Medicina aeroespacial y de altura

Cinetosis y mareo por movimiento

Antigua cubeta en forma de riñón hecha de piedra clara sobre fondo beige liso
Índice
  1. Por qué el mareo en el espacio es un escenario de razonamiento
  2. Cuántos astronautas se marean
  3. Fisiopatología: el conflicto entre los sentidos
  4. Quién es más susceptible
  5. El diagnóstico diferencial en órbita
  6. Evaluación a bordo
  7. Conducta: prometazina y el momento de tratar
  8. Adaptación y límites de las evidencias
  9. Razonamiento: el contexto que ayuda y el contexto que ciega
  10. Resumen del caso en tabla
  11. Cómo ayuda NEXO a entrenar ese razonamiento
  12. Preguntas frecuentes
  13. Lista de verificación final
  14. Referencias

Una astronauta de 39 años realiza su primer vuelo orbital. Pocas horas después de llegar a la microgravedad, siente malestar, se pone pálida y con sudor frío, pierde el apetito y vomita dos veces. Nota que los síntomas empeoran cuando gira la cabeza rápido para mirar un panel o cuando ve a un colega flotando cabeza abajo respecto a ella. Entrenó en vuelos parabólicos y nunca había sentido tanto mareo. El médico de la misión, en contacto con la tripulación, debe decidir si eso es la enfermedad del movimiento espacial y si conviene tratarla ahora. La escena es ficticia y fue escrita para enseñanza.

Este texto usa el cuadro como escenario de razonamiento clínico: qué es la enfermedad del movimiento espacial, por qué el conflicto entre los sentidos explica buena parte del cuadro, qué dicen las fuentes sobre el diferencial, qué dosis de prometazina se usaron en vuelo y en investigación y por qué la adaptación suele llegar en pocos días. El texto no sustituye la evaluación médica ni los protocolos de cada agencia espacial. Si juegas el caso del día en NEXO, reconocerás el desafío: un síntoma común, el vómito, en un contexto que cambia el peso de cada hipótesis.

Puntos principales

  • La enfermedad del movimiento espacial es una forma de enfermedad del movimiento y no un diagnóstico aparte.
  • Afecta a la mayoría de los astronautas en el primer vuelo y suele mejorar en pocos días.
  • El conflicto entre las señales del oído interno, la visión y el cuerpo explica mucho, pero no todo.
  • La prometazina intramuscular es el tratamiento descrito en las series de vuelos de la NASA.
  • Las revisiones sistemáticas no permiten señalar una contramedida superior a las demás.

Por qué el mareo en el espacio es un escenario de razonamiento

Lackner y DiZio describen la enfermedad del movimiento espacial como una forma de enfermedad del movimiento, y no como un diagnóstico separado. Entre las causas propuestas están el desplazamiento de líquidos hacia la cabeza, los movimientos de la cabeza, las ilusiones visuales, los efectos de Coriolis y la asimetría entre los otolitos de ambos lados (Lackner y DiZio, 2006). Una revisión sistemática de Khalid y colaboradores estima que el síndrome afecta a cerca de 70 de cada 100 astronautas, con náusea, mareo, fatiga, vértigo, dolor de cabeza, vómitos y sudor frío (Khalid y colaboradores, 2023).

El escenario es útil porque reúne un ambiente raro con una queja común. La náusea y el vómito aparecen en decenas de condiciones, pero en el primer día en órbita una de ellas es mucho más probable que las otras. El ejercicio es usar el contexto sin dejar que borre las otras preguntas.

Qué enseña la escena

La escena tiene cinco pistas. La primera es el tiempo: síntomas en las primeras horas de microgravedad. La segunda es el desencadenante: movimientos rápidos de la cabeza y escenas visuales desorientadoras. La tercera son los signos autonómicos, como palidez y sudor frío. La cuarta es el primer vuelo. La quinta es la experiencia previa en vuelo parabólico sin el mismo mareo. El post sobre signos, síntomas e historia muestra cómo el desencadenante de un síntoma orienta el diagnóstico.

Cuántos astronautas se marean

Davis y colaboradores revisaron 24 vuelos del transbordador espacial. En el primer vuelo, 57 de 85 tripulantes tuvieron enfermedad del movimiento espacial. Del total de casos, 26 fueron leves, 20 moderados y 11 graves. Entre los tripulantes que volaron una segunda vez, la frecuencia bajó a 46 de cada 100, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (Davis y colaboradores, 1988). Los autores también vieron diferencias por sexo, función a bordo y edad, pero ninguna fue significativa.

En las misiones Skylab, Homick informó que la recuperación de los síntomas fue completa en 3 a 5 días. Después del octavo día de misión, todos los tripulantes eran inmunes al mareo inducido experimentalmente (Homick, 1979). Ese dato es importante para el razonamiento: un cuadro que mejora en pocos días concuerda con la adaptación, y un cuadro que empeora o persiste pide otras preguntas.

Más que náusea y vómito

Lackner recuerda que el mal del movimiento es un síndrome complejo, con muchos componentes además de las náuseas y los vómitos, y que, en condiciones normales, muchos casos pasan sin ser reconocidos (Lackner, 2014). Golding cuenta que la propia palabra náusea viene del griego naus, nave, y describe náuseas y vómitos como los signos principales de un cuadro que puede provocarse en tierra, en el mar, en el aire y en el espacio (Golding, 2016). En el escenario, eso significa preguntar también por somnolencia, apatía, dolor de cabeza y dificultad de concentración, que pueden pesar en el trabajo antes incluso del primer vómito. La lista de síntomas de la revisión de Khalid y colaboradores incluye fatiga, vértigo, dolor de cabeza y sudor frío (Khalid y colaboradores, 2023).

Fisiopatología: el conflicto entre los sentidos

Homick recuerda que la investigación de la época sobre la causa del mal del movimiento espacial se basaba sobre todo en la teoría del conflicto sensorial. La idea es que el cerebro recibe señales del oído interno, de la visión y del cuerpo que no coinciden con lo que espera. En la microgravedad, los otolitos, que normalmente informan la dirección de la gravedad, dejan de dar esa referencia (Homick, 1979).

Lackner y colaboradores mostraron que el control alterado de la postura de la cabeza y del cuerpo, junto con el control vestibular y motor alterado, también provoca el mal del movimiento. Esto ayuda a explicar tanto el mareo en el espacio como los trastornos que aparecen en el regreso después de vuelos largos (Lackner y colaboradores, 1991).

Antiguo modelo anatómico del laberinto del oído interno junto a un modelo del hueso temporal, de material color arena, en una vitrina de museo
Modelos del laberinto del oído interno y del hueso temporal. Los canales semicirculares y los otolitos están en ese laberinto, y el conflicto entre sus señales y las de la visión está en el centro del mal del movimiento. Crédito: Wmpearl, CC0, vía Wikimedia Commons (página del archivo).

Lo que la teoría no explica

Lackner, en una revisión posterior, afirma que todavía no existe una teoría totalmente adecuada del mal del movimiento. El conflicto sensorial explica muchos aspectos, pero no todos. Estudios en vuelo parabólico señalaron el almacenamiento de velocidad de las señales de los canales semicirculares como un factor importante tanto en el espacio como en la Tierra (Lackner, 2014). La misma revisión recuerda que solo quien no tiene sistema vestibular funcionante es totalmente inmune.

El conflicto entre canales y otolitos

Weerts y colaboradores describen el mal del movimiento espacial como causado por un conflicto entre los canales semicirculares y los otolitos. Su hipótesis es que deprimir la función de los canales con medicamentos podría aliviar los síntomas, y por eso probaron el efecto de varios fármacos sobre cada parte del laberinto (Weerts y colaboradores, 2014). Esta línea de investigación muestra cómo la fisiopatología orienta la elección del tratamiento, incluso cuando la respuesta todavía no está lista.

Quién es más susceptible

La susceptibilidad varía mucho entre personas sanas. Golding describe que también cambia bastante en grupos de pacientes, incluidas personas con distintos tipos de enfermedad vestibular y personas con migraña (Golding, 2016). Lackner añade que la privación de sueño aumenta la susceptibilidad (Lackner, 2014).

En el caso de la astronauta, el entrenamiento en vuelo parabólico no garantizó protección. Las fuentes consultadas no traen una prueba en tierra capaz de predecir quién va a marearse en órbita, y Homick ya registraba en 1979 que no había métodos satisfactorios de predicción, prevención y tratamiento (Homick, 1979).

Sueño y primera noche en órbita

La primera noche en órbita suele ser corta y agitada, y la privación de sueño aumenta la susceptibilidad (Lackner, 2014). Las fuentes consultadas no miden el sueño de la astronauta ni de tripulaciones en general en el primer día, y por eso este post no trae cifras sobre eso.

El diagnóstico diferencial en órbita

Las fuentes consultadas para este texto no traen una lista de otras causas de vómito en órbita, y por eso este post no la presenta. Lo que permiten es separar algunas preguntas que el médico de la misión debe hacer.

La hipótesis de los líquidos

El desplazamiento de líquidos hacia la cabeza fue una de las primeras explicaciones propuestas. Homick relata que la investigación hasta entonces no apoyaba esa hipótesis como causa del mal del movimiento espacial (Homick, 1979). Lackner y DiZio todavía la citan entre las causas propuestas (Lackner y DiZio, 2006). Para el razonamiento, eso significa que la cara hinchada y la congestión nasal del primer día, comunes en órbita, no confirman ni descartan el diagnóstico.

Radiación

El resumen técnico de la NASA sobre protección contra la radiación incluye los síndromes agudos de la radiación entre los riesgos durante la misión, con náuseas, vómitos y fatiga, ligados a eventos de partículas solares. El documento afirma que un blindaje eficaz y el monitoreo del entorno reducen ese riesgo (NASA OCHMO-TB-020). En el escenario, la pregunta útil es si hubo alerta de evento solar. Sin alerta y con desencadenantes de movimiento claros, el mareo por movimiento sigue siendo la hipótesis más probable.

Efectos de los medicamentos

Los propios remedios contra el mareo entran en la cuenta. La revisión Cochrane de antihistamínicos encontró sedación en 66 de cada 100 personas con antihistamínico, frente a 44 de cada 100 con placebo (Karrim y colaboradores, 2022). Una astronauta que empeora en somnolencia después del tratamiento puede estar teniendo un efecto del remedio, y no un empeoramiento de la enfermedad. El post sobre incertidumbre diagnóstica discute cómo mantener más de una hipótesis abierta.

Evaluación a bordo

Las fuentes consultadas no definen exámenes para el mareo por movimiento espacial. Davis y colaboradores clasificaron los casos en leves, moderados y graves con un cuestionario estandarizado aplicado por el médico de vuelo después de la misión (Davis y colaboradores, 1988). Khalid y colaboradores, en la revisión sistemática, critican justamente la falta de una forma estandarizada de evaluación y los estudios pequeños (Khalid y colaboradores, 2023).

En la práctica del escenario, la evaluación se apoya en la historia: cuándo empezaron los síntomas, qué los empeora, cuántas veces hubo vómito, si la astronauta puede beber y trabajar y si hubo algún evento fuera de lo esperado. El post sobre probabilidad pretest ayuda a pensar en cómo el contexto del primer día cambia la probabilidad de cada hipótesis.

Preguntas que organizan la historia

Sin exámenes definidos por las fuentes, la historia debe organizarse bien. Una secuencia útil empieza por el tiempo: a qué hora después de la llegada a la microgravedad apareció el primer síntoma. Después viene el desencadenante: si el malestar empeora con movimientos de la cabeza, con escenas visuales en las que el "arriba" y el "abajo" cambian o con tareas que exigen mirar de cerca. Luego, la gravedad: cuántas veces hubo vómito, si la persona puede beber, comer y cumplir las tareas. Por último, qué más ocurrió: medicamentos tomados, sueño de la noche anterior y cualquier alerta del entorno. Esta secuencia sigue las causas propuestas por Lackner y DiZio y los factores de susceptibilidad descritos por Lackner (Lackner y DiZio, 2006; Lackner, 2014).

Armarios de almacenamiento del compartimento intermedio de un transbordador espacial, con puertas metálicas, cintas de velcro y cables sujetos
Armarios del compartimento intermedio de un transbordador espacial. Fue en vuelos de ese tipo de vehículo donde la NASA reunió las series de casos y de tratamiento con prometazina. Crédito: NASA, dominio público, vía Wikimedia Commons (página del archivo).

Conducta: prometazina y el momento de tratar

La experiencia de la NASA cambió con el tiempo. Davis y colaboradores compararon estrategias de tratamiento en vuelos del transbordador espacial. La profilaxis oral con escopolamina y dextroanfetamina retrasó o no previno los síntomas. La prometazina intramuscular alivió los síntomas en hasta 12 horas en 14 de 15 tripulantes, y el supositorio, en 6 de 8. Sin tratamiento, la recuperación fue lenta, a lo largo de 72 a 96 horas. Por esos resultados, y en parte porque la absorción oral es variable al comienzo del vuelo, la NASA pasó a tratar después del inicio de los síntomas (Davis y colaboradores, 1992). El resumen de ese estudio no informa la dosis usada.

Bagian y Ward revisaron 21 tripulantes tratados con prometazina intramuscular. Solo 1 relató sedación, mientras que los estudios en tierra describían sedación en 60 a 73 de cada 100 personas. Los autores registran que la NASA usa la prometazina intramuscular para el mareo por movimiento espacial desde 1989 (Bagian y Ward, 1994).

Lo que dicen los estudios en vuelo parabólico y en tierra

Abbott y colaboradores probaron la prometazina oral en vuelo parabólico. En el grupo placebo, hubo mareo en 51,8 de cada 100 parábolas; en el grupo de la prometazina, en 12,6 de cada 100 (Abbott y colaboradores, 2025). Cuatro de seis participantes con prometazina no tuvieron ningún mareo (Abbott y colaboradores, 2025). Es un estudio pequeño y en un entorno de corta duración, y no un régimen clínico para órbita.

Weerts y colaboradores estudiaron en tierra el efecto de la meclizina, del dimenhidrinato con cinarizina y de la prometazina con d-anfetamina sobre los canales semicirculares y los otolitos (Weerts y colaboradores, 2014). Los autores describen la prometazina como supresora vestibular y recuerdan que, a pesar de ser el tratamiento usado, tiene una eficacia inconsistente en la enfermedad del movimiento espacial. Son estudios experimentales, y no recomendaciones de uso; por eso este post no trae dosis.

Antihistamínicos y escopolamina en tierra

Para la enfermedad del movimiento en general, la revisión Cochrane de Karrim y colaboradores concluyó que los antihistamínicos de primera generación probablemente previenen los síntomas en condiciones naturales. Quedaron sin síntomas 40 de cada 100 personas con antihistamínico, frente a 25 de cada 100 con placebo, con un riesgo relativo de 1,81 y certeza moderada (Karrim y colaboradores, 2022). La revisión no encontró estudios sobre el tratamiento de síntomas ya instalados y casi ningún dato en niños (Karrim y colaboradores, 2022).

La revisión Cochrane de Spinks y Wasiak concluyó que la escopolamina es mejor que el placebo en la prevención, sin ensayos sobre el tratamiento de síntomas ya instalados. La boca seca fue más común con la escopolamina (Spinks y Wasiak, 2011). Los resúmenes de esas dos revisiones no traen dosis, y por eso este post no las cita.

Adaptación y límites de las evidencias

La adaptación es la regla. Homick relató recuperación completa en 3 a 5 días e inmunidad al mareo inducido después del octavo día de misión (Homick, 1979). Lackner describe que los procedimientos de adaptación desarrollados para aumentar la resistencia a la enfermedad del movimiento reducen la constante de tiempo del almacenamiento de velocidad (Lackner, 2014).

La evolución del caso

En la escena, el médico de la misión orienta a la astronauta a reducir los movimientos rápidos de la cabeza y a mantener una referencia visual estable mientras trabaja. Ella recibe prometazina intramuscular, conforme al protocolo de la misión, y al final del segundo día ya se alimenta y cumple las tareas. Al tercer día, los síntomas desaparecen. La evolución concuerda con la adaptación descrita en las series de vuelo y refuerza la hipótesis inicial. Si ella hubiera empeorado, o si hubieran aparecido fiebre, dolor abdominal localizado o una alerta de evento solar, el médico tendría que reabrir el diagnóstico. La continuación también es ficticia.

El regreso a la Tierra

La adaptación al espacio tiene un costo en la vuelta. Lackner y colaboradores relacionan el control sensoriomotor alterado no solo con el mareo en el espacio, sino también con los trastornos que aparecen en el regreso después de vuelos largos (Lackner y colaboradores, 1991). Para el razonamiento clínico, la lección es que el mismo mecanismo puede producir síntomas en los dos extremos de la misión.

El segundo vuelo

Davis y colaboradores observaron que 9 de los 26 tripulantes que volaron dos veces tuvieron síntomas menos graves en el segundo vuelo, pero no hubo diferencia en el intervalo medio entre los vuelos de quienes tuvieron y de quienes no tuvieron enfermedad del movimiento espacial. Los autores sugieren que diferencias de entrenamiento y de experiencia de vuelo pueden explicar parte de la variación (Davis y colaboradores, 1988). Haberse mareado una vez, por lo tanto, no define lo que va a pasar en la próxima misión.

Las evidencias tienen límites claros. La revisión de Khalid y colaboradores concluyó que las medidas farmacológicas y no farmacológicas pueden ayudar, pero que no puede darse ninguna recomendación definitiva sobre la superioridad de un abordaje (Khalid y colaboradores, 2023). Lackner recuerda que todavía no existen remedios adecuados contra la enfermedad del movimiento sin efectos adversos (Lackner, 2014).

Razonamiento: el contexto que ayuda y el contexto que ciega

El contexto del primer día en órbita es una pista fuerte. La probabilidad de enfermedad del movimiento espacial es alta, y la historia de la astronauta concuerda con ella. El riesgo es dejar de preguntar qué no explica el contexto, como la ausencia de mejora en pocos días, una alerta de evento solar o síntomas nuevos después de un remedio.

Croskerry describe el cierre prematuro como la tendencia a aceptar un diagnóstico antes de confirmarlo (Croskerry, 2003). El post sobre ejemplos de heurísticas en el razonamiento clínico muestra cómo los atajos útiles pueden volverse trampas, y el post sobre la pausa diagnóstica enseña a parar antes de cerrar el caso.

Otro punto del escenario es la diferencia entre la experiencia en el entrenamiento y la experiencia real. La astronauta no se mareó en vuelo parabólico, y eso podía llevarla a dudar de su propio diagnóstico o a esconder los síntomas. Lackner recuerda que la vulnerabilidad varía enormemente entre personas y que muchos casos pasan sin ser reconocidos (Lackner, 2014). Preguntar de forma directa y sin juzgar es parte de la evaluación, porque el síntoma relatado tarde es el síntoma tratado tarde.

Resumen del caso en tabla

Pista del caso Qué sugiere Qué dice la fuente consultada
Síntomas en las primeras horas Enfermedad del movimiento espacial Mayoría de los tripulantes en el primer vuelo (Davis 1988)
Empeora al girar la cabeza Conflicto sensorial Movimientos de la cabeza entre las causas propuestas (Lackner y DiZio)
Escena visual desorientadora Ilusión visual Ilusiones visuales entre las causas propuestas (Lackner y DiZio)
Primer vuelo Riesgo mayor Frecuencia menor en el segundo vuelo, sin significancia (Davis 1988)
Pregunta sobre radiación Síndrome agudo raro Ligada a eventos solares, reducida por blindaje (NASA)
Decisión de tratar Tratar después de los síntomas La prometazina intramuscular alivió a 14 de 15 (Davis 1992)
Expectativa de mejora Adaptación en días Recuperación en 3 a 5 días (Homick)

Cómo ayuda NEXO a entrenar ese razonamiento

Para usar el caso del día como entrenamiento, prueba tres hábitos. Antes de cada hipótesis, pregunta dónde estaba la persona y qué hacía cuando comenzó el síntoma. Cuando el contexto parezca resolver el caso, enumera lo que aún falta explicar. Después del resultado, anota si el contexto ayudó o estorbó.

Tres ejercicios con casos

Pesa el contexto. Escribe cuánto cambia el entorno la probabilidad de cada hipótesis.

Busca el desencadenante. Identifica qué empeora y qué mejora el síntoma.

Define el plazo. Di en cuánto tiempo debería mejorar el cuadro si la primera hipótesis es correcta.

La entrada sobre aprendizaje basado en casos clínicos muestra cómo los casos ayudan a fijar ese hábito.

Los límites de uso del juego están descritos en la página de economía de NEXO. Si investigas la enseñanza del razonamiento clínico, la página para investigadores explica cómo entrar en contacto. Los profesionales que escriben o revisan casos encuentran información en curaduría y en creadores, y las instituciones pueden conocer la propuesta en la página para alianzas.

Preguntas frecuentes

¿La enfermedad del movimiento espacial es una forma de enfermedad del movimiento?

Sí. Los investigadores la describen como una forma de enfermedad del movimiento, y no como un diagnóstico separado.

¿La mayoría de los astronautas tiene síntomas en el primer vuelo?

Sí. En las series de vuelos del transbordador espacial, la mayoría de los tripulantes de primer viaje tuvo síntomas.

¿Los síntomas suelen mejorar en pocos días?

Sí. En las misiones Skylab, la recuperación fue completa en 3 a 5 días.

¿El conflicto sensorial explica buena parte del cuadro?

Sí. Explica muchos aspectos de la enfermedad del movimiento, aunque no todos.

¿Se usa la prometazina intramuscular para tratar la enfermedad en vuelo?

Sí. Las series de la NASA describen el uso de la prometazina intramuscular después del inicio de los síntomas.

¿La privación de sueño aumenta la susceptibilidad?

Sí. La revisión de Lackner cita la privación de sueño como factor que aumenta la susceptibilidad.

Lista de verificación final

  • Pregunté cuándo comenzaron los síntomas en relación con la llegada a la microgravedad.
  • Identifiqué los desencadenantes de movimiento de la cabeza y de escena visual.
  • Registré la frecuencia de los vómitos y la capacidad de beber y trabajar.
  • Pregunté si era el primer vuelo y cómo fue el entrenamiento.
  • Recordé la privación de sueño como factor de susceptibilidad.
  • Pregunté por alerta de evento de partículas solares.
  • Consideré la sedación causada por los propios medicamentos.
  • Revisé la dosis de prometazina descrita en las series de vuelo.
  • Definí el plazo esperado de mejora por la adaptación.
  • Seguí los protocolos de la agencia espacial para tratar y acompañar.

¿Quieres practicar el razonamiento con pistas progresivas? Juega el caso del día.

Referencias

  1. Abbott R, Weinrich MM, Keller NW, et al. Promethazine Effects on Motion Sickness During Altered Gravity Induced by Parabolic Flight. Aerosp Med Hum Perform. 2025. PMID 41253367.
  2. Bagian JP, Ward DF. A retrospective study of promethazine and its failure to produce the expected incidence of sedation during space flight. J Clin Pharmacol. 1994. PMID 9766972.
  3. Croskerry P. The importance of cognitive errors in diagnosis and strategies to minimize them. Acad Med. 2003. PMID 12915363.
  4. Davis JR, Jennings RT, Beck BG. Comparison of treatment strategies for Space Motion Sickness. Microgravity Q. 1992. PMID 11541442.
  5. Davis JR, Vanderploeg JM, Santy PA, et al. Space motion sickness during 24 flights of the space shuttle. Aviat Space Environ Med. 1988. PMID 3240221.
  6. Golding JF. Motion sickness. Handb Clin Neurol. 2016. PMID 27638085.
  7. Homick JL. Space motion sickness. Acta Astronaut. 1979. PMID 11902170.
  8. Karrim N, Byrne R, Magula N, et al. Antihistamines for motion sickness. Cochrane Database Syst Rev. 2022. PMID 36250781.
  9. Khalid A, Prusty PP, Arshad I, et al. Pharmacological and non-pharmacological countermeasures to Space Motion Sickness: a systematic review. Front Neural Circuits. 2023. PMID 37396400.
  10. Lackner JR. Motion sickness: more than nausea and vomiting. Exp Brain Res. 2014. PMID 24961738.
  11. Lackner JR, Dizio P. Space motion sickness. Exp Brain Res. 2006. PMID 17021896.
  12. Lackner JR, Graybiel A, DiZio PA. Altered sensorimotor control of the body as an etiological factor in space motion sickness. Aviat Space Environ Med. 1991. PMID 1930058.
  13. NASA Office of the Chief Health and Medical Officer. NASA-STD-3001 Technical Brief: Design for Ionizing Radiation Protection, OCHMO-TB-020 Rev G. 2025. Documento.
  14. Spinks A, Wasiak J. Scopolamine (hyoscine) for preventing and treating motion sickness. Cochrane Database Syst Rev. 2011. PMID 21678338.
  15. Weerts AP, Vanspauwen R, Fransen E, et al. Space motion sickness countermeasures: a pharmacological double-blind, placebo-controlled study. Aviat Space Environ Med. 2014. PMID 24919385.

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