quienes tuvieron infarto no reconocido relataron con menos frecuencia síntomas cardíacos específicos, y los principales predictores fueron hipertensión, tabaquismo y glucemia más alta (van der Ende y colaboradores, 2020).

La enfermedad cardiovascular fue vista durante mucho tiempo como una enfermedad de hombre, y eso afectó el envío de las mujeres a diagnóstico y tratamiento (Al Hamid y colaboradores, 2024). Las propias mujeres tienden a considerarse en menor riesgo que los hombres (Al Hamid y colaboradores, 2024). Esa percepción, sumada a la forma en que se interpretan los síntomas, ayuda a entender los retrasos descritos más adelante.
Los síntomas: más parecidos de lo que se suele decir
El estudio VIRGO incluyó a 2009 mujeres y 976 hombres de 18 a 55 años hospitalizados por infarto en 103 hospitales (Lichtman y colaboradores, 2018). El dolor torácico, definido como dolor, presión, opresión o molestia, fue el síntoma de presentación en 87,0 de cada 100 mujeres y en 89,5 de cada 100 hombres (Lichtman y colaboradores, 2018). La diferencia aparece en los síntomas asociados: 61,9 de cada 100 mujeres tuvieron 3 o más de ellos, frente a 54,8 de cada 100 hombres (Lichtman y colaboradores, 2018). Entre esos síntomas estaban la molestia epigástrica, la palpitación y el dolor en la mandíbula, el cuello, los brazos o entre las escápulas (Lichtman y colaboradores, 2018).
Hay un subgrupo que merece atención. En los análisis ajustados del VIRGO, las mujeres con infarto con supradesnivel del ST tuvieron más probabilidad que los hombres de llegar sin dolor torácico, con razón de probabilidades de 1,51 (Lichtman y colaboradores, 2018).
La tabla siguiente resume las principales cifras del VIRGO (Lichtman y colaboradores, 2018).
| Hallazgo en el VIRGO | Mujeres (de cada 100) | Hombres (de cada 100) |
|---|---|---|
| Dolor torácico en la presentación | 87,0 (Lichtman y colaboradores, 2018) | 89,5 (Lichtman y colaboradores, 2018) |
| 3 o más síntomas asociados | 61,9 (Lichtman y colaboradores, 2018) | 54,8 (Lichtman y colaboradores, 2018) |
| Atribuyeron los síntomas a estrés o ansiedad | 20,9 (Lichtman y colaboradores, 2018) | 11,8 (Lichtman y colaboradores, 2018) |
| Atribuyeron los síntomas a dolor muscular | 15,4 (Lichtman y colaboradores, 2018) | 21,2 (Lichtman y colaboradores, 2018) |
| Buscaron atención antes por los mismos síntomas | 29,5 (Lichtman y colaboradores, 2018) | 22,1 (Lichtman y colaboradores, 2018) |
| Escucharon del profesional que no era del corazón | 53 (Lichtman y colaboradores, 2018) | 37 (Lichtman y colaboradores, 2018) |
Un metaanálisis con 27 estudios confirmó el patrón (van Oosterhout y colaboradores, 2020). Comparadas con los hombres, las mujeres con síndrome coronario agudo tuvieron más probabilidad de presentar dolor entre las escápulas, con razón de probabilidades de 2,15, náusea o vómito, con 1,64, y falta de aire, con 1,34 (van Oosterhout y colaboradores, 2020). Tuvieron menos probabilidad de presentar dolor torácico, con 0,70, y sudoración, con 0,84 (van Oosterhout y colaboradores, 2020). Aun así, el dolor torácico fue el síntoma más común en ambos sexos, con prevalencia de 79 de cada 100 en los hombres y de 74 de cada 100 en las mujeres, y los demás síntomas también se superpusieron mucho (van Oosterhout y colaboradores, 2020).
Los síntomas también cambian con el tiempo. En el registro de Augsburg, en Alemania, con 23905 pacientes hospitalizados por infarto entre 1985 y 2019, el dolor torácico típico cayó de 83,5 a 80,0 de cada 100 entre el primer y el último periodo (Wolfermann y colaboradores, 2025). La falta de aire fue el único síntoma que aumentó, de 43,8 a 48,4 de cada 100, con razón de probabilidades de 1,22 (Wolfermann y colaboradores, 2025). En el mismo periodo, el dolor en el hombro, el brazo o la mano izquierda cayó de 52,1 a 44,9 de cada 100, y la sensación de muerte inminente, de 30,7 a 14,7 de cada 100 (Wolfermann y colaboradores, 2025). Los síntomas considerados atípicos fueron más frecuentes en pacientes de más edad y en mujeres (Wolfermann y colaboradores, 2025).
Por qué las etiquetas de típico y atípico estorban
En la práctica, el dolor atípico suele definirse como dolor epigástrico o en la espalda, o dolor en ardor, punzante o parecido a la indigestión (DeVon y colaboradores, 2020). Los síntomas típicos suelen incluir dolor en el pecho, el brazo o la mandíbula, descrito como sordo, pesado, en opresión u opresivo (DeVon y colaboradores, 2020). El problema es que esas etiquetas se construyeron a partir de poblaciones mayoritariamente masculinas.
Un estudio escocés ayuda a ver el tamaño de la confusión. En 1941 pacientes con sospecha de síndrome coronario agudo, 39 de cada 100 eran mujeres, y el infarto se definió con troponina de alta sensibilidad y umbrales específicos por sexo (Ferry y colaboradores, 2019). Criterios estandarizados definieron la presentación típica o atípica según la naturaleza, la localización y la irradiación del dolor y los síntomas asociados (Ferry y colaboradores, 2019). El dolor torácico fue el síntoma de presentación en 91 de cada 100 de los hombres y en 92 de cada 100 de las mujeres (Ferry y colaboradores, 2019). Entre los pacientes con infarto, los síntomas típicos fueron más comunes en las mujeres, en 77 de cada 100, que en los hombres, en 59 de cada 100 (Ferry y colaboradores, 2019). La presencia de 3 o más características típicas tuvo razón de verosimilitud positiva de 1,18 en las mujeres y no tuvo valor significativo en los hombres (Ferry y colaboradores, 2019).
DeVon y colaboradores, al comentar ese estudio, proponen abandonar los términos típico y atípico o, al menos, decir siempre cuál es el grupo de referencia (DeVon y colaboradores, 2020). En un estudio prospectivo de los mismos autores, solo 3 de 13 síntomas comunes predijeron el diagnóstico de síndrome coronario agudo (DeVon y colaboradores, 2020). El dolor en el hombro tuvo razón de momios de 2,53 en las mujeres y de 1,11 en los hombres, y el dolor en el brazo, de 2,15 y 1,21 (DeVon y colaboradores, 2020).
Los autores recuerdan un punto central: solo 10 a 15 de cada 100 de los pacientes atendidos con síntomas sugestivos tienen de hecho síndrome coronario agudo, y los demás se parecen tanto que exigen la misma investigación (DeVon y colaboradores, 2020). La superposición de síntomas entre quienes tienen y quienes no tienen la enfermedad pesa más que las diferencias entre los sexos (DeVon y colaboradores, 2020). Pensar en probabilidad pretest ayuda a no descartar a una mujer solo porque el relato no parece el de un hombre.
El retraso empieza antes de llegar al hospital
Una revisión sistemática con 44 artículos, de 42 estudios publicados entre 1960 y 2008, analizó el tiempo entre el inicio de los síntomas y la llegada al hospital (Nguyen y colaboradores, 2010). La mayoría de los estudios mostró que las mujeres y las personas mayores llegan más tarde que los hombres y las personas jóvenes (Nguyen y colaboradores, 2010). Varios factores asociados al retraso, como características sociodemográficas, historia médica y contexto, variaron según el sexo (Nguyen y colaboradores, 2010). Los autores concluyen que aún faltan investigaciones para entender por qué esos grupos vulnerables tardan más en buscar atención (Nguyen y colaboradores, 2010).
La forma de inicio de los síntomas también pesa. En 474 pacientes con síntomas de síndrome coronario agudo, el retraso mediano hasta la llegada fue de 4 horas (Mirzaei y colaboradores, 2020). Quienes tuvieron inicio abrupto llegaron en 2,57 horas, frente a 8 horas para quienes tuvieron inicio gradual (Mirzaei y colaboradores, 2020). No tener seguro de salud y el inicio gradual se asociaron a más retraso, mientras que el infarto con supradesnivel del ST y la llegada de ambulancia se asociaron a menos retraso (Mirzaei y colaboradores, 2020). Entre los hombres con inicio abrupto e infarto con supradesnivel del ST, 54 de cada 100 relataron que los síntomas comenzaron durante el esfuerzo (Mirzaei y colaboradores, 2020). Los autores recomiendan orientar a los pacientes de que los síntomas de inicio gradual también son una emergencia (Mirzaei y colaboradores, 2020).
La interpretación de los síntomas por la propia paciente es otra pieza. En VIRGO, 20,9 de cada 100 de las mujeres atribuyeron los síntomas a estrés o ansiedad, frente a 11,8 de cada 100 de los hombres (Lichtman y colaboradores, 2018). Una revisión con 19 estudios también describe síntomas de mujeres confundidos con problemas gastrointestinales o con ansiedad (Al Hamid y colaboradores, 2024).
El retraso dentro del servicio de salud
El retraso no termina cuando la mujer busca atención. En VIRGO, 29,5 de cada 100 de las mujeres y 22,1 de cada 100 de los hombres ya habían buscado atención por los mismos síntomas antes de la internación (Lichtman y colaboradores, 2018). Entre ellas, 53 de cada 100 relataron que el profesional no consideró que los síntomas fueran del corazón, frente a 37 de cada 100 de los hombres (Lichtman y colaboradores, 2018).
Los datos de urgencias apuntan en la misma dirección. Un análisis nacional estadounidense de atenciones de adultos de 18 a 55 años con dolor torácico, entre 2014 y 2018, encontró diferencias en varias etapas (Banco y colaboradores, 2022). Las mujeres fueron triadas como emergentes en 19,1 de cada 100, frente a 23,3 de cada 100 de los hombres, se les hizo ECG en 74,2 frente a 78,8 de cada 100, y fueron ingresadas u observadas en 12,4 frente a 17,9 de cada 100 (Banco y colaboradores, 2022). Tras el ajuste, los hombres fueron atendidos más rápido por el médico, con razón de riesgo de 1,15, y tuvieron más probabilidad de ingreso, con razón de oportunidades de 1,40 (Banco y colaboradores, 2022). La solicitud de biomarcadores cardíacos fue similar, y el infarto se diagnosticó en 1,4 de cada 100 de esos adultos en urgencias y en 6,5 de cada 100 de los ingresados (Banco y colaboradores, 2022). Las personas no blancas también esperaron más por la evaluación médica, con razón de riesgo de 0,82 (Banco y colaboradores, 2022). Los autores concluyen que estas diferencias son independientes de las características clínicas y pueden afectar el tratamiento y el desenlace (Banco y colaboradores, 2022).
La revisión con 19 estudios resume el efecto en cadena (Al Hamid y colaboradores, 2024). Los médicos tuvieron menos en cuenta los factores de riesgo de las mujeres, ellas recibieron menos exámenes, como angiografía, prueba de esfuerzo, ECG y enzimas cardíacas, y fueron derivadas menos al cardiólogo o al ingreso (Al Hamid y colaboradores, 2024). Cuando fueron ingresadas, tuvieron menos probabilidad de recibir intervención coronaria (Al Hamid y colaboradores, 2024).
El propio examen puede contribuir. En el estudio escocés, cuando se usó troponina de alta sensibilidad con umbrales por sexo, de 16 ng/L para mujeres y 34 ng/L para hombres, 27 mujeres fueron reclasificadas como infarto, frente a 9 hombres (Ferry y colaboradores, 2019). Estas mujeres representaron 30 de cada 100 de los infartos tipo 1 femeninos, frente a 5 de cada 100 entre los hombres (Ferry y colaboradores, 2019). Un umbral único, más alto, dejaba de reconocer una parte relevante de los infartos en las mujeres (Ferry y colaboradores, 2019).
Causas más frecuentes en las mujeres: MINOCA, disección y takotsubo
Parte de los infartos en mujeres no proviene de la placa aterosclerótica clásica. En la clasificación del VIRGO, la lesión culpable mediada por placa respondió por 82,5 de cada 100 de los infartos en mujeres jóvenes, frente a 94,9 de cada 100 en los hombres (Bullock-Palmer y colaboradores, 2019).
El infarto con coronarias sin obstrucción significativa, con estenosis por debajo de 50 de cada 100 del diámetro del vaso, se conoce como MINOCA y responde por cerca de 5 a 10 de cada 100 de los infartos (Alder y colaboradores, 2024). Tras descartar la disección, las causas incluyen vasoespasmo coronario, disfunción microvascular, embolia coronaria y ruptura de placa no obstructiva (Alder y colaboradores, 2024). En una gran revisión sistemática, las mujeres eran casi la mitad de los pacientes con MINOCA, frente a 25 de cada 100 en el infarto por aterosclerosis (Alder y colaboradores, 2024). El pronóstico no es benigno: en el registro sueco SWEDEHEART, la tasa de eventos cardiovasculares mayores en 4 años fue de 24 de cada 100, y la mortalidad en 5 años llegó a 11 de cada 100 (Alder y colaboradores, 2024). En otra revisión sistemática, la prevalencia de MINOCA fue de 6 de cada 100, y la mortalidad en 1 año fue de 4,7 de cada 100, frente a 6,7 de cada 100 en el infarto con enfermedad coronaria obstructiva (Chandrasekhar y colaboradores, 2018).

La resonancia tiene un papel importante en este grupo. En pacientes con MINOCA, mostró infarto en 24 de cada 100, miocarditis en 33 de cada 100 y ninguna alteración en 26 de cada 100 (Chandrasekhar y colaboradores, 2018). Alder y colaboradores defienden que el uso de imagen multimodal mejora la precisión diagnóstica y permite un tratamiento dirigido (Alder y colaboradores, 2024).
La disección espontánea de coronaria es una separación de las capas de la pared de la arteria, sin origen aterosclerótico (Chandrasekhar y colaboradores, 2018). Se la ha descrito como rara, vista en solo 0,2 a 1,1 de cada 100 angiografías (Bullock-Palmer y colaboradores, 2019). Sin embargo, una revisión de angiografías de mujeres menores de 50 años encontró disección en 24 de cada 100 infartos, y llega a responder por 43 de cada 100 de los infartos asociados al embarazo (Bullock-Palmer y colaboradores, 2019). Otras series señalan la disección como causa de hasta 35 de cada 100 de los síndromes coronarios agudos en mujeres menores de 50 años (Bullock-Palmer y colaboradores, 2019). La presentación suele ser de infarto con supradesnivel del ST, a veces con arritmia ventricular o muerte súbita (Chandrasekhar y colaboradores, 2018). En mujeres con displasia fibromuscular, la prevalencia de disección va de 25 a 86 de cada 100 (Chandrasekhar y colaboradores, 2018). Como el colgajo de la disección no siempre aparece en la angiografía, parte de esos casos termina clasificada como MINOCA (Bullock-Palmer y colaboradores, 2019).

La miocardiopatía de takotsubo, o miocardiopatía de estrés, se desencadena por estrés emocional o físico y aparece más en mujeres mayores, después de la menopausia (Chandrasekhar y colaboradores, 2018). En un gran registro internacional, la edad media de las mujeres con takotsubo fue de 66,8 años (Chandrasekhar y colaboradores, 2018). Suele presentarse como síndrome coronario agudo, sin enfermedad coronaria obstructiva (Chandrasekhar y colaboradores, 2018). Ante estos diagnósticos, la toma de decisiones clínicas depende de no cerrar la investigación cuando la angiografía no muestra obstrucción.
Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
Los límites de uso del juego están descritos en la página de economía de NEXO. Si investigas la enseñanza del razonamiento clínico, la página para investigadores explica cómo ponerse en contacto. Los profesionales que escriben o revisan casos encuentran información en curaduría y en creadores, y las instituciones pueden conocer la propuesta en la página para alianzas. Entrenar el diagnóstico diferencial con pistas y buscar el código correcto en la CIE-10 completan este entrenamiento.
Preguntas frecuentes
¿Las mujeres sienten dolor en el pecho en el infarto?
Sí, en la mayoría de los casos. En VIRGO, 87,0 de cada 100 de las mujeres jóvenes con infarto tuvieron dolor torácico (Lichtman y colaboradores, 2018).
¿Qué síntomas son más comunes en las mujeres?
En el metaanálisis de van Oosterhout, las mujeres tuvieron más probabilidad de dolor entre las escápulas, náuseas o vómito y falta de aire (van Oosterhout y colaboradores, 2020).
¿Por qué no usar el término síntoma atípico?
Porque se construyó con base en poblaciones masculinas y puede llevar a desvalorizar los síntomas de las mujeres; DeVon y colaboradores proponen abandonarlo o indicar el grupo de referencia (DeVon y colaboradores, 2020).
¿Qué es MINOCA?
Es el infarto sin obstrucción significativa de las coronarias, que responde por 5 a 10 de cada 100 de los infartos y afecta proporcionalmente más a las mujeres (Alder y colaboradores, 2024).
¿Por qué la troponina con umbral por sexo marca la diferencia?
Porque el umbral único, más alto, deja de reconocer infartos en mujeres. En el estudio escocés, los umbrales de 16 ng/L para mujeres y 34 ng/L para hombres reclasificaron como infarto a 27 mujeres y 9 hombres (Ferry y colaboradores, 2019).
¿El takotsubo es cosa de mujeres jóvenes?
No. Aparece más en mujeres mayores, después de la menopausia, y la edad media en un gran registro fue de 66,8 años (Chandrasekhar y colaboradores, 2018).
¿El infarto puede pasar desapercibido?
Puede. En el estudio Lifelines, 30 de cada 100 de los infartos en mujeres no fueron reconocidos (van der Ende y colaboradores, 2020).
Mensajes para llevar
- El dolor torácico es el síntoma más común de infarto en las mujeres, igual que en los hombres.
- Los síntomas asociados, como náuseas, falta de aire y dolor entre las escápulas, son más frecuentes en ellas.
- Las etiquetas de típico y atípico confunden y deben evitarse o contextualizarse.
- El retraso ocurre antes del hospital y dentro del servicio, con menos ECG, triaje e ingreso.
- MINOCA, la disección espontánea y el takotsubo son más frecuentes en mujeres y no son benignos.
Referencias
- Al Hamid A, Beckett R, Wilson M, et al. Gender Bias in Diagnosis, Prevention, and Treatment of Cardiovascular Diseases: A Systematic Review. Cureus. 2024. PMID 38500942.
- Alder MR, Adamek KE, Lowenstern A, et al. Acute Coronary Syndrome in Women: An Update. Curr Cardiol Rep. 2024. PMID 38466532.
- Banco D, Chang J, Talmor N, et al. Sex and Race Differences in the Evaluation and Treatment of Young Adults Presenting to the Emergency Department With Chest Pain. J Am Heart Assoc. 2022. PMID 35506534.
- Bullock-Palmer RP, Shaw LJ, Gulati M. Emerging misunderstood presentations of cardiovascular disease in young women. Clin Cardiol. 2019. PMID 30793342.
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