Ciclones y tornados: lesiones y muertes posteriores

Índice
- Dos eventos, dos relojes
- El perfil de las lesiones en el tornado
- Heridas, escombros y la infección que llega después
- Las muertes que vienen después
- Enfermedad crónica, diálisis y la ventana de meses
- Monóxido de carbono y el generador en el garaje
- Estudios en resumen
- Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
- Preguntas frecuentes
- Mensajes para llevar
- Referencias
En un caso ficticio, una mujer de 71 años llega al servicio de urgencias dos días después de un ciclón. El corte en la pierna, hecho por una teja que voló durante la tormenta, se lavó en casa con agua de balde. Ahora la herida está oscura y dolorosa. Ella cuenta también que se fue la luz, que el refrigerador con la insulina se detuvo y que el vecino encendió un generador en el garaje para no perder la comida. En pocas líneas caben los tres frentes de este texto: la lesión causada por el viento y los escombros, la infección que aparece días después y las muertes indirectas que se acumulan durante semanas.
Los ciclones tropicales (huracanes en el Atlántico, tifones en el Pacífico) y los tornados son eventos de viento extremo con perfiles diferentes. El tornado es corto, estrecho y violento; el ciclón es amplio, dura días y trae lluvia, inundación y corte prolongado de energía. La respuesta clínica cambia según el reloj: en las primeras horas, trauma; en los días siguientes, herida contaminada, intoxicación y descompensación de enfermedad crónica; en las semanas siguientes, mortalidad en exceso que muchas veces pasa desapercibida. El post sobre terremotos trata del aplastamiento; el de inundaciones, del agua contaminada. Aquí el eje es el viento y lo que deja atrás.
Puntos principales
- En el tornado de Yancheng, la cabeza fue la región más afectada entre los heridos atendidos en hospital, y casi todos tuvieron lesión de partes blandas (Deng et al., 2018).
- En el mismo tornado, la mayor parte de las muertes ocurrió dentro de casa y por trauma craneal, según los datos del centro de control de enfermedades local (Wang et al., 2017).
- Tras el huracán Irma, la vigilancia de defunciones clasificó casi nueve de cada diez muertes como indirectas, con especial mención de la descompensación de enfermedad crónica, el calor sin energía y el monóxido de carbono (Issa et al., 2018).
- En la serie de 494 localidades en 18 países, el riesgo de muerte asociado al ciclón duró en promedio unos 20 días después del paso (Huang et al., 2024).
- En 34 países de renta baja y media, la exposición a ciclón en el mes anterior se asoció a mayor probabilidad de muerte antes de los cinco años (Guo et al., 2025).
- El generador portátil mal ubicado es causa conocida de intoxicación por monóxido de carbono después de tormentas, y la prevención empieza antes del corte de energía (Levy et al., 2014; Waite et al., 2014).
Dos eventos, dos relojes
El tornado concentra la energía en un corredor estrecho. En minutos, los tejados se sueltan, las paredes se derrumban y los objetos se vuelven proyectiles. El ciclón reparte la energía por cientos de kilómetros y por varios días: viento, lluvia, marea de tempestad e inundación se suman, y la infraestructura cae en cascada.
Esa diferencia cambia la pregunta clínica. Después de un tornado, el hospital más cercano recibe una ola concentrada de heridos en las primeras horas, y la lógica es la de triaje con múltiples víctimas y de capacidad de brote. Después de un ciclón, el volumen de trauma suele ser menor que el de personas que pierden energía, agua, transporte y acceso al servicio habitual; la demanda se reparte durante semanas (síntesis nuestra).
La vigilancia de defunciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC) define las muertes directas como las causadas por las fuerzas ambientales del huracán y sus consecuencias inmediatas, y las indirectas como las que resultan de condiciones inseguras o insalubres por la pérdida o interrupción de servicios, pérdidas personales o ruptura del modo de vida (Issa et al., 2018). Esa distinción organiza el resto del texto.
El perfil de las lesiones en el tornado
El 23 de junio de 2016, un tornado clasificado como EF4 alcanzó Yancheng, en el este de China, con 99 muertos y 846 heridos (Deng et al., 2018). Dos grupos de investigación estudiaron el mismo evento desde ángulos complementarios, y la comparación ayuda a entender lo que encuentra el clínico.
Lo que llega al hospital
Deng y colegas revisaron historias clínicas de tres hospitales que atendieron heridos del tornado e incluyeron 401 registros válidos de 451 obtenidos (Deng et al., 2018). El estudio es transversal, y los autores reconocen dos límites: solo tuvieron acceso a los registros de esos 451 pacientes, que corresponden al 53,31 por ciento de los 846 heridos (muestra que ellos consideran representativa), y no pudieron evaluar la distribución geográfica de las muertes (Deng et al., 2018).
En esta muestra hospitalaria, las regiones más afectadas fueron la cabeza (46,63 por ciento), la superficie corporal (39,90 por ciento) y el miembro inferior (29,43 por ciento) (Deng et al., 2018). La lesión de partes blandas apareció en 90,77 por ciento de los pacientes, la fractura en 38,90 por ciento y la lesión de órgano en 19,70 por ciento (Deng et al., 2018). Según la escala abreviada de lesiones (AIS), las lesiones leves (AIS 1) fueron las más frecuentes, con 60,85 por ciento, y las críticas o fatales (AIS 5 o más) quedaron en 2,50 por ciento (Deng et al., 2018).
Los autores comparan ese perfil con el de los terremotos: quien es víctima de un terremoto tiende a ser aplastado por un objeto pesado, mientras que la víctima de un tornado suele tener lesión de cabeza y miembros por objetos lanzados y por derrumbe (Deng et al., 2018). Para el aplastamiento prolongado, la referencia es el post de síndrome de aplastamiento.
Qué ocurre con quienes mueren
Wang y colegas partieron de la base del centro de control de enfermedades de Funing y del hospital popular del condado, en un análisis retrospectivo (Wang et al., 2017). El tornado dejó 99 muertes directamente atribuibles y 337 heridos registrados en ese hospital; 274 de esas lesiones (81 por ciento) se clasificaron como leves (Wang et al., 2017).
Entre las muertes, 79 ocurrieron en el lugar, y el trauma craneal respondió por 73 de ellas (73,7 por ciento) (Wang et al., 2017). Murieron más personas dentro de casa (87, o 87,9 por ciento) que al aire libre o en un vehículo (Wang et al., 2017). Los autores vinculan ese dato con las construcciones tradicionales de ladrillo de barro de la zona afectada, casi todas destruidas, y concluyen que las orientaciones internacionales de seguridad deben modificarse cuando se aplican a China (Wang et al., 2017).
Edad, sexo y el peso de la casa
La edad marcó el riesgo. En el modelo de riesgo relativo de Wang, el grupo de 75 a 84 años tuvo el mayor riesgo de muerte (RR 82,16; IC 95 por ciento 19,66 a 343,33) en comparación con la franja de referencia del estudio, y las mujeres tuvieron mayor riesgo de muerte que los hombres (RR 1,53; IC 95 por ciento 1,02 a 2,29) (Wang et al., 2017). El intervalo amplio del primer número indica una estimación imprecisa (síntesis nuestra).
Deng y colegas describieron una distribución etaria en forma de pesa entre los heridos: 77,30 por ciento tenían más de 45 años y 12,47 por ciento eran niños o adolescentes (Deng et al., 2018). La explicación propuesta por los autores es demográfica: en las aldeas afectadas, los adultos jóvenes habían migrado a las ciudades, y las personas mayores y los adolescentes tienen menos oportunidad de recibir el alerta y desplazarse (Deng et al., 2018). Para la persona mayor herida, conviene recordar las trampas descritas en el post de trauma en el anciano.
En una encuesta por muestreo con víctimas de dos tornados chinos (94 cuestionarios válidos en Yancheng y 67 en Chifeng), el grado de derrumbe de la casa se asoció fuertemente con la probabilidad de lesión (OR 183,12; IC 95 por ciento 8,04 a 4173,34), y el ingreso anual más alto se asoció con una probabilidad menor (OR 0,10; IC 95 por ciento 0,02 a 0,50) (Deng et al., 2019). Estar dentro o fuera de casa no mostró diferencia estadística en esa muestra, mientras que las diferencias en el conocimiento sobre simulacros de preparación, en el comportamiento individual y en el nivel de miedo afectaron de forma significativa la incidencia de trauma (Deng et al., 2019).
Qué cambia esto en la atención
Para el equipo que recibe heridos de tornado, los estudios chinos sugieren tres prioridades (el orden es síntesis nuestra):
- Buscar lesión de cabeza incluso en quien llega caminando, con los criterios descritos en el post de traumatismo craneal leve.
- Esperar muchas lesiones de partes blandas, que llenan la sala de sutura y ocultan las heridas contaminadas.
- Prestar atención a la persona mayor, que tuvo el mayor riesgo de muerte en Funing, y al niño o adolescente, que sumó cerca de un octavo de los heridos atendidos en Yancheng (Deng et al., 2018; Wang et al., 2017).
Heridas, escombros y la infección que llega después
La lesión de partes blandas que parece simple el primer día puede ser la puerta de entrada de la complicación más grave de la semana. Los escombros cargan tierra, madera, vidrio y agua estancada.

Joplin y la mucormicosis cutánea
El 22 de mayo de 2011, un tornado EF5 atravesó Joplin, en Misuri. Más de 1.000 personas resultaron heridas y 158 murieron (Weinhold, 2013). Pocos días después, algunos heridos empezaron a presentar infección necrosante de la piel, luego confirmada como mucormicosis cutánea por Apophysomyces trapeziformis, un hongo común en el suelo y en materia vegetal en descomposición (Weinhold, 2013).
El artículo periodístico de Environmental Health Perspectives resume la investigación del CDC: se identificaron 13 pacientes, cinco de los cuales murieron, en el mayor conglomerado conocido de la enfermedad hasta entonces (Weinhold, 2013). En comparación con heridos del mismo tornado sin la infección, los pacientes con mucormicosis tenían más heridas penetrantes, sobre todo múltiples, con madera, tierra, grava y otros cuerpos extraños, y todos estaban en el centro de la trayectoria del tornado (Weinhold, 2013). El intervalo entre la lesión y el primer cultivo positivo varió de 6 a 24 días (Weinhold, 2013).
La lección clínica es de sospecha: herida penetrante con cuerpo extraño orgánico, necrosis que avanza a pesar del antibiótico y paciente proveniente del centro del daño exigen desbridamiento, cultivo e histopatología, con discusión con infectología (síntesis nuestra). El post de inundaciones detalla el cuidado de heridas expuestas a agua contaminada.
Mayotte: cuando el sistema de vigilancia también cae
El ciclón Chido azotó Mayotte, departamento francés en el océano Índico, el 14 de diciembre de 2024, con ráfagas de 250 km/h (Soler et al., 2025). La energía, el agua y las comunicaciones quedaron interrumpidas por periodos de tres días a más de un mes, según la zona, y los sistemas de monitoreo de salud dejaron de funcionar (Soler et al., 2025).
Entre el 14 de diciembre y el 5 de enero, el hospital de Mayotte registró 4.043 atenciones de emergencia, principalmente por lesiones, como heridas y fracturas, y por trastornos gastrointestinales (Soler et al., 2025). El hospital de campaña atendió a 2.403 personas, y la positividad de muestras de heces para patógenos entéricos superó el 80 por ciento durante dos semanas seguidas (Soler et al., 2025). En la conclusión, el equipo de Santé publique France describe que el retraso en la atención médica resultó en muchas lesiones sin tratamiento, manejo interrumpido de enfermedades crónicas y trauma psicológico extenso (Soler et al., 2025).
Las muertes que vienen después
El número divulgado justo después de un ciclón suele contar solo las muertes directas.
Irma: cuando la luz se va
El huracán Irma tocó Florida el 10 de septiembre de 2017. La vigilancia conjunta del CDC con los departamentos de salud de Florida, Georgia y Carolina del Norte identificó 129 muertes relacionadas con el huracán hasta el 10 de octubre (Issa et al., 2018). De esas, 11 fueron directas, 115 indirectas y 3 posiblemente relacionadas (Issa et al., 2018).
Entre las indirectas, la categoría más común fue la descompensación de enfermedad preexistente, con 46 muertes; 23 de ellas se asociaron a problemas crónicos, como enfermedad cardíaca, agravados por estrés y ansiedad (Issa et al., 2018). Hubo 17 muertes relacionadas con el calor por falta de aire acondicionado, 14 de ellas en una institución de larga estancia en Florida que estuvo días sin energía, y 3 muertes de pacientes cuyo tratamiento, como oxígeno suplementario, dependía de electricidad (Issa et al., 2018). Otras 27 muertes ligadas al corte de energía no involucraron enfermedad preexistente, entre ellas 16 por intoxicación por monóxido de carbono (Issa et al., 2018).
La misma tabla muestra 15 muertes por lesión durante la preparación o la reparación, 13 en accidentes de tránsito y 13 por caída desde la propia altura en personas mayores, cuatro de las cuales ocurrieron después del fin de la vigilancia por complicación de la caída (Issa et al., 2018). Los autores destacan que las categorías se superponen y que subdividir las circunstancias ayuda a orientar mensajes de prevención (Issa et al., 2018).
Para el clínico, el mensaje es simple: después de un ciclón, la persona con enfermedad crónica que perdió la energía en casa es paciente de riesgo, incluso sin ninguna lesión (síntesis nuestra). El cuidado de quienes dependen de insulina, diálisis y oxígeno y de personas con discapacidad tiene posts propios, y el calor sin aire acondicionado se cruza con el post de calor extremo.
Cuánto tiempo dura el riesgo
Huang y colegas reunieron las muertes diarias de 494 localidades en 18 países o territorios, de 1980 a 2019, en la red colaborativa Multi-Country Multi-City (MCC) (Huang et al., 2024). Fueron 382 ciclones y 47,7 millones de muertes por todas las causas, 15,5 millones cardiovasculares y 4,9 millones respiratorias, analizadas con un modelo de Poisson mixto y metarregresión (Huang et al., 2024).
El periodo de riesgo aumentado después de cada ciclón fue en promedio de unos 20 días para la mortalidad general y cardiopulmonar, y superó los 30 días en Estados Unidos, Brasil y Taiwán (Huang et al., 2024). Entre los 100 ciclones con mayor efecto, el riesgo relativo varió de 1,04 a 1,42 para todas las causas, de 1,07 a 1,77 para causas cardiovasculares y de 1,12 a 1,92 para causas respiratorias (Huang et al., 2024). La relación con la velocidad del viento y la lluvia acumulada fue aproximadamente lineal, y el riesgo cayó de 1980 a 2019 en lugares como Filipinas, Taiwán y Estados Unidos (Huang et al., 2024).
Los autores señalan como limitaciones posibles errores de clasificación de la exposición, confusión residual y generalización limitada (Huang et al., 2024). En el mismo periodo, Japón mostró una posible tendencia al alza en el riesgo de muerte general y cardiovascular ligado a ciclones (Huang et al., 2024).
Niños en países de renta baja y media
Guo y colegas usaron datos individuales de las Encuestas de Demografía y Salud (DHS) en 34 países de renta baja y media, de 1993 a 2021, en un diseño de caso-control emparejado entre hermanos (Guo et al., 2025). Entraron 100.798 muertes antes de los cinco años y 247.445 controles (Guo et al., 2025).
La exposición a ciclón en los tres meses anteriores se asoció con mayor probabilidad de muerte (OR 1,038; IC 95 por ciento 1,002 a 1,075), y el efecto fue más fuerte en el primer mes antes del fallecimiento (OR 1,101; IC 95 por ciento 1,039 a 1,166) (Guo et al., 2025). Los autores estiman que la exposición en los 30 días anteriores pudo haber causado 0,85 millones de muertes de menores de cinco años de 2000 a 2020 en los países expuestos (Guo et al., 2025).
Los propios autores recuerdan que, por ser observacional, el estudio depende de datos relatados por las madres y de una exposición dicotómica, lo que puede introducir sesgo de memoria y error de clasificación (Guo et al., 2025).
Enfermedad crónica, diálisis y la ventana de meses
Después del huracán Maria, en Puerto Rico, la discusión sobre el número real de muertos se volvió referencia mundial.
El exceso de muertes por causa
Cowan y colegas usaron el registro demográfico del Departamento de Salud de Puerto Rico y compararon el riesgo de muerte por 100.000 habitantes en los seis meses posteriores a Maria con los mismos meses del año anterior (Cowan et al., 2025). Hubo aumento para enfermedad cardiovascular (razón de riesgo 1,18; IC 95 por ciento 1,12 a 1,24), Alzheimer (1,23; IC 95 por ciento 1,14 a 1,33), diabetes (1,15; IC 95 por ciento 1,08 a 1,23), sepsis (1,43; IC 95 por ciento 1,26 a 1,62) y enfermedad renal terminal (1,17; IC 95 por ciento 1,04 a 1,32) (Cowan et al., 2025). Para enfermedad pulmonar obstructiva crónica, el intervalo incluyó el nulo (1,09; IC 95 por ciento 0,98 a 1,22), y el resultado es inconcluso (Cowan et al., 2025).
En el análisis espacial, los barrios con más personas de 65 años o más, más viviendas en edificios de varias unidades y más hogares sin vehículo tuvieron mayor probabilidad de ser áreas de riesgo alto o sostenido de muerte por enfermedad crónica (Cowan et al., 2025). Son comparaciones brutas antes y después, a nivel de comunidad, y no estiman el riesgo individual (síntesis nuestra).
Diálisis fuera de la isla
Rivera-Hernandez y colegas siguieron a 11.652 pacientes con falla renal en diálisis en Puerto Rico, en una serie temporal interrumpida (Rivera-Hernandez et al., 2022). Después de María, la proporción de pacientes dializados fuera de la isla en el trimestre siguiente subió 5,8 puntos porcentuales (IC 95 por ciento 2,7 a 9,0) (Rivera-Hernandez et al., 2022). El cambio en la mortalidad a seis meses no fue estadísticamente significativo, y el resultado es inconcluso (Rivera-Hernandez et al., 2022). Los autores interpretan ese hallazgo como posible reflejo de la preparación de las clínicas de diálisis, de la población con falla renal y de otros actores (Rivera-Hernandez et al., 2022).
Sandy y los años siguientes
Keenan y colegas miraron un horizonte más largo. En un análisis ecológico con emparejamiento por puntaje de propensión, compararon áreas de código postal inundadas y no inundadas por el huracán Sandy en la región de Nueva York, entre beneficiarios de Medicare de 65 años o más que permanecieron en la misma área de código postal de 2013 a 2017 (Keenan et al., 2025). En las áreas inundadas, la mortalidad por todas las causas en hasta cinco años fue mayor (razón de tasas ajustada 1,09; IC 95 por ciento 1,06 a 1,12) (Keenan et al., 2025).
Los autores señalan que hicieron solo análisis ecológico y que el hallazgo no se extiende al riesgo individual (Keenan et al., 2025).
Monóxido de carbono y el generador en el garaje
Cuando se va la energía, el generador a combustible aporta una de las causas más evitables de muerte después de las tormentas.

El riesgo cambia con la fase del desastre
Levy y colegas recuerdan que casi todos los generadores portátiles queman combustible de carbono y producen monóxido de carbono, y que, pese a las advertencias de operar el aparato solo al aire libre, la ubicación inadecuada los convierte en la principal causa de muerte por monóxido ligada a motores en Estados Unidos (Levy et al., 2014). En la vigilancia de Irma, fueron 16 muertes por esa intoxicación (Issa et al., 2018).
La revisión de Waite y colegas, de Public Health England, reunió 23 artículos y organizó el riesgo en tres fases: antes del desastre, en la fase de emergencia y recuperación, y en la fase tardía (Waite et al., 2014). En la fase tardía, un calentador o una caldera dañados pueden intoxicar meses después, y esas muertes tal vez nunca se atribuyan al evento porque la vigilancia suele terminar cuando baja el agua (Waite et al., 2014). Los autores señalan el subregistro como problema central y defienden mensajes diferentes para cada fase (Waite et al., 2014).
Prevención puerta a puerta
El cuerpo de bomberos del condado de Howard, en Maryland, organizó una acción comunitaria después de tormentas: identificó áreas sin energía con sobrevuelo de helicóptero y datos georreferenciados de la compañía eléctrica, y envió equipos de casa en casa para evaluar riesgos y entregar folletos sobre el uso del generador (Levy et al., 2014). El relato es descriptivo, sin grupo de comparación, y los autores lo presentan como uno de los primeros ejemplos de acción proactiva de un cuerpo de bomberos para prevenir la intoxicación por monóxido (Levy et al., 2014).
Qué preguntar en urgencias
Cefalea, náusea, mareo o confusión en varias personas de la misma casa, días después de una tormenta, sugieren monóxido hasta prueba en contrario. Las preguntas útiles son estas (síntesis nuestra):
- ¿La casa tiene generador, y dónde está?
- ¿Alguien usa anafre o parrilla dentro de la casa?
- ¿Hay más gente en la casa con síntomas?
El reconocimiento y el tratamiento de la intoxicación están en el post de quemaduras y humo.
La pérdida de la casa y de la rutina pesa durante meses, y los primeros auxilios psicológicos caben en cualquier atención.
Estudios en resumen
| Estudio | Diseño y base de datos | Hallazgo principal |
|---|---|---|
| Deng 2018 | Transversal, historias clínicas de 3 hospitales, tornado de Yancheng | La cabeza fue la región más afectada; AIS 5 o más en 2,50 por ciento (Deng et al., 2018) |
| Wang 2017 | Retrospectivo, base del centro de control de enfermedades de Funing | 99 muertes; 73 por trauma craneal; 87 dentro de la casa (Wang et al., 2017) |
| Deng 2019 | Encuesta por muestreo en 2 tornados | Derrumbamiento de la casa con OR 183,12 (Deng et al., 2019) |
| Weinhold 2013 | Artículo sobre la investigación del CDC en Joplin | 13 pacientes con mucormicosis, 5 muertes (Weinhold, 2013) |
| Soler 2025 | Vigilancia ad hoc tras el Chido, Mayotte | 4.043 atenciones de emergencia en 3 semanas (Soler et al., 2025) |
| Issa 2018 | Vigilancia de defunciones del Irma, 3 estados | 115 de 129 muertes indirectas; 16 por monóxido (Issa et al., 2018) |
| Huang 2024 | Serie temporal MCC, 494 localidades, 18 países | Riesgo durante unos 20 días; RR de hasta 1,92 respiratorio (Huang et al., 2024) |
| Guo 2025 | Emparejamiento entre hermanos (casos y controles), DHS, 34 países | OR 1,101 en el mes anterior a la muerte (Guo et al., 2025) |
| Cowan 2025 | Registro de defunciones de Puerto Rico, antes y después del Maria | Sepsis con razón de riesgo 1,43 (Cowan et al., 2025) |
| Rivera-Hernandez 2022 | Serie temporal interrumpida, 11.652 en diálisis | Más diálisis fuera de la isla; mortalidad no concluyente (Rivera-Hernandez et al., 2022) |
| Keenan 2025 | Ecológico emparejado, Medicare, Sandy | Razón de tasas 1,09 en 5 años (Keenan et al., 2025) |
| Levy 2014 y Waite 2014 | Relato de acción comunitaria y revisión de 23 artículos | Generador y fase tardía como riesgos de monóxido (Levy et al., 2014; Waite et al., 2014) |
Fuentes: Deng et al., 2018; Wang et al., 2017; Deng et al., 2019; Weinhold, 2013; Soler et al., 2025; Issa et al., 2018; Huang et al., 2024; Guo et al., 2025; Cowan et al., 2025; Rivera-Hernandez et al., 2022; Keenan et al., 2025; Levy et al., 2014; Waite et al., 2014.
Cómo NEXO ayuda a entrenar este razonamiento
En NEXO, el caso del día es ficticio, con presentación clínica real y hasta seis pistas progresivas, y tú propones el diagnóstico buscando el código en la CIE-10. Una pista puede traer "herida en la pierna con tierra y madera, dos días después de un tornado"; otra, "tres personas de la misma casa con cefalea después de que se cayó la luz". La respuesta de proximidad en cinco niveles ayuda a separar trauma, infección de herida, intoxicación y descompensación de enfermedad crónica, sin convertir el entrenamiento en un protocolo de campo. El ejercicio útil es preguntar, en cada pista, en qué reloj del desastre está el paciente.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la lesión más común en las víctimas de un tornado?
En la muestra hospitalaria de Yancheng, casi todos tuvieron lesión de partes blandas, y la cabeza fue la región más afectada (Deng et al., 2018). Entre los muertos del mismo tornado, predominó el trauma craneal (Wang et al., 2017).
¿Por qué se habla de muertes indirectas después de un huracán?
Porque, en la vigilancia del Irma, la mayoría de las muertes vino de descompensación de enfermedad crónica, calor sin energía, monóxido de carbono, caídas y accidentes, y no de la fuerza del viento o del agua (Issa et al., 2018).
¿Durante cuánto tiempo sigue alto el riesgo de muerte?
En la serie multinacional MCC, la media fue de unos 20 días, con más de 30 días en Estados Unidos, Brasil y Taiwán (Huang et al., 2024). En personas mayores de zonas inundadas por el Sandy, la mayor mortalidad apareció hasta en cinco años, en un estudio ecológico (Keenan et al., 2025).
¿Cómo evitar la intoxicación por generador?
El generador debe estar al aire libre, lejos de puertas y ventanas, y la orientación debe llegar antes del corte de energía. Las acciones puerta a puerta y los mensajes adaptados a cada fase del desastre son las estrategias descritas (Levy et al., 2014; Waite et al., 2014).
Mensajes para llevar
- Piensa en dos relojes: el tornado concentra el trauma en horas; el ciclón reparte la demanda durante semanas.
- Busca lesión de cabeza y trata las partes blandas con cuidado: son el perfil dominante en las víctimas de tornado.
- Desconfía de la herida sucia que empeora: los escombros orgánicos pueden traer una infección fúngica grave.
- Recuerda que, en la vigilancia del Irma, casi nueve de cada diez muertes fueron indirectas, muchas en personas con enfermedad crónica o que se quedaron sin energía.
- Pregunta siempre por el generador: el monóxido de carbono mata días después de la tormenta y es evitable.
Referencias
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- Guo Y, Zhu Y, He C, et al. Cyclone exposure and mortality risk of children under 5 years old: an observational study in 34 low- and middle-income countries. PLoS Med. 2025;22(9):e1004735. PMID: 40996953. PMC: PMC12463208.
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