Calor y cerebro: epilepsia, ictus y esclerosis múltiple

Índice
- Por qué el cerebro sufre con el calor
- Esclerosis múltiple y el fenómeno de Uhthoff
- Epilepsia y crisis
- ACV
- Demencia y enfermedad de Parkinson
- Medicamentos que dificultan la pérdida de calor
- Qué orientar, con la OMS como eje
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Mensajes para llevar a casa
- Referencias
En un caso ficticio, una profesora de 42 años con esclerosis múltiple remitente-recurrente llega al servicio de urgencias al tercer día de una ola de calor. Tuvo neuritis óptica en el ojo izquierdo hace cuatro años. Desde la tarde anterior, después de corregir exámenes en una sala sin ventilación, la visión de ese ojo se volvió borrosa y las piernas parecen más débiles y cansadas. Ella pregunta si es un nuevo brote y si necesita corticoide.
La pregunta es buena porque el calor suele imitar un empeoramiento de la enfermedad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que el calor agrava las enfermedades crónicas y que los profesionales de la salud deben ajustar sus orientaciones a una exposición cada vez mayor (OMS, Heat and health). En neurología, el efecto aparece de formas distintas en cada enfermedad: síntomas transitorios en la esclerosis múltiple, más crisis en parte de las personas con epilepsia, desencadenante de ACV, empeoramiento de quienes tienen demencia o Parkinson e interacción con medicamentos de uso continuo.
Este texto usa las publicaciones de la OMS como eje y reúne revisiones y estudios recientes de varios continentes, para ayudar a quien atiende a reconocer el efecto del calor y a orientar a pacientes neurológicos.
Puntos principales
- La Academia Europea de Neurología resume que el calor puede aumentar el riesgo de ACV, aumentar el riesgo de crisis y empeorar los síntomas de la esclerosis múltiple, el llamado fenómeno de Uhthoff (Caronna et al., 2026).
- En la esclerosis múltiple, del 60 al 80 por ciento de los pacientes tiene un empeoramiento temporal de los síntomas cuando sube la temperatura corporal, según una revisión sistemática reciente (Pereira et al., 2026).
- En Taiwán, cada aumento intercuartílico del índice de bulbo húmedo y termómetro de globo elevó en cerca del 8 por ciento la probabilidad de acudir a urgencias por crisis epiléptica el mismo día (Chang et al., 2025).
- El calor húmedo y las olas de calor aparecen como desencadenante inmediato de ACV, aunque el frío todavía responde por la mayor parte de la carga de ACV ligada a la temperatura (Ali et al., 2026).
- Diuréticos, inhibidores de la ECA, bloqueadores del receptor de angiotensina, anticolinérgicos y antipsicóticos son las clases más asociadas a enfermedad por calor en personas mayores (Tews et al., 2026).
- Por qué el cerebro sufre con el calor
- Esclerosis múltiple y el fenómeno de Uhthoff
- Epilepsia y crisis
- ACV
- Demencia y enfermedad de Parkinson
- Medicamentos que dificultan la pérdida de calor
- Qué orientar, con la OMS como eje
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Take-home messages
Por qué el cerebro sufre con el calor
El cuerpo mantiene estable la temperatura central gracias a un sistema coordinado por el hipotálamo, que aumenta el flujo de sangre a la piel y el sudor cuando el ambiente se calienta. La OMS describe que, cuando ese sistema no logra eliminar el calor recibido del ambiente, suben los riesgos de agotamiento y de golpe de calor, y el esfuerzo por enfriar el cuerpo sobrecarga el corazón y los riñones (OMS, Heat and health).
Las enfermedades neurológicas afectan justamente ese sistema. Una revisión sistemática publicada en 2026 reunió 13 estudios y concluyó que los pacientes con epilepsia, ACV, esclerosis múltiple, enfermedad de Parkinson, enfermedad de Alzheimer y esclerosis lateral amiotrófica tienen menor capacidad de adaptación fisiológica al calor (Pereira et al., 2026). La misma revisión describe los mecanismos estudiados en laboratorio: estrés oxidativo, disfunción mitocondrial, excitotoxicidad, neuroinflamación y deterioro de la microcirculación cerebral.
El calor también actúa por vías indirectas. Empeora el sueño, que es un desencadenante conocido de crisis, y puede reducir la estabilidad de los medicamentos guardados en lugares calientes y húmedos (Gulcebi et al., 2025). Para quien tiene una enfermedad neurológica crónica, cada uno de esos efectos puede ser el empujón que faltaba para descompensar.
Hay además un punto de salud pública. Un informe de una conferencia internacional sobre clima y cerebro recordó que solo la mitad de los países con índice de desarrollo humano muy alto tiene sistemas de alerta de calor para la salud, y que la falta de preparación de los servicios apareció incluso en el relato de un atleta experimentado que se desmayó en un maratón con enfermedad por calor de manejo difícil (Mills et al., 2024). En países de renta baja y media el escenario suele ser más difícil.
Esclerosis múltiple y el fenómeno de Uhthoff
La sensibilidad al calor es una característica clásica de la esclerosis múltiple. La revisión sistemática de 2026 registra que el aumento de la temperatura corporal, por ejercicio o por calor ambiental, empeora temporalmente los síntomas cognitivos, motores, visuales y la fatiga en 60 a 80 por ciento de los pacientes (Pereira et al., 2026). El mecanismo descrito es la falla de conducción del impulso en los axones desmielinizados, sumada a una distribución anormal del sudor.
El umbral es bajo. Un estudio experimental recuerda que la fatiga, la visión borrosa y la debilidad aparecen o empeoran con una elevación de la temperatura central de alrededor de 0,5 °C, y que algunos pacientes relatan efecto con elevaciones de apenas 0,2 °C (English et al., 2025). En ese estudio, personas con esclerosis múltiple y neuritis óptica previa fueron calentadas con una prenda de agua caliente hasta subir 0,6 °C en la temperatura central. El calentamiento empeoró los síntomas visuales y redujo la amplitud de los potenciales evocados visuales en el ojo afectado.
El mismo estudio probó bolsas frías en la espalda durante el calentamiento. Redujeron poco la sensación de calor y no evitaron el empeoramiento visual, lo que sugiere que lo que pesa es la temperatura central, y no solo la sensación en la piel (English et al., 2025). En la práctica, enfriar el ambiente y el cuerpo entero tiende a importar más que las medidas localizadas.

Pseudobrote o brote verdadero
El empeoramiento por calor puede parecer un brote, pero suele remitir cuando la temperatura vuelve a la normalidad. La revisión sistemática describe que ese empeoramiento puede causar "brotes" de corta duración sin cambios en la neuroimagen (Pereira et al., 2026). Algunas pistas ayudan a separar las dos situaciones:
- síntomas que ya existían antes y volvieron a aparecer, sin déficit nuevo;
- relación clara con la exposición al calor, el ejercicio, el baño caliente o la fiebre;
- mejoría en horas después del enfriamiento y del reposo;
- ausencia de fiebre por infección, que también eleva la temperatura y puede desencadenar un pseudobrote;
- déficit nuevo o que persiste más de un día, que pide evaluación de un brote verdadero.
Calor y búsqueda de atención
El efecto aparece también en los servicios. En Estados Unidos, el calor fuera de lo normal, más de 1,5 °C por encima del promedio mensual de largo plazo, se asoció a más visitas a emergencias e internaciones de personas con esclerosis múltiple (Pereira et al., 2026). Un estudio de Chicago que examinó todos los diagnósticos de casi un millón de atenciones agudas encontró la esclerosis múltiple entre los diagnósticos con más probabilidad de atención en los días siguientes al calor extremo (Jang et al., 2026).
Epilepsia y crisis
La OMS estima que cerca de 50 millones de personas viven con epilepsia en el mundo, y que cerca de 80 por ciento de ellas están en países de renta baja y media (OMS, Epilepsy). Esto significa que la mayor parte de las personas con epilepsia vive justamente en las regiones más expuestas al calor y con menos recursos para protegerse.
La relación entre calor y crisis existe, pero es heterogénea. El mayor estudio reciente vino de Taiwán y analizó 187.657 atenciones de emergencia por crisis epiléptica entre 2007 y 2017 (Chang et al., 2025). El riesgo subió de forma lineal con el índice de bulbo húmedo y termómetro de globo, sin un umbral a partir del cual comenzara el efecto, y fue mayor el mismo día de la exposición.
Otros estudios encontraron resultados diferentes. La revisión sistemática de 2026 cita un estudio estadounidense sin asociación entre calor ambiental y visitas de emergencia por epilepsia, y otro con caída en el riesgo de internación por crisis al día siguiente a temperaturas superiores a 20 °C, lo que sugiere una relación bimodal (Pereira et al., 2026). La misma revisión destaca que la privación de sueño, desencadenante conocido de crisis, empeora en las olas de calor.
Crisis febriles en niños
En los niños pequeños, la temperatura del ambiente se cruza con la fiebre. Un estudio en Japón analizó 3.201 atenciones de ambulancia por crisis asociada a fiebre en menores de 7 años (Matsumoto et al., 2026). El riesgo subió tanto con el frío moderado como con el calor moderado, con un efecto que apareció días después de la exposición, lo que los autores atribuyen principalmente a infecciones. La OMS recuerda que bajar la temperatura de un niño con fiebre reduce la probabilidad de crisis febril (OMS, Epilepsy).
Acceso al tratamiento
El calor pesa más donde ya falta el tratamiento. La OMS estima que hasta el 70 por ciento de las personas con epilepsia podrían quedar libres de crisis con diagnóstico y tratamiento adecuados, pero cerca de tres cuartos de las personas con epilepsia en países de bajos ingresos no reciben el tratamiento que necesitan (OMS, Epilepsy). Los eventos climáticos extremos pueden interrumpir las cadenas de suministro de anticrisis, y la adherencia al tratamiento depende de que el medicamento llegue (Gulcebi et al., 2025). En países de África Subsahariana, los reportes señalan una relación entre temperaturas más altas y empeoramiento de las crisis, además de más internaciones en los meses cálidos (Mills et al., 2024).
ACV
El ACV es una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo, y su relación con la temperatura es la más estudiada de la neurología. Una revisión de 2026 sobre exposiciones ambientales concluye que el calor es uno de los desencadenantes ambientales inmediatos más claros de ACV, sobre todo con humedad alta, índice de calor elevado u ola de calor (Ali et al., 2026).
Los números varían según el lugar. En el registro nacional de ACV de Israel, un índice de calor de 100 °F comparado con 80 °F se asoció a un riesgo de ACV cerca de 40 por ciento mayor el día del evento, y en la provincia de Hunan, en China, las olas de calor aumentaron las internaciones por ACV isquémico, aún más con humedad alta (Ali et al., 2026). Los mecanismos propuestos son deshidratación, hemoconcentración, variación de la presión arterial, activación autonómica, disfunción endotelial y tendencia protrombótica.
La revisión sistemática de 2026 recuerda que el frío también cuenta. Estudios en Canadá y en España encontraron más internaciones por ACV con temperaturas bajas, y los autores consideran los datos no concluyentes (Pereira et al., 2026). La revisión sobre exposiciones ambientales añade que la temperatura baja todavía responde por la mayor parte de la carga de ACV atribuida a la temperatura, pero la parte ligada al calor crece rápido, sobre todo en ancianos y en poblaciones socialmente vulnerables (Ali et al., 2026).
El déficit agudo en el día caluroso
Para quien atiende, la consecuencia es doble. El calor aumenta la probabilidad de ACV verdadero y, al mismo tiempo, puede empeorar déficits antiguos y producir confusión, mareo y debilidad que recuerdan un ACV. El razonamiento de imitadores de ACV sigue valiendo: hipoglucemia, crisis, deshidratación y empeoramiento de una lesión antigua entran en el diferencial antes de concluir por el evento vascular nuevo.
Demencia y enfermedad de Parkinson
En la enfermedad de Parkinson, la falla autonómica altera el sudor y la regulación de la temperatura. La revisión sistemática de 2026 cita datos de España en los que, en las olas de calor de 2008 y 2009, cada grado por encima de 34 °C se asoció a un aumento de 11,5 por ciento en las internaciones de emergencia y de 12 por ciento en la mortalidad de personas con Parkinson (Pereira et al., 2026). Los mismos autores resaltan que algunos estudios sobre Parkinson y calor tienen resultados contradictorios.
En la demencia, la termorregulación ya afectada por la edad empeora con la enfermedad, y el paciente muchas veces no percibe la sed ni logra protegerse solo. En Inglaterra, el riesgo de internación relacionada con la demencia subió 4,5 por ciento por cada grado por encima de 17 °C, y nueve de 11 estudios en ocho países asociaron temperaturas altas a empeoramiento de los síntomas, más internaciones y más muertes (Pereira et al., 2026).
El sueño es otro eslabón. El informe de la conferencia sobre clima y cerebro destacó que el aumento de la temperatura perjudica el sueño, sobre todo en ancianos y en personas con demencia (Mills et al., 2024). Noches calurosas, mal sueño y deshidratación forman un camino conocido hacia el delirium hipoactivo en el anciano, que suele pasar desapercibido.
Comparación entre las condiciones
| Condición | Efecto del calor descrito | Fuerza de la evidencia | Fuente |
|---|---|---|---|
| Esclerosis múltiple | Empeoramiento temporal de los síntomas en 60 a 80 por ciento; más visitas a emergencia | Consistente | Pereira et al., 2026; Jang et al., 2026 |
| Epilepsia | Más crisis el mismo día en Taiwán, sin umbral | Heterogénea, relación bimodal en algunos estudios | Chang et al., 2025; Pereira et al., 2026 |
| Crisis febril en el niño | Riesgo con frío y calor moderados, con retraso de días | Un estudio regional | Matsumoto et al., 2026 |
| ACV | Desencadenante inmediato con calor húmedo y olas de calor | Moderada, el frío también cuenta | Ali et al., 2026 |
| Enfermedad de Parkinson | Más internaciones y muertes por grado por encima de 34 °C | Limitada, con resultados contradictorios | Pereira et al., 2026 |
| Demencia | Más internaciones por cada grado por encima de 17 °C | Consistente en varios países | Pereira et al., 2026 |
Medicamentos que dificultan la pérdida de calor
Muchos pacientes neurológicos usan medicamentos que interfieren en el sudor, la hidratación o la presión arterial. Una revisión de alcance con 61 estudios primarios mostró que los diuréticos, los inhibidores de la ECA, los bloqueadores del receptor de angiotensina, los anticolinérgicos y los antipsicóticos fueron las clases más asociadas a enfermedad por calor en personas mayores (Tews et al., 2026). La misma revisión cita evidencia de aumento de la temperatura central con anticolinérgicos potentes, antiparkinsonianos y betabloqueadores no selectivos.
Los antiepilépticos merecen una atención propia. La revisión sobre medicamentos, epilepsia y clima describe relatos de golpe de calor con topiramato, por reducción del sudor, y de hipertermia con crisis y estado de mal en un paciente con síndrome de Dravet en tratamiento con zonisamida (Gulcebi et al., 2025). El prospecto del topiramato, citado en la revisión de alcance, indica avisar al paciente sobre la reducción del sudor, sobre todo en niños (Tews et al., 2026).
Antes del verano, estas revisiones señalan las clases que merecen ser revisadas: topiramato y zonisamida, por la reducción del sudor; anticolinérgicos, incluidos los usados en el Parkinson y en la vejiga hiperactiva; antipsicóticos, usados también para la agitación en la demencia; diuréticos, inhibidores de la ECA y bloqueadores del receptor de angiotensina, por la deshidratación y la caída de la presión; y betabloqueadores no selectivos (Tews et al., 2026; Gulcebi et al., 2025).
Dónde se guarda el medicamento
El calor también actúa sobre el comprimido. La revisión de Gulcebi y colaboradores describe que la velocidad de disolución de comprimidos de carbamazepina de distintos fabricantes cambió con el calor y la humedad, y que los pastilleros pueden comprometer la estabilidad de los medicamentos en regiones cálidas y húmedas (Gulcebi et al., 2025). Los autores defienden orientar sobre el almacenamiento seguro en los días de calor extremo.
En la consulta, vale la pena preguntar dónde guarda la persona los medicamentos. Un auto estacionado, una mochila expuesta al sol y un estante cerca de la cocina son lugares comunes y calurosos. Mantener el medicamento en su envase original y en un lugar fresco es una orientación simple, de bajo costo.
Qué orientar, con la OMS como eje
La OMS publica orientaciones prácticas para el público durante las olas de calor, y sirven de base para el paciente neurológico (OMS, Heat and health). Para la casa, la OMS sugiere abrir las ventanas de noche, cuando afuera está más fresco, y cerrarlas durante el día, cubriéndolas con persianas o celosías para bloquear el sol directo.

Las orientaciones de la OMS que más se aplican a quien tiene una enfermedad neurológica:
- estar a la sombra o en casa en las horas más calurosas y pasar algunas horas al día en un lugar fresco;
- usar ventilador solo por debajo de 40 °C y, si hay aire acondicionado, ajustarlo a unos 27 °C con un ventilador encendido;
- usar ropa ligera y holgada, tomar baños frescos y mojar la piel con un paño húmedo o un rociador;
- beber agua con regularidad, cerca de un vaso por hora y al menos dos o tres litros por día;
- seguir los alertas oficiales de calor y controlar con frecuencia a las personas vulnerables, sobre todo a las personas mayores y a quienes viven solas.
Adaptar a cada enfermedad
En la esclerosis múltiple, el enfriamiento de todo el cuerpo y la planificación de las actividades para las horas más frescas ayudan a mantener el ejercicio, que mejora fuerza, equilibrio e independencia (English et al., 2025). En la epilepsia, la prioridad es proteger el sueño, mantener los anticrisis al día y tener medicación de reserva cuando hay riesgo de falta. En la demencia, la responsabilidad pasa al cuidador, que debe ofrecer agua, controlar el ambiente y observar cambios de comportamiento.
Quien tiene restricción de líquidos, como en la insuficiencia cardíaca o en la enfermedad renal avanzada, necesita orientación individual sobre cuánto beber. En la gestante, el calor trae además riesgos obstétricos propios, como el parto prematuro, discutidos en el texto sobre calor extremo en la gestación. La misma atención vale para quien trabaja en el calor, un grupo en el que ya se ha descrito la enfermedad renal sin causa aparente.
Señales para buscar atención
La OMS recuerda que el golpe de calor es una emergencia con alta letalidad (OMS, Heat and health). Confusión, convulsión, piel muy caliente, desmayo o déficit nuevo exigen atención inmediata, y se aplica el razonamiento del calor extremo en la emergencia y del golpe de calor por esfuerzo: enfriar primero, trasladar después.
Servicios de salud y neurología resiliente al clima
La OMS trabaja con los servicios de salud para crear estrategias de acción para el calor, sistemas de alerta y respuestas de emergencia que identifiquen a la población vulnerable (OMS, Heat and health). La Academia Europea de Neurología adaptó el marco operativo de la OMS para sistemas de salud resilientes al clima y propuso diez áreas de acción para una neurología preparada para el clima (Caronna et al., 2026).
En la práctica del servicio, esto significa listar a los pacientes neurológicos más frágiles, revisar la medicación antes del verano, garantizar el stock de anticrisis e incluir el calor en las indicaciones de alta. La relación entre calor y salud mental sigue la misma lógica: las internaciones suben en las olas de calor, y los servicios deben prepararse antes.
Volviendo al caso
La profesora del inicio tiene síntomas antiguos que volvieron con el calor, sin déficit nuevo, sin fiebre y sin infección aparente. El cuadro sugiere fenómeno de Uhthoff, que suele remitir con enfriamiento y reposo (Pereira et al., 2026). La conducta es enfriar el ambiente, hidratar, buscar infección urinaria o respiratoria y reevaluar en algunas horas.
Si los síntomas mejoran, el diagnóstico de pseudobrote se fortalece y ella puede evitar un corticoide innecesario. Si persisten más de un día o surge un déficit nuevo, entra en escena la investigación de un brote verdadero. Debe salir de la atención con las indicaciones de la OMS para los días de calor y sabiendo qué señales exigen volver.
Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
En NEXO, el caso del día es ficticio, con presentación clínica real y hasta seis pistas progresivas, y tú propones el diagnóstico buscando el código en la CIE-10. Separar un pseudobrote de un brote, una crisis funcional de una crisis epiléptica o un imitador de un ACV exige el mismo ejercicio: pesar cada pista nueva y revisar la hipótesis, como en el entrenamiento del diagnóstico diferencial con pistas.
Los límites de uso del juego están descritos en la página de economía de NEXO. Si investigas la enseñanza del razonamiento clínico, la página para Researcher explica cómo entrar en contacto. Los profesionales que escriben o revisan casos encuentran información en Curator y en Creators, y las instituciones pueden conocer la propuesta en la página para alianzas. Buscar el código correcto en la CIE-10 completa este entrenamiento.
Preguntas frecuentes
¿El calor puede provocar un brote de esclerosis múltiple?
El calor suele provocar un empeoramiento temporal de síntomas antiguos, el fenómeno de Uhthoff, y no un brote con lesión nueva. El empeoramiento remite con el enfriamiento y puede ocurrir sin cambios en la neuroimagen (Pereira et al., 2026).
¿Quien tiene epilepsia tiene más crisis con el calor?
Parte de los estudios muestra más crisis en los días calurosos, como en Taiwán, donde el riesgo subió sin umbral (Chang et al., 2025). Otros estudios no encontraron asociación o encontraron incluso menos internaciones por crisis después de días calurosos, y la privación de sueño parece ser un vínculo importante (Pereira et al., 2026).
¿El calor aumenta el riesgo de ACV?
Sí. El calor húmedo, el índice de calor alto y las olas de calor aparecen como desencadenantes inmediatos de ACV, aunque el frío también aumenta el riesgo (Ali et al., 2026).
¿Qué medicamentos exigen más cuidado con el calor?
Diuréticos, inhibidores de la ECA, bloqueadores del receptor de angiotensina, anticolinérgicos y antipsicóticos son las clases más asociadas a enfermedad por calor en personas mayores (Tews et al., 2026). Entre los fármacos anticrisis, topiramato y zonisamida pueden reducir el sudor (Gulcebi et al., 2025).
¿Basta el ventilador para quien tiene una enfermedad neurológica?
La OMS orienta usar el ventilador solo por debajo de 40 °C y combinarlo con aire acondicionado en torno a 27 °C cuando lo haya (OMS, Heat and health). Por encima de eso, buscar un lugar fresco durante algunas horas al día es más seguro.
Mensajes para llevar a casa
- Trate el calor como factor de descompensación en pacientes con enfermedad neurológica crónica (Caronna et al., 2026).
- En la esclerosis múltiple, piense en el fenómeno de Uhthoff antes de concluir que hay un brote cuando síntomas antiguos reaparecen con el calor (Pereira et al., 2026).
- En la epilepsia, proteja el sueño y el acceso a los fármacos anticrisis durante las olas de calor (Gulcebi et al., 2025).
- Recuerde que el calor húmedo y las olas de calor son desencadenantes inmediatos de ACV (Ali et al., 2026).
- Revise diuréticos, anticolinérgicos, antipsicóticos y fármacos anticrisis que reducen el sudor antes del verano (Tews et al., 2026).
- Use las orientaciones de la OMS sobre sombra, ventilación, agua y alertas oficiales como base del consejo (OMS, Heat and health).
Referencias
- World Health Organization. Heat and health. Nota descriptiva. Texto completo.
- World Health Organization. Epilepsy. Nota descriptiva. Texto completo.
- Caronna E, Sisodiya SM, Pozo-Rosich P, et al. Climate change, neurological disorders and brain health: to-know concepts and future actions by the EAN Environmental Influences in Neurology Task Force. Eur J Neurol. 2026. PMID 42626786. DOI 10.1111/ene.70687.
- Pereira GM, Rocha GWB, Li LM. The impact of rising global temperatures on neurological diseases. Arq Neuropsiquiatr. 2026;84(12). PMID 42946002. DOI 10.1055/s-0046-1829128.
- Mills JD, Gulcebi MI, Allatt J, et al. Climate change and neurological diseases: report from the Hot Brain 2: Climate Change and Brain Health meeting, 2024. BMJ Neurol Open. 2024. PMID 39737344. DOI 10.1136/bmjno-2024-000929.
- Chang YT, Lin YT, Chuang BR, et al. Association between wet-bulb globe temperature and epilepsy: a space-time-stratified case-crossover study in Taiwan. Trop Med Health. 2025. PMID 40394709. DOI 10.1186/s41182-025-00755-z.
- Matsumoto N, Yamamura Y, Uraguchi K, et al. Immediate and delayed effects of thermal stress on fever-associated seizures in children: a time-stratified case-crossover study in Japan. Int J Biometeorol. 2026. PMID 41784651. DOI 10.1007/s00484-026-03146-z.
- English T, Barton J, Vargas N, et al. Toward isolating perceptual and physiological contributors to heat sensitivity in multiple sclerosis: insights from a new experimental model. Eur J Appl Physiol. 2025. PMID 40500533. DOI 10.1007/s00421-025-05838-7.
- Jang H, Graffy PM, et al. Identifying heat-related diagnoses in emergency department visits among adults in Chicago: a heat-wide association study. Sci Adv. 2026. PMID 42647618. DOI 10.1126/sciadv.aed3977.
- Ali M, Mayberry W, Achey R, et al. Environmental exposures and stroke risk: converging pathways, unequal burdens, and prevention opportunities. Curr Neurol Neurosci Rep. 2026. PMID 42484963. DOI 10.1007/s11910-026-01505-2.
- Tews LM, Abazia DT, Blackburn H, et al. Recognizing and mitigating the effects of medication on heat-related illness in older adults: a scoping review. Pharmacy (Basel). 2026;14(3):74. PMID 42200961. DOI 10.3390/pharmacy14030074.
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